Blog de Alain D. Geiser

Alain D Geiser

El origen de la D.

Escrito por AlainDGeiser 06-03-2015 en Vampiros. Comentarios (0)

En el Océano Atlántico a menos de doscientas millas de la costa de lo que actualmente se conoce como Cantabria un hombre ha caído al agua arrojado desde su barco por una explosión. Unas gigantescas manos compuestas por una especie de neblina negra destruyen al otro barco, autor de dicha explosión. Mientras tanto Alain, se sumerge en el agua, alcanzando el lecho marino y quedando allí a merced de los elementos pues su cuerpo está sumamente magullado por la explosión en la que han muerto Séneca y Luciano, su sire. Gratiano y Lasombra por el contrario han sobrevivido y acaban con las fuerzas Tremere que intentaban acabar con ellos.

Alain continúa escuchando la batalla que se desarrolla sobre él en el mar, pero su cuerpo no responde debido al daño del mismo y las corrientes lo arrastran hasta la costa. Siete días después Alain recupera la consciencia en una playa, dos hombres le miran con preocupación mientras se acercan a él para ayudarle. Alain recibe a los dos humanos con recelo, pues su estado dañado le había obligado a agotar su reserva de sangre y estaba realmente hambriento.

Minutos después Alain se levanta con la boca manchada de sangre y dos cadáveres a sus pies, los humanos que habían tratado de ayudarle lo habían conseguido, aunque no de la forma que ellos dos esperaban ganarse el Cielo.

–Descansad en paz… -Dijo Alain cogiendo la ropa de uno de ellos que estaba seca y cambiándosela por la suya, mojada hasta decir basta.

Alain había acabado en la costa del reino Franco, un lugar al que el podría llamar casa, debido a la cercanía con Normandía, el lugar donde nació como Alius hacía ya más de setenta años.

Su paso sosegado le llevo poco a poco hasta la cima de una colina desde la que pudo ver no muy lejos en la distancia un pueblo pequeño con un par de molinos y algunas granjas.

Llegó hasta el pueblo cuando la Luna en su justa mitad se encontraba en el cielo, dando luz a toda el pueblo y formando zonas de sombra en las que Alain se movía con rapidez de una a otra. El cielo estaba salpicado de estrellas y solo la Luna le servía de compañía al vampiro que allí se encontraba.

–¿Serás tu la luz de la que hablaba Lasombra? –Dijo el vástago mirando hacia la Luna con sus ojos azules tristes. –No lo creo, supongo que esa luz no es más que un cuento. Se acabó la luz para mi, estaré solo a partir de hoy. –Alain caminó durante unos minutos más acercándose al pozo del pueblo y sentándose sobre las rocas del mismo con cuidado de no caerse dentro. –Me dijeron que sería yo quien terminaría con todo esto, que sería yo quien salvaría al mundo de lo que mora en la Oscuridad. ¿Pero como voy a hacerlo? –Pensó Alain con las manos agarradas tras su cabeza mientras apoyaba sus codos en las rodillas y agachaba la cabeza. 

La sombra de Alain comenzó a revolverse en el suelo tomando una forma y otra hasta terminar tomando una figura humanoide de aspecto similar a Alain, poniéndose en frente suya e imitándole, como una buena sombra.

–¿Qué haces despierto? –Alain miró a su sombra extrañado. –No te he dado ninguna orden Abismo, vuelve a tu forma anterior. –Dijo Alain mirando a su Sombra con cierto recelo.

La sombra negó con la cabeza mientas se erguía cuan alta era y daba la mano a su señor para ayudarle a levantarse del pozo. Después miraba hacia el Oeste y señalaba hacia allí con su otra mano.

–¿Dices que sabes a donde tenemos que ir? ¿Qué crees saber como empezar con mi misión? –Alain miraba extrañado a la sombra. ¿Qué podía saber ella sobre su misión que él no? De todas formas no tenía nada mejor que hacer que aceptar la idea de Abismo la cual se volvió a sumergir en el suelo deslizándose como una serpiente hacia su guarida.

Alain siguió a Abismo hasta que llegaron  a una enorme edificación.

–¿Qué es esto? –Dijo Alain observando con cautela la extraña forma del edificio al que se acercaba. El edificio estaba construido rodeado por un muro de piedras de metro y medio de altura, rodeando totalmente el perímetro de éste y dejando solo una entrada al mismo. El edificio de no menos de diez metros de altura estaba rodeado de cruces tanto cristianas como mucho más antiguas y de origen celta. Algunas de esas cruces tenían flores y otros objetos como figuras talladas en madera delante de las mismas.

Abismo se deslizaba entre las tumbas sin levantar nada de ruido como la sombra que era en realidad su etéreo cuerpo le llevaba hasta donde se propusiera salvando las leyes de la física en todo su esplendor a placer. Su deslizamiento acabó justo enfrente de una estatua que aún semidestruida recordaba a un ángel.

La estatua hecha de mármol blanco estaba en posición arrodillada, sus dos alas blancas reposaban en su espalda a medio desplegar, en su mano izquierda una hoja de papel hecha en piedra daba a entender que el ángel transmitía un mensaje, mientras que en su mano derecha portaba una lanza apuntando hacia el suelo. Su rostro con sus ojos inexpresivos y carentes de sentimientos miraba hacia el punto el cual la lanza señalaba con su punta.

–¿Qué ocurre, Abismo? ¿Éste es el sitio al que tengo que venir? –Alain miró hacia uno y otro lado, esperando ver a alguien o algo aparecer, pero nada pasaba, salvo el tiempo. –Aquí no hay nadie.

Abismo llevó su oscura mano hacia el rostro de su amo y tapó sus labios con su dedo índice en señal de que guardase silencio. Cuando éste lo hizo Abismo se acercó a la estatua y ésta cobró vida.

La estatua desplegó las alas y clavó su lanza en el suelo frente a Abismo, el cual literalmente desapareció en el suelo siendo arrastrado hacia abajo en una caída libre hacia la profundidad de la Tierra.

–Maldita Sombra… -Dijo Alain que cogiendo su capa saltó detrás suya antes de que se cerrase la entrada secreta que había frente a la estatua. Tras unos diez segundos cayendo Alain llegó hasta el suelo transformado en una extraña forma de niebla oscura, parecida a la tinta pero en forma de humo, al tocar el suelo la neblina se volvió a condensar en su estado sólido normal. Al aparecer en ese estado agitó la cabeza durante unos segundos y se sacudió el pelo. –Aún no me acostumbro a cambiar de forma. –Dijo Alain mientras miraba a su alrededor con algo de asombro.

Bajo la construcción que había dejado arriba se escondía algo que había leído en algunos libros del Oscuridad. Un Santuario del Clan Lasombra se extendía ante él, y no uno cualquiera. Las columnas que sostenían el techo estaban construidas con basalto, una piedra negra de origen volcánico, las estanterías estaban repletas de libros que por su aspecto mohoso en algunos cosas bien podrían tener quinientos años algunos de ellos. Incluso había algunas tablillas de origen mesopotámico, algo que Séneca hubiera querido ver si siguiera vivo.  La habitación estaba iluminada por la suave luz de las velas que colgaban de una lámpara de araña colgada del techo.

