Blog de Alain D. Geiser

Bienvenidos a la Umbra.

Aquí os contaré la historia de algunos hombres, o personas que una vez lo fueron. También os contaré historias de mundos cercanos y otros muy lejanos a la Tierra.

El día que se rompió el reflejo.

Escrito por AlainDGeiser 16-09-2014 en Vampiros. Comentarios (0)

Habían pasado años.. o eso pensaba Alius mientras miraba su reflejo en el cristal pulido enmarcado en madera negra como la noche que se encontraba sobre él.

Aunque allí donde el barco iba siempre era de noche, llevaba tiempo sin ver la luz del Sol.. tanto tiempo que ya no recordaba lo que era vivir bajo la incandescencia ni el calor del Astro Rey.

Alius se fijó en su propio rostro reflejado en el espejo. Era un rostro calmado, estrecho y delgado sin apenas arrugas más allá de la que tenía su frente cuando su ceño no estaba fruncido. Cosa que pocas veces pasaba. Era un joven de 21 años. De cabellos oscuros y ojos azules oscuros como el mar profundo. Tenía una barba de apenas tres semanas que le cubría el rostro hasta el punto de darle un aspecto más adulto al joven navegante del navío que había dejado a la deriva hacia ya tiempo, el Alba. Su piel era pálida, de un color blanco marfil, apenas tenía color antes incluso de que hubiera sido recluido en aquel enorme galeón de color negro como las profundidades del mar. Un color que le venía que ni pintado al dichoso barco, pues su nombre era Umbra, o Oscuridad en latín.

Alius caminaba de lado a lado del barco, apenas había tripulantes abordo, tan solo Séneca, el “hombre” que le había hablado el día que llegó y se río en su cara cuando le preguntó si eran demonios; Luciano otro “hombre” al que tampoco veía mucho pues aparecía y desaparecía cuando quería como si las sombras del barco lo llevasen de un lado a otro del mismo; Gratiano