Judge

Escrito por AlainDGeiser 25-05-2018 en Heroína. Comentarios (0)

Pequeños momentos son los que hacen a uno un héroe o heroína.

La diferencia entre actuar y hacer lo correcto o ignorar las injusticias y no hacer nada, pasando a ser parte del problema, porque esto va así, no hay una escala de grises. Para mi, o eres solución o eres parte del problema.

Mi nombre es Jude, pero mis amigos me llaman Judge, supongo que es una gracia que tienen ellos por mi forma de pensar, quien iba a decir que algún día tendría la capacidad de ser juez, jurado y verdugo y que además se me iba a dar tan bien.

Actuó en la ciudad de New York, concretamente en el barrio del Bronx.

Soy una mujer de metro setenta, peso alrededor de ochenta kilos, tengo el pelo muy rizado, mi piel es morena y tengo una obsesión con la justicia, esa que siempre se ha negado a mi gente. Hay quien diría que mi obsesión me ha llevado a meterme en líos, yo a eso solo respondo que en los líos me meto yo solita y me saco yo solita.

No nací con poderes, pero aprendí pronto a usarlos. Tampoco sé realmente como los conseguí, solo sé que me detectaron un cáncer de piel muy raro, un hombre del gobierno vino a vernos a mi casa y me propusieron una nueva terapia con la intención de curarme… No salió como esperaba pero no morí, de hecho me volví más fuerte que nunca.

Mi piel es ahora resistente a casi todo, explosiones, metralla, balas, incluso esas balas que atraviesan tanques de lado a lado, incluso esas hacen cosquillas cuando me golpean. Además de eso mis músculos ahora son más fuertes y tengo la capacidad de levantar hasta diez veces mi peso, lo cual es bastante útil para llevar una vida tranquila en uno de los barrios más peligrosos de New York.

Después de esta pequeña carta de presentación para ingresar en vuestra asociación de héroes, me pedisteis que os contase un acto heroico que haya realizado, veamos… quizás este os sirva:

Las noches peligrosas en el barrio del Bronx, nada que ver con el resto de New York, las luces parpadean la mayoría de las veces, hay calles que dejan de estar iluminadas durante horas e incluso aunque funcionen la iluminación no es muy buena, eso beneficia a la mayoría de escoria que vive en mi barrio. Diría que soy una mujer con suerte, en mis 26 años de vida nunca han tratado de hacerme nada, ni dentro ni fuera de mi barrio, ni siquiera un atraco o un tirón de un bolso. Debería de estar agradecida supongo, pero realmente no estoy agradecida porque si no me lo han hecho a mi es porque se lo han hecho a gente que no puede o no sabe defenderse, por eso cuando recibí este don decidí buscar una utilidad para mi barrio y así fue como comenzaron las redadas.

A veces para ser un héroe hay que romper algunas reglas, y algunos huesos, todo sea dicho. Me expuse al peligro, dejé que me atacaran docenas de veces cada grupo de pandilleros que había en el barrio, paseaba a horas de la noche donde incluso los policías temen salir a la calle, pero claro a mi nada me da miedo ya, rompí armas de pandilleros sobre espaldas de otros pandilleros, usé a más de uno de ellos para tumbar a otros de los suyos, hasta que conseguí detener a Chacal, o eso si que fue justicia.

Si hay algo que me cabrea de verdad son los narcotraficantes que negocian con críos, puede que los adultos tengan motivos para vivir hasta arriba de drogas, incluso hasta cierto punto llego a entender que quieran evadirse de este mundo de mierda, pero no toquéis a los críos, no en mi guardia.

Encontré la guarida de Chacal entre las callejuelas del Bronx, era un sitio oscuro, poco iluminado, el típico almacén de los tiempos en los que a Nueva York se iba con intención de trabajar buscando el sueño americano.

Entre por la puerta, mirando a todos como si los conociese de toda la vida, cosa que por desgracia en algunos casos era verdad, ninguno le echó cojones para detenerme, sabían quien era yo, por aquel entonces ya me había ganado una fama entre los maleantes y era una fama más que merecida, así que en realidad entendí que no lo hicieran, simplemente se quedaron quietos, esperando a ver como con un suave golpe de nudillos la puerta se venia abajo fuera de sus goznes.

Entré en la habitación y me senté en sofá frente a Chacal, había varios socios en ese momento con el, gente importante de las altas esferas de la delincuencia en Nueva York, una pena que ninguno de ellos supusiese un problema real para mi…

Chacal me miró a los ojos, vi el miedo en su mirada antes de sacar una pistola y dispararme a bocajarro contra la cara, la bala rebotó, como todas las anteriores que matones como el me habían disparado antes.

Me levanté del asiento, cogí la pistola con una mano y apreté con todas mis fuerzas, dejándola echa un amasijo de hierro y plomo en lo que antes era la mano de ese hombre, ahora solo un montón de huesos rotos.  Sus gritos de dolor hicieron que el resto de gente se diera cuenta de quien era yo, su intento de huir fue detenido cuando les lancé la puerta a la espalda y los quedé pinchados en el sitio, entonces Chacal intentó comprarme, y yo solo pude responder con mi frase:

-La Justicia no negocia con delincuentes, y la Jueza tampoco.

Seguí con un “suave” golpe en la cabeza que lo dejó KO, llamé a la policía y mientras estos venían pedí amablemente a los demás pandilleros que abandonaran las armas y se sometiesen al arresto de la forma más pacifica posible, como es obvio no me hicieron caso y entre balas y puños fueron cayendo uno a uno hasta que la policía llegó y se los llevó. También intentaron llevarme a mi bajo el pretexto de uso indebido de la fuerza y allanamiento de la propiedad privada, pero seamos sinceros… ninguna esposa puede retener a una mujer fuerte e independiente como yo.