Alain miraba todo con atención pero seguía sin ver a Abismo en ninguna parte, y si algo había aprendido de Luciano es que no puedes dejar a tu Sombra lejos de ti durante mucho tiempo sin tu permiso. –¿Dónde estás Abismo? –Dijo Alain con tono enfadado mientras andaba por en dirección a una mesa de roble bastante grande que había al final del Santuario y que había llamado su atención.

Al acercarse a la mesa Alain se fijó en que encima de la mesa había un mapa del mundo conocido encima de la mesa, un mapa con todo lujo de detalles, en especial para un navegante como él. –Veo que no soy el único con pasión por los mapas y los viajes. –Dijo el vampiro mientras observaba los puntos señalados en el mapa que llevaban desde zonas conocidas por él como las costas de Bretaña, la Galia o Hispania a puntos en el interior del continente, como Germania, Italia o Grecia.

Entonces algo rozó la espalda de Alain y este se sobresaltó dándose la vuelta y encontrándose a su Sombra la cual señalaba un libro situado de forma solitaria sobre un atril.

Alain se acercó al libro y observo como en el mismo aparecía su nombre seguido de la letra “D”. Al abrir el libro Alain quedó estupefacto al ver una serie de nombres escritos en el mismo. Los nombres llevaban de seguido una fecha de nacimiento y en algunos casos de defunción. Algunas demasiado longevas para ser simples mortales así que Alain supuso que serían Vástagos de Caín como él o en su defecto magos longevos. Fuera como fuera parecía que su misión estaba clara, dar fecha de defunción para todos esos vástagos.

Y así es como Alain pasó a llamarse Décimer como primer apellido, diezmar era su trabajo, diezmar las fuerzas del mal que vivía en la Umbra, debilitarlo y más tarde acabar con él mismamente. 


Maldito sin Luz.

Escrito por AlainDGeiser 24-09-2014 en Vampiros. Comentarios (0)

Símbolo Tremere

Símbolo Lasombra

Los truenos resonaban y surcaban el cielo encima del barco, los rayos centelleaban e iluminaban la cubierta del Oscuridad como si del Sol mismo se tratase. Algunos de los relámpagos caían sobre el mar cerca del barco, y las olas que el fuerte viento levantaba caían sobre la madera de la cubierta, bañando lo que la fuerte lluvia aún no hubiese mojado.

Alain se encontraba en el timón del barco, trataba de llevar a cabo una maniobra para virar el barco y sacarlo de la tormenta, pero la fuerza de la misma impedía que el timón se moviese como era debido. Estaban atrapados en la tormenta y parecía que el mar acabaría por tragarles esa noche en las costas de Hispania.

-Chico. –Dijo Séneca apareciendo a su lado. -¿Sigues sin poder mover el barco? –Dijo mirando al joven Alain.

-Así es.. He tratado de usar incluso la Potencia pero es inútil, la fuerza de las olas es demasiado, el timón está atascado y no se puede mover.

-Eso es un problema gordo. –Dijo el vampiro mientras caminaba sobre la cubierta nervioso. –Lasombra dice que no es una tormenta normal, que está siendo provocada por algo o alguien, pero no sabe quien puede estar tras esto.

-¿Tenemos algún enemigo? –Quiso saber Alain. –Nosotros somos el clan Lasombra, y me dijisteis que había otros clanes de vampiros. Si nosotros manejamos la Oscuridad...  –Alain acarició su barbilla en actitud pensante. -¿Hay alguno que controle las tormentas?

-Las tormentas.. –Dijo Séneca pensativo. –Se me ocurren dos posibles clanes autores de este ataque. Los Verdaderos Brujah, vampiros capaces de controlar el tiempo y el espacio.. puede que encontrasen esta tormenta y nos la hayan soltado a nosotros, parándola y volviéndola a soltar cada vez que nos encuentran.

-¿Controlar el tiempo? –Dijo Alain con cara de no creerse nada en absoluto. –Vale que nosotros controlemos la Oscuridad y todo eso.. ¿Pero el tiempo? –Alain río sinceramente. –Me estás tomando por idiota, en serio, ¿qué teorías tienes?

-Lo digo en serio Alain. –El vampiro miró a los ojos al chico. –Los Verdaderos Brujah existen, y controlan el tiempo. Es la verdadera forma de la Celeridad que nosotros usamos, en lugar de moverse más rápido, simplemente paran el tiempo. No sé como lo hacen, pero si son ellos, tenemos un problema mayor del que yo creía.

-¿Cuál es la otra opción? –Preguntó el neonato tragando saliva ante la posibilidad de unos seres capaces de parar el tiempo y matarle sin que se diera cuenta si quiera.

-La otra opción.. son los Usurpadores, el clan Tremere. –Dijo Séneca con algo parecido a furia en sus ojos. -Hace muchos años, cuando tú aún no estabas con nosotros existía un clan de vampiros llamado Salubri. Esos vampiros, comandados por Saulot, el Santo, fueron perseguidos por un grupo de magos con el objetivo de apropiarse de su sangre y adquirir la inmortalidad de forma rápida y así continuar con sus estudios sobre la hechicería. El líder de esos magos se llama Tremere. –Séneca apretó los puños.

-¿Tenías amigos entre los Salubri? –Dijo Alain fijándose en los gestos de su amigo anciano.

-Si, cuesta creer que dos clanes tan diferentes entre si se puedan llevar bien, pero así fue. Tenía un Salubri como amigo, y fue asesinado por un grupo de magos mortales. –Séneca sonrío lúgubremente. –Alain, si los que nos atacan son Tremere… no habrá piedad de mi parte, así que no te pongas en medio.

-No lo haré. –Dijo el joven. –Tus enemigos son mis enemigos, camarada. –Alain miró la empuñadura de la espada que Luciano le había dado hacía una hora.

-¿Crees que podríamos girar el rumbo usando los tentáculos de oscuridad? –Preguntó Séneca al navegante.

Alain se quedó perplejo ante la proposición de su viejo amigo. –Séneca.. no sé como no se me había ocurrido antes. Eres un genio. –Dijo Alain desapareciendo del lado de Séneca y apareciendo en babor.

Alain se concentró en canalizar la oscuridad de su interior, controlando la sombra del barco y haciendo que el timón tomara otra forma, haciendo que el barco comenzase a girar para salir de la tormenta.

-Parece que lo vas logrando, chiquillo. –Dijo Luciano, el Sire de Alain. –Prepárate, puede que nos esperen al salir de la tormenta o que nos ataquen antes de salir de la misma.  Y hazte un favor a ti mismo. –Luciano se acercó a su lado y le susurró en el oído. –Mantente alejado de Gratiano durante la pelea, no distinguirá entre ti y un enemigo, tenlo por seguro. –Sin más Luciano caminó sobre la cubierta rápidamente y comenzó a escalar el segundo mástil del barco, el más alto. Llegando a la zona del vigía, el puesto que el ocupada con gusto.

Alain no tuvo tiempo de contestar a su Sire, pero le habría gustado responder y preguntar el porque cabría esperar esa actitud de Gratiano. Aunque conociendo al vampiro como lo conocía sabía que no era de fiar.

Pasaron unos veinte minutos entre esa conversación y la voz de alerta de Luciano.

-¡Barco a estribor! ¡Se aproximan velas rojas! –Dijo el vigía mientras se dejaba caer sin más desde esa altura y se agarraba a una cuerda cuando estaba apunto de tocar el suelo.  –Prepárate Alain, saca tu espada y disponte a pelear. Esto no va a ser un entrenamiento como el de cada anochecer –Dijo Luciano refiriéndose a las clases que durante tantos años Alain había recibido cada anochecer sobre esgrima, tiro con arco y el uso de sus poderes vampíricos.

-Está bien, Sire. –Dijo Alain preparando su espada y adoptando una mentalidad de alerta. La tormenta parecía haber amainado un poco, y aún amainaba más cuanto más cerca estaban del barco. -¿Qué significan esas velas rojas? –Preguntó Alain mirando la enseña del barco enemigo. Un símbolo dorado compuesto por un cuadrado encerrado en un círculo, con un triangulo en la esquina superior derecha del cuadrado por fuera del círculo.

-Ese mi chiquillo, es el color de la sangre, y el símbolo dorado es el del clan Tremere que Séneca te nombró antes. –Dijo Luciano acercándose a las velas de su propio barco y quedándose quieto durante unos instantes hasta conseguir que su Sombra se levantase.

No eran muchas las veces que Luciano dejaba que su Sombra se levantase. Consideraba que un vampiro debía de poder trabajar solo, sin la necesidad de ayudantes, fueran o no creados por sus propios poderes.

-Sube arriba y forma nuestro símbolo, Regina. –Dijo Luciano separándose de ella y volviendo al lugar donde había dejado a Alain. –Ahora ellos verán el nuestro y sabrán a lo que se enfrentan.

Alain giró la cabeza buscando el símbolo de su clan y entonces lo vio claro, las velas del barco, siempre negras y cubiertas por las sombras del mismo eran ahora blancas, del color de las nubes y la Sombra de su sire había formado una enorme corona monacal negra en medio de la vela del color contrario.

El barco enemigo seguía el rumbo de intercepción y el Oscuridad no cambiaba el suyo, pues necesitaba salir de la tormenta.

Fue entonces cuando el primero de ellos llegó. Un hombre de pálida tez iluminado vagamente por los rayos que surcaban el cielo apareció en la cubierta del barco con el sonido del trueno que acompañaba al previo rayo. En su mano derecha portaba un extraño báculo acabado en una punta de un material semitransparente de color rojo. Sus ojos de color marrón oscuro miraban fijamente hacia el lugar donde Alain y Luciano se encontraban en ese instante. El cabello del hombre caía sobre un abrigo largo de piel color parda que ocultaba la ropa que llevaba debajo, aunque dejaba ver una botas de cuero marrón.

-Hola a todos, Lasombra. –Dijo el hombre levantándose pues había aparecido con una rodilla al suelo. –Perdonad que aborde de esta manera su barco, pero me veía en la obligación de hacerlo si mi tripulación y yo queremos tener alguna posibilidad de que el derramamiento de sangre poderosa sea la mínima posible. –Dijo el hombre colocando la extraña lanza tocando el suelo.

-Pues siento decir que todos vosotros vais a conocer la Muerte Definitiva esta noche. –Dijo Luciano sacando su sable de la funda. –Los Lasombra seguimos un código de hospitalidad y solo entramos en lugares donde somos bienvenidos, además, nuestros barcos son extensiones de nosotros mismos, y al entrar en uno de nuestros barcos sin permiso has roto cualquier oportunidad de dialogo entre nosotros.

El hombre abrió los ojos del todo mientras Luciano hablaba y giraba la lanza por su espalda en un extraño calentamiento mientras la tormenta amainaba y la dejaban atrás. –Entiendo, en ese caso habrá que destruiros a todos junto al propio barco. –El vampiro golpeó el suelo con la punta de cristal produciendo chispas y el barco comenzó a arder en el sitio donde estas chispas tocaron. –Fueron ustedes los que se buscaron este final. –Dijo al Tremere mirando hacia su barco.

-Pagareis caro vuestra osadía. –Dijo una voz a espaldas del vampiro mientras una cúpula sombría se extendía por encima de él y lo tragaba del todo, con el fuego incluido en su interior. Se escucharon un par de golpes y unos pocos gritos de dolor y apenas cuatro segundos más tarde la cúpula desapareció y el cadáver del mago estaba colgado del mástil con una cuerda.

-A esos nudos se refería.. –Dijo Alain tragando saliva mientras miraba la lanza del enemigo tirada en el suelo bajo su cadáver. Se movió hasta ella y la tocó mientras Gratiano bajaba desde arriba donde había colgado al enemigo. –Deberíamos prepararnos para atacarles nosotros. No sabemos cuantos son ellos, pero nosotros solo somos cuatro.

-Cinco. –Dijo Lasombra que apareció entonces en la cubierta del barco desde su camarote debajo del timón. –Pero tienes razón, preparaos para combatir, chiquillos. Nosotros también podemos transportarnos a su barco cuando esté más cerca y les pillaremos por sorpresa por debajo de la cubierta. Ellos son ocho, los huelo desde aquí. –Dijo mirando al cadáver que colgaba del mástil. –Ese era el noveno.

-Guerra.. –Dijo Luciano mirando al barco enemigo. –Hacia siglos que no teníamos un enfrentamiento con otro Clan. -¿Qué les ha podido llevar a tal estupidez? El mar es nuestro, todo el mundo de tinieblas lo sabe. –Luciano caminó hasta la borda y se apoyó en la misma mirando por encima de ella.

-No sé lo que les ha hecho venir a buscarnos y meternos esa tormenta tres veces encima, pero sé que no es casualidad que tu chiquillo esté con nosotros y eso ocurra, teniendo en cuenta que es el único que podría habernos sacado con el barco intacto de ahí. –Dijo Gratiano mirando a Alain.

Asombrado por las palabras amables de Gratiano, Alain sonrío vagamente, no se esperaba un cumplido proveniente de él. Una mano tocó su hombro y resultó ser la de Lasombra. -Ven conmigo, Alain. –Dijo el Antediluviano señalando a su camarote.

Alain siguió al Señor de las Sombras por la cubierta hasta su camarote, un lugar donde nunca había entrado con anterioridad en los más de cincuenta años que llevaba en el barco.

El camarote constaba de una mesa de madera oscura provista de un pergamino de cuatro por cuatro metros, en el estaban dibujadas todas las masas de tierra conocidas, desde las tierras de los Vikingos hasta la punta de África, incluso parte de la India. También estaban los territorios del interior e incluso algunas islas menores en medio del océano. En las estanterías había una gran colección de pergaminos enrollados en palos de diversos colores, algunos cubiertos de polvo y otros impolutos, como si llevasen allí desde ese mismo día. Un ataúd de color negro estaba recostado contra la pared, en un ángulo agudo de no más de cuarenta y cinco grados.

-Alain. –Dijo Lasombra sentándose en una silla al otro lado de la enorme mesa. –Antes te di un nuevo nombre porque hoy han pasado exactamente cincuenta y un años desde que Luciano te convirtió. Hoy es tu primer cumpleaños como neonato reconocido. Ya estás fuera de la potestad de tu sire. No obstante espero que entiendas que sigues debiendo respeto a aquellos que son mayores y más sabios que tú. –Dijo Lasombra mirando al joven.

-Si.. eso lo entiendo. –Dijo Alain mirando al Antediluviano. -¿Puedo hacerte una pregunta? –Quiso saber Alain mirando al Sire de su Sire.

-Sobre tu reflejo supongo. –Dijo Lasombra observando como el chico asentía. –Está bien, creo que ya es hora de que sepas la verdad sobre el Reflejo de Muerte. –Lasombra colocó sus codos sobre la mesa, y con las manos entrecruzadas sujeto su rostro mientras hablaba.  –Tu reflejo Alain, es una maldición con la que tanto tú como yo hemos sido condenados. Es a su vez un don, pues nos permite conocer más profundamente a nuestras sombras, a nuestra oscuridad interior, pero a la vez, también nos obliga a abandonar una serie de cosas. No podrás caminar por entre los mortales cuando haya espejos cerca, e incluso algunos Vástagos se asustaran al verlo, pues la Oscuridad interior de un Lasombra es sobrecogedora.

Además, junto al Reflejo de Muerte se añade una maldición secundaría. –Lasombra miró al chico esperando ver en su rostro algo más que miedo, y encontró curiosidad. –Estarás solo, más allá de nosotros cuatro, tres si tenemos en cuenta que Gratiano no es de tu agrado y tú no eres del suyo, nadie más podrá conocerte y estar en tu vida durante mucho tiempo. Estás maldito al igual que yo a no conocer calor alguno, a no ver Luz más allá de la de la Luna o las estrellas. –El vampiro se levantó y puso una mano sobre el hombro de Alain. –Nadie podrá ser tu amigo sin correr un riesgo Alain, tu reflejo es un símbolo de que tú eres el elegido por la Umbra para acabar de una vez con la Tenebra, y eso hará que sus siervos te persigan, te den caza cuando te conozcan. –Lasombra miró al joven vampiro a los ojos una vez más. –Alain, serás tú, en tu último día como vástago quien traiga paz a la Umbra. Tú has sido elegido como nuestro salvador. Y sé que no es justo que mueras por nadie.. pero hay una pequeña esperanza de que eso no pase. –Dijo Lasombra.

-¿Qué esperanza es esa? –Preguntó Alain antes de que Lasombra pudiera hablar.

-Si consigues que una Luz se una a ti durante el tiempo suficiente tu sombra será más fuerte, y la Tenebra no te tragará cuando vayas a por ella si luchas al lado de esa Luz. –Lasombra miró a Alain. –Por desgracia, solo tú puedes encontrar a esa persona, Alain. Sea vampiro o mortal, ese ser es tan poderoso como para evitar que te fundas con la oscuridad y mueras definitivamente, si tu intención es vivir, busca esa luz y lucha junto a ella. –El Antediluviano quitó su mano del hombro de Alain y le miró a los ojos con una sonrisa sincera. –Es todo lo que te puedo decir, pequeño.

-Gracias, Lasombra, de verdad que… –Dijo Alain que estaba a punto de hablar cuando un trueno resonó y algo sonó en cubierta.

-¡Rápido, fuera! –Dijo Lasombra corriendo fuera del camarote esperando encontrar lo que había hecho ese ruido.

Fuera se estaba desatando el Armagedón. Varios vampiros desconocidos para todos los tripulantes del barco estaban batallando con ellos. Dos de los mismos estaban luchando contra unos tentáculos que parecían ser controlados por Gratiano, el cual estaba subido en lo que quedaba del segundo mástil.

Otros dos estaban peleando contra Séneca el cual los mantenía a raya sin ninguna dificultad. Finalmente uno de ellos ataviado igual que el otro que yacía colgado de una soga estaba peleando contra Luciano, el cual estaba reculando frente al fuego que salía de la lanza de aquel tipo.

-Alain, ve y ayuda a tu Sire. –Dijo Lasombra mientras el se dirigía al timón. -Es hora de que el Oscuridad tome el mar como su dominio.

Alain corrió rápidamente hacia su Sire, llegando justo a tiempo para interponer su espada contra la lanza de aquel tipo extraño. –Deja a mi Sire, Usurpador.

Seguidas de estas palabras varias estocadas rápidas se sucedieron una tras otra sobre el cuerpo del Tremere, el cual paro dos con éxito, pero una gemido de dolor surgió de sus labios cuando la espada de Alain entró en su pecho, atravesando su corazón y dejándolo en el suelo tendido para después pisarle la cabeza, asegurándose así que no se levantara del sitio nunca más.

-Gracias, Alain. –Dijo Luciano mientras se levantaba del suelo al que se había visto arrojado mientras reculaba del hombre de la lanza de fuego la cual arrojó al mar.

-No tienes porque dármelas, es mi deber ayudar a mi padre. –Dijo Alain mientras corría a ayudar a Séneca.

Mientras tanto Lasombra giró el barco controlando la sombra del timón y lo llevó rumbo de colisión contra el barco enemigo. Unos tentáculos en forma de remos aparecieron a babor y estribor del barco, comenzando a remar y haciendo que el barco aumentara su velocidad.

Séneca se agachó para esquivar los tajos de los dos Tremere que intentaban acuchillarlo y usando los cortes que le habían hecho antes extendió dos tentáculos a las espaldas de ellos que entraron por las mismas atravesándoles el pecho y convirtiéndoles en sacos de ceniza en el suelo. –Mi barco, mis normas. –Dijo el vampiro escupiendo a los montones de ceniza mientras guardaba la espada.

Gratiano sin embargo hacía tiempo que había arrojado a los dos energúmenos que se enfrentaban a él por la borda sin mayor dificultad y se enfrentaba contra otro que acaba de aparecer. Paró la espada del Tremere con un tentáculo y con el otro golpeó al susodicho atravesándole el pecho y dejándolo caer convertido en polvo al suelo. –Polvo somos… y polvo seremos. –Dijo sonriendo de medio lado mirando a su Sire, Lasombra.

El Oscuridad llegó hasta el otro barco durante la pelea y entonces fue cuando el mascarón de Proa chocó contra la embarcación enemiga, incrustándose en ella hasta cierto punto y dejándola seriamente dañada.

Varias cosas se sucedieron entonces rápidamente. Varios relámpagos seguidos azotaron a cada integrante de la tripulación, exceptuando a Lasombra y Gratiano los cuales pudieron convertirse en niebla oscura a tiempo. Alain sin embargo salió despedido por encima de la borda del barco, cayendo al agua mientras el barco entero se convertía en un infierno de llamas. El Oscuridad era una antorcha enorme, y Séneca y Luciano habían muerto envueltos en llamas. Entonces una gran macha negra tiñó el cielo más negro de lo que solía ser y unas garras negras bajaron del mismo para coger el barco Tremere y destrozarlo como si fuera unas ramitas. –Habéis matado a dos de mis hijos, Tremere. Preparaos para la guerra que se avecina en las noches venideras, porque ni tan siquiera los once clanes restantes podrán detener el avance de las Sombras contra vosotros. –Las palabras resonaron desde el cielo, en todo el ancho mar que se extendía frente a Alain. El futuro era incierto, pero algo era seguro.. solo le quedaba una persona en el mundo de la que poder fiarse, y estaba terriblemente enfadado. Y si algo sabía Alain pues se lo habían contado Luciano y Séneca, es que la Oscuridad es terrible, pues en ella habitan cosas aterradoras, pero ninguna tan aterradora como Lasombra enfadado.


El sonido del trueno.

Escrito por AlainDGeiser 20-09-2014 en Vampiros. Comentarios (0)

La luz iluminó los rostros de los hombres que se encontraban sobre la cubierta del barco durante unos segundos, hasta que oyeron el estruendo del trueno que un momento antes había surcado las nubes por encima de sus cabezas.

-¡Séneca, al timón! –Dijo una voz autoritaria mientras corría hacia las cuerdas de las velas y comenzaba a trazar complejos nudos para evitar que el viento se las llevase.  –Pon rumbo al Oeste, la tormenta viene de allí y si seguimos hacia el Norte solo conseguiremos tenerla encima todo el rato.

-¿Pero quién se cree que es este chiquillo? –Dijo Séneca mirando a Luciano.

-El navegante del barco. -Dijo el Sire de Alius mirando a Séneca. –Así que hazle caso si no quieres acabar llegando a la costa mojado y a pata por el lecho marino.

-Si si.. ya voy. –Dijo Séneca desapareciendo y apareciendo el timón segundos después con las manos en el timón. –¡Agarraos, panda de chupasangres! –Dijo dando un giro brusco al timón que hizo que el barco diera un brusco cambio de dirección colocándose de frente al viento.

Alius terminó pronto de atar las velas y bajó del mástil donde se encontraba. Iba vestido con un pantalón de tela arpillera negra y una camiseta blanca con el pecho ligeramente descubierto, apenas sentía frío pues su piel muerta ya era de por si bastante más fría de lo habitual en los otros Vástagos de Caín. Al parecer como ya le habían explicado los demás Lasombra del barco no todos los vampiros eran iguales. Incluso dentro del propio Clan había vampiros con habilidades y características propias, maldiciones menores más allá del no tener reflejo como era el caso de Luciano, Gratiano o Séneca. El propio Alius era portador de maldiciones incluso más raras que esa. Su reflejo era su propia Sombra, su poder oscuro interior, cada día más creciente y poderoso desde hacía ya cincuenta años que le habían convertido. Había aprendido a usar sus nuevos poderes, conocía sus nuevas debilidades e incluso las maldiciones extrañas con las que había sido concebido como Vástago en aquel barco hacía ya tantos años.

Alius se reflejaba en los espejos como su Sombra, a la cual había optado por llamar como ella le había pedido, Abismo. Además de esa extraña peculiaridad que por lo visto solo compartía con el líder del clan, el Señor de las Sombras, Alius poseía un extraño don conocido como Sangre de Neptuno entre los suyos. Era una especie de sexto sentido que le permitía ver las tormentas antes de que estas llegaran a estar sobre el barco, no literalmente, pero si le permitía poder salir de ellas sin ninguna clase de problema, como estaban haciendo ahora mismo bajo sus ordenes. Era un Don que hacia siglos que no se veía y por tanto era bastante preciado entre los Lasombra. Junto con ese extraño don que a Alius le venía muy bien pues siempre había estado a gusto en el mar se le condenaron a otras dos maldiciones ajenas a la de la sangre Lasombra que corría por sus venas. La primera de todas era el Toque de Escarcha, una maldición que hacia que su piel ya de por si fría por estar muerto, fuera tan fría que provocase que los mortales sintieran la quemazón del hielo al tocarlo. La segunda maldición algo incluso más rara que la primera, Alius había sido condenado con la Mancha de Corrupción, las plantas cercanas a él se pudrían al pasar cerca, y si las tocaba se marchitaban instantáneamente, quedando mero polvo en su lugar.

Juntos esas dos maldiciones llevaron a los demás miembros de la tripulación a ponerle un mote a Alius. Alius, Portador de Muerte. Pues a su paso solo dejaba frío y un yermo estéril por el que nada podría crecer de nuevo hasta pasado años.

No era un apodo que le gustase especialmente al joven pero lo aceptaba a fin de cuentas era su Destino se portador de la destrucción de la vida o así lo vio él desde que había sido condenado a la no vida de forma eterna y sin buscarlo.

Al bajar del mástil se encontró con Gratiano que estaba sentado quieto sin hacer nada mientras los otros dos vástagos de 4ª generación viraban el barco y amarraban los instrumentos a sus sitios para evitar que se fueran volando.

-¿Tú no haces nada, Gratiano? –Dijo Alius mirándole con aire despectivo. No le caía bien, algo dentro de Alain le decía que no podía fiarse de él. Era el más maligno de todos los ocupantes del barco, incluso más que el propio Lasombra con el cual había hablado apenas dos veces y para preguntarle por su reflejo. Ambas veces el vampiro había optado por responder con un “Cuando llegue el momento” y había seguido su curso, desapareciendo en la oscuridad que reinaba en los pasillos del barco.

-Me parece que con no estorbar ya estoy haciendo algo, Alius. –Dijo el Vástago con la voz cargada de desprecio. –Además, no olvides que este no es tu barco, solo eres el navegante, no el capitán.

-Ser el navegante ya es más importante que ser nadie. –Le dijo Alius a Gratiano moviéndose a su lado y quedándose a unos metros de él para que pudiera oírle incluso a pesar de la tormenta. –Y resulta que tu voto es el que menos importa para mi y supongo que para todos en este barco. Lasombra es el líder del Clan. Luciano es el único con progenie además de Lasombra, y Séneca es el capitán del barco pues él lo construyo y lo mantiene en perfecto estado. Tú por el contrario no eres importante para nada en este barco. No tienes ningún Don, tan solo te dedicas a no estorbar, pero allí de donde yo vengo cualquiera que esté en un barco sin hacer nada estorba. –Dijo Alius mirándole de reojo por encima del hombro. –Eres inmortal, al menos podrías molestarte en aprender a hacer nudos y ser de alguna utilidad.

-Se hacer nudos.. aunque no de la clase que tú utilizas, chiquillo insolente. –Dijo Gratiano mirándole con asco ahora ni tan siquiera malamente disimulado. –Algún día agradecerás el tenerme cerca. Cuando no sean tormentas si no otros vástagos o humanos los que pongan en peligro este barco, agradecerás mis nudos, así como mi presencia en este barco, entonces serás tú el que estorbará, chiquillo. Hasta entonces, déjame en paz y piérdete en la Umbra.

Alius siguió su camino sin inmutarse por la amenaza de Gratiano. No suponía un problema para él y por tanto simplemente la ignoró. Caminó hasta llegar al lado de Séneca el cual le dejó el timón cuando éste se acercó.

-Tuyo es el timón, navegante. –Dijo Séneca con una sonrisa que daba a entender que había oído todo cuando habían hablado Alius y Gratiano. –Podría decir que estoy parcialmente de acuerdo contigo. Mi hermano no me cae muy bien... pero por desgracia nuestro Padre Oscuro no nos permite guerrear entre nosotros y hace mucho tiempo que no nos mordemos entre nosotros como haría una camada de cachorros de perro recién nacidos. –Séneca vio como Alius cogía el timón y seguía marcando el rumbo aún en contra del viento.

-Así creo que no llegaremos nunca a salir de la tormenta, el viento es demasiado fuerte y el oleaje nos echa hacia atrás, metiéndonos en la tormenta. Habrá que sacar los remos.  –Dijo Alius mirando al otro vástago, ignorando la parte de la conversación referente a Gratiano.

-¿Los normales, o los especiales? –Dijo Séneca sonriendo de forma extraña.

-Con los normales debería bastar, aunque diría que los especiales nos sacarían de aquí en apenas una hora. Con los otros tardaríamos al menos tres horas en salir de la tormenta. –Dijo Alius desviando la mirada hacia arriba mientras pensaba.

-Ayúdame entonces con los especiales. Encargarte tú del lado derecho y déjame a mi la izquierda. –Séneca se levantó de la balaustrada donde estaba sentado y desapareció para aparecer en la izquierda del primer mástil. –¡Vamos Alius! Aún te mueves como una viejecita. –Dijo Séneca mientras extendía los brazos y se colocaba en posición de cruz.

Alius canalizó la fuerza de su sangre vampírica hacia sus músculos y haciendo uso de ella aumentó su velocidad hasta recorrer los cuarenta metros que los separaban en apenas un segundo. Colocándose en la misma posición que Séneca llevó a cabo su ritual de concentración propio y tras un minuto concentrándose en el poder la Oscuridad una docena de tentáculos de tres metros aparecieron en la popa derecha del barco y otras dos docenas en la parte izquierda. Ambas formaciones comenzaron a palear el agua a la vez haciendo que le barco comenzará a moverse como llevado por remeros en lugar de usar el viento que ahora mismo tenían en contra.

-La verdad es que nunca se nos había ocurrido usar los tentáculos de sombra de esa forma. –Dijo Séneca mirando por la barandilla de la borda izquierda.

-¿En serio? Fue en lo primero que pensé cuando me enseñasteis este poder de la Obtenebración. –Dijo Alius riendo. –Bueno y siendo sincero también pensé en darle una paliza a alguien con esos tentáculos.

-Ten cuidado con ese poder, es sin duda poderoso pero conlleva el riesgo de que los tentáculos se descontrolen. –Dijo Séneca mirando al chico. –Aunque tienes un dominio de la Umbra notable incluso para ser tan joven, apenas hace cincuenta años no querías saber nada de nosotros y mírate. Ya dominas muchos poderes de la Obtenebración, Celeridad y Potencia.. Una lastima que no haya humanos con los que puedas practicar la Dominación, eres sin duda un vástago notable, Alius.

Esas fueron las últimas palabras de alguien “vivo” para Alius esa noche, al amanecer, o eso parecía pues el Vástago tenía sueño y eso solo pasaba cuando llegaba el amanecer, Alius se fue a dormir.

Mientras dormía Alius tuvo un sueño, una pesadilla más bien, pero estaba seguro de que lo que vio era algo más que eso, pues durante el resto de su vida se repetiría una vez por semana.

-Conocerás el terror, conocerás el dolor, conocerás lo que es estar solo. –Dijo una voz cargada de odio y rencor en cada palabra que pronunciaba. –No conocerás lo que es el amor, ni la amistad. Los demás solo te utilizarán, pues no eres más que eso, un medio para conseguir un fin. Un arma contra las mismas sombras que te crearon. Serás tú, Alius quien destruya el peligro que reside en la Umbra, y quien en su último suspiro pondrá fin a la venida de un mal mayor. Tú tendrás el mayor control sobre la Umbra que haya existido jamás, dominarás las Sombras y la Oscuridad a tu antojo, como una extensión de ti mismo. –La voz dejaba de sonar durante un instante mientras un agua negra se arremolinaba entorno a Alius y comenzaba a tragárselo hacia el fondo como un remolino. -Hasta el momento en el que el Día y la Noche sean uno, la Umbra se revele contra el mundo y tú, adalid de la Oscuridad deberás detenerla pues ese es tu Sino. Y ante tan temible enemigo, no sin antes vencerle y hacerle retroceder en su avance, morirás para siempre y tu alma podrá descansar en paz, oscuro adalid.

El sonido de un trueno hizo que Alius se levantara de golpe justo al escuchar la última palabra. –La jodida tormenta está sobre nosotros otra vez. Eso no tiene sentido… -Dijo Alius subiendo a cubierta. –Hace dos horas que la dejamos atrás.

Ante Alius se encontraba la misma escena que la mañana anterior. Una tormenta asolaba el barco sin piedad.

-¿Cómo ha podido suceder esto? –Dijo Alius mirando a Séneca el cual estaba girando el timón para no chocar contra una ola enorme que venía hacia ellos.

-¡No lo sé! –Dijo Séneca mirando al chico. –Se suponía que tú nos estabas sacando y así fue durante las primeras horas, pero luego empezó de nuevo la tormenta, llegó sin avisar, ni siquiera escuchamos los truenos de lejos.

-Esto no es natural… -Dijo una voz a espaldas de Alius. Una voz que solo había escuchado dos veces antes. –Preparaos para acatar mis ordenes, tú también Alain, a partir de hoy te llamarás así, luego te lo explicaré, ahora preparaos para la guerra.


El día que se rompió el reflejo.

Escrito por AlainDGeiser 16-09-2014 en Vampiros. Comentarios (0)

Habían pasado años.. o eso pensaba Alius mientras miraba su reflejo en el cristal pulido enmarcado en madera negra como la noche que se encontraba sobre él.

Aunque allí donde el barco iba siempre era de noche, llevaba tiempo sin ver la luz del Sol.. tanto tiempo que ya no recordaba lo que era vivir bajo la incandescencia ni el calor del Astro Rey.

Alius se fijó en su propio rostro reflejado en el espejo. Era un rostro calmado, estrecho y delgado sin apenas arrugas más allá de la que tenía su frente cuando su ceño no estaba fruncido. Cosa que pocas veces pasaba. Era un joven de 21 años. De cabellos oscuros y ojos azules oscuros como el mar profundo. Tenía una barba de apenas tres semanas que le cubría el rostro hasta el punto de darle un aspecto más adulto al joven navegante del navío que había dejado a la deriva hacia ya tiempo, el Alba. Su piel era pálida, de un color blanco marfil, apenas tenía color antes incluso de que hubiera sido recluido en aquel enorme galeón de color negro como las profundidades del mar. Un color que le venía que ni pintado al dichoso barco, pues su nombre era Umbra, o Oscuridad en latín.

Alius caminaba de lado a lado del barco, apenas había tripulantes abordo, tan solo Séneca, el “hombre” que le había hablado el día que llegó y se río en su cara cuando le preguntó si eran demonios; Luciano otro “hombre” al que tampoco veía mucho pues aparecía y desaparecía cuando quería como si las sombras del barco lo llevasen de un lado a otro del mismo; Gratiano cuya sola presencia hacia que sus dientes castañearan y sus piernas temblaran de miedo; y por último al que menos veía y daba gracias de no hacerlo, aquel al que los “hombres” que a él mismo le causaban terror miraban con miedo y pavor en sus ojos.

Aquel señor de ojos negros como el tizón, cabello oscuro como ala de cuervo y largo hasta más allá de la nuca… Ese ser cuya simple mirada hacía que los demás Vástagos del barco se fueran de donde quiera que estuviesen y lo dejaran solo.. Ese ser era el principio de la Oscuridad, era el capitán del barco, el Amo de la Noche, Señor de las Sombras, el Rey de la Umbra.

Como quiera que fuese a Alius le dejaban “vivir” en el barco, si es que a lo que hacia se le podía considerar vivir. Comía, dormía y usaba sus conocimientos de navegación para guiar el barco, pues al parecer el último navegante humano había sufrido un ligero percance y su salud estaba gravemente perjudicada, o lo que es lo mismo, estaba haciendo compañía a los tiburones del Océano Atlántico desde hacia al menos ya un mes, la noche en el que le recogieron a él. 

Durante todo momento Alius se sentía vigilado, como si los ojos de alguno de los vampiros estuviesen fijos en su nuca, esperando que cometiera algún error garrafal que les permitiera abrir sus venas, beber su sangre y arrojar su cadáver por la borda del barco sin compasión alguna. Como siempre era de noche Alius tenía el ciclo de sueño algo cambiado y dormía cuando tenía sueño así como comía lo que había en la cocina, aunque no sabía muy bien como había llegado esa comida allí.

Alius seguía siempre la misma rutina en el barco, ponía el rumbo que uno de los Vástagos le decía, después se sentaba en cubierta, junto al espejo enmarcado en madera negra y se quedaba allí mirando su reflejo, la única cosa humana de aquel barco.. y como se arrepintió al hacerlo aquel día y darse cuenta de que su reflejo ya no estaba.

Alius lanzó un grito al aire, mirando hacia la oscuridad de la noche que se cernía eternamente sobre aquel maldito barco.

-¿¡Dónde está mi reflejo!? –Dijo con voz enfadada mirando hacia todos los lados esperando una respuesta.

-¿No te lo hemos contado? –Dijo Séneca el cual apareció de la nada a su lado.

-Al parecer no lo hemos hecho. –Dijo Luciano con una sonrisa acercándose al espejo y pasando delante del mismo sin dejar reflejo alguno.

-¿Qué demonios está pasando aquí? –Dijo Alius enfadado pero controlándose pues sabía lo peligroso que eran esos seres que tenía enfrente.

-Verás Alius. –Dijo Séneca, acercándose también al espejo donde nada se reflejo. –Nosotros somos vampiros, pero no todos los vampiros somos iguales.. tenemos ciertas peculiaridades. –Dijo Séneca mientras las velas del barco se movían pues el viento había comenzado a soplar con más fuerza.

-Nuestro Clan, el Clan Lasombra posee la característica de no tener reflejo. –Dijo Luciano aún con la sonrisa en el rostro.

-¿Y qué tiene que ver eso conmigo? Yo sigo siendo humano, no soy uno de vosotros… No lo soy. –Dijo Alius mirándose en el espejo sin lograr ver su reflejo el mismo.

-Chiquillo, te convertí en uno de nosotros hace 3 noches. –Dijo Luciano con voz seca mirando a Alius. –Si no me crees acercarte al espejo, el te revelará tu verdadero ser con imágenes en lugar de palabras.

Alius se acercó al espejo con paso titubeante, sin mucho confianza en que es lo que vería al fijarse en el espejo. Cuando llegó hasta el espejo miraba hacia el suelo, sin levantar la cabeza por miedo. Los Vampiros que estaban a su lado se había puesto detrás de él y miraban todos el espejo con suma atención. Parecía que veían algo interesante en el espejo.

-Curioso.. –Dijo Luciano mirando a Séneca. –Es el primero que tiene eso desde nuestro propio Sire. –Dijo con una sonrisa extraña en el rostro. 

-Si que es raro.. –Dijo Gratiano con el ceño fruncido al mirar el espejo.

-¿Creéis qué es él? –Séneca miraba a todas partes del barco, buscando algún atisbo de su Sire, el Señor de las Sombras.

-Ya lo veremos.. –Dijo Luciano. –Si es él, procuraré educarlo bien. Puede ser el único con la capacidad de detenerla.

-Te ayudaré. –Séneca seguía observando a Alius, el cual poco a poco levantaba la mirada y se quedó quieto al ver su reflejo transformado en el espejo.

Alius miraba su reflejo como aquel que veía a un total extraño. Pero no solo eso, en sus ojos se veía el terror que sentía al mirar su reflejo. Al contrario que los otros vampiros el si tenía un reflejo. Un reflejo oscuro, una Sombra formada de huesos de color marfil ceniciento que dejaban entrever un corazón negro y marchito en el centro de su pecho. Su piel había sido sustituida por una capa de oscuridad. Y sus ojos antes de un azul pálido ahora eran de un color azul oscuro, casi negro.

-¿Qué demonios es eso? ¿En qué narices me has convertido? –Dijo Alain rompiendo el espejo de un puño sin cortarse y girándose a mirar a Luciano con la voz en un tono entre enfadada y asustada.

-Alius.. eres un Lasombra, bienvenido a la noche eterna. Eso que has visto es tu Sombra. Tu verdadero ser a cobrado ese aspecto. –Dijo Luciano acercándose a Alius. –Con el tiempo aprenderás a controlar ese poder, así como a las Sombras y la Oscuridad. Serás un Señor de la Umbra… Eres un 5º Generación, el primero de tu estirpe.

-Pero yo no quiero ser un monstruo.. Devuélveme mi humanidad! –Dijo Alius mirando a Luciano a los ojos, cosa que nunca había hecho antes por miedo.

-Eso no puedo hacerlo.. ahora eres de los nuestros, chiquillo. Aprende a soportarlo, o la Oscuridad te tragará y créeme, no dejaré que nos lleves a nosotros contigo. –Luciano miró al Alius a los ojos y dominó su mente, obligándole a entrar en letargo.

-¿Seguro que es buena idea? –Dijo Séneca. –No parece muy dispuesto a afrontar lo que se le viene encima.

-Lo estará. Lo he visto en sus ojos, el sabe que es lo que tiene que hacer.. Sabe que su lugar está con los Vástagos y no con los humanos. Luchará junto a su Sombra.. Abismo se ha levantado y pronto le convencerá. –Dijo Luciano sonriendo viendo como la Sombra de Alius se levantaba del suelo y se lo llevaba hasta su camarote.


Un barco llamado Oscuridad.

Escrito por AlainDGeiser 16-09-2014 en Vampiros. Comentarios (0)

Esta es la historia de un hombre. Un chico nacido en el año 483 en Normandía, en las costas de Francia, o La Galia como se conocía en ese entonces.

Su nombre era Alius, un nombre latino, producto de los años de ocupación romana de la zona. Era un chico callado, de cabello oscuro como ala de cuervo y ojos azules oscuros, fríos como el hielo. Su piel era pálida lógicamente debido al escaso Sol que llegaba hasta la zona donde vivían.

Alius era una chico distante. Apenas jugaba con los demás, se pasaba los días mirando al cielo o al mar. Perdía su mirada en cosas que los demás ni siquiera se molestaban en mirar. Alius observaba las nubes en el cielo. Como las olas rompían contra las costas pedregosas de los acantilados normandos. Alius simplemente observaba, pensaba en como funcionaban esas cosas… era apenas un crío de 8 años. No tenía fuerza aún para trabajar y en lugar de jugar el solo pensaba. A veces cogía un hatillo con unas pocas cosas y se marchaba al bosque, a perderse durante el día y volver cuando la noche llegaba.

Cuando cumplió los trece años su padre lo quiso llevar con él a pescar. Su padre era un gran marinero, llevaba décadas en el mar y a Alius ciertamente le gustaría aprender a ser marinero. Le gustaba tanto el mar que aceptó sin duda. Y así empezó a trabajar. Alius se ganó una buena reputación entre los demás miembros de su barco. No solo era el hijo del capitán, también parecía llevar la experiencia de éste en su sangre. Desde el momento en el que se montó en el barco supo siempre lo que tenía que hacer. Como si la sangre del mismísimo Neptuno corriese por su venas.

Desde aquel día Alius se convirtió en parte de la tripulación. El mar le gustaba más que cualquier otra cosa que hubiera en tierra, y decidió por sus propia inventiva llegar a tener un barco propio y surcar el océano, llegar más lejos de lo que cualquiera otra persona hubiera llegado. Quería ver mundo, conocer más la Tierra.

Y así fue como Alius siguió su vida. Pese a la insistencia de sus padres de que se casara y formara una familia eso no iba a con él. Siempre había sido solitario. No porque no le gustaran las personas sino porque se sentía mejor en compañía del mar, de su sombra y las estrellas que se veían desde la cubierta de su barco, un pequeño bergantín de nombre Alba.

Cuando cumplió los veintiuno, una edad de inflexión en la vida de todo hombre Alius decidió despedirse de sus padres y hermanos. Iba a cumplir su sueño, iba a ver el mundo en su barco. Sus padres le advirtieron que el mar era un lugar peligroso para alguien que iba solo, a lo que Alius contestó que el no estaba solo. Tenía a su familia, tenía a las estrellas del cielo y al mar que surcaba con su barco. No tenían que preocuparse por él, volvería cuando visitará todo lo que fuese digno de visitar.

Y así es como Alius surcó los mares, llegó a muchas costas distintas, primero al norte, al oeste y finalmente llegó a Finisterre, en las costas de Hispania donde algo trágico ocurrió.

Cuando en pleno viaje se encontró junto a las costas de Finisterre un enorme barco de madera negra como la noche. Vio desde el suyo como salían cosas por la borda cayendo al mar y como el fuego consumía otro barco mucho más pequeño al lado del primero. Esas cosas chocaron contra su embarcación y al mirarlas de cerca, reconoció cadáveres humanos en esas formas oscuras y sin rostro. Se preguntó que demonios podía haber causado eso… que clase de criatura demoníaca podría llegar a hacer algo así.

Desde el barco seguían cayendo más y más formas oscuras mientras el barco se aproximaba hacia el Alba, el barco de Alius.  Mientras se acercaba Alius pudo ver el mascarón de proa del enorme barco que se le aproximaba. Una mujer de la misma madera negra que el barco, con las manos entrelazadas sobre el pecho, saludaba a las olas que la golpeaban. La mujer iba vestida con un manto, tapando su formas femeninas, dejando solo a la vista sus finos labios, que conformaban una sonrisa. Tapando sus ojos una capucha que llegaba hasta la nariz de la mujer.

-Este barco.. Es Oscuridad. –Pensó Alius mirando como cruzaba a su lado sin percatarse de que unas formas oscuras le tomaban por la espalda y lo sumían en un profundo sueño instantáneamente.

Cuando despertó Alius se encontraba atado de pies y manos a un camastro. Miró a los lados pero no vio nada, tan solo oscuridad, una oscuridad que se le pegaba al cuerpo como si fuera tinta, algo viscoso y que no lograba entender. Un minuto después se dio cuenta de que le faltaba el aire y empezó a patalear y moverse como un loco. Al cabo de medio minuto la sensación de viscosidad se calmó y Alius pudo empezar a respirar de nuevo sin problemas. Junto con esto empezó de nuevo a ver, comenzó poco a poco a llegar luz de nuevo a su retina, pero era una luz débil, no mucho más que una pequeña y débil vela.

-¿Quién anda ahí? –Preguntó el joven, sobreponiéndose al miedo que sentía.

Nadie respondió a su llamada. Tan solo veía aquella pequeña luz, titilando... hasta que se apagó.

Una voz profunda y con una especie de eco habló entonces, al amparo de la oscuridad que le mantenía prisionero.

-¿Eres tú el navegante del barco que ha llegado esta noche hasta el nuestro?- Preguntó la voz siniestra mientras algo reptaba por el suelo haciendo un ruido extraño.

-S..si. –Consiguió decir Alius sin ver a su interlocutor. –Soy el único tripulante del Alba, es mi barco.

-Entendemos… -Dijo la sombra mientras se movía por la habitación sin hacer ruido alguno. –No tienes ni idea de donde te has metido… ni tan siquiera sabes donde estás, ni quienes somos, estás solo en este barco.

-Pero.. ¿quiénes sois, qué eran esos cuerpos que arrojabais por la borda? –Preguntó Alius asustado.

-Eran seres como nosotros, que han pasado a forma parte de la Tenebra. –Dijo la voz mirando desde la oscuridad al chico de poca edad que tenía delante.

-¿Seres… como vosotros? ¿Sois demonios, monstruos del infierno? –Preguntó ahora si mucho más asustado el joven normando.

-No… no somos demonios. Somos algo mucho peor. –Dijo la sombra acercándose al joven y revelando sus enormes colmillos de aproximadamente dos centímetros. –Somos vampiros, señores de la Oscuridad y las Tinieblas. Estás en mi barco, el Oscuridad. Yo soy el capitán Séneca, y tú ahora eres mi prisionero. Quizás con el tiempo… logres alcanzar tu libertad uniéndote a nosotros. Aprenderás a apreciar el don de la inmortalidad, el don del conocimiento, el poder de la Oscuridad y de las Sombras. –Dijo mientras su sombra, la del vampiro, crecía hasta convertirse en una enorme serpiente que rodeo a Alius y lo sumió en un sueño profundo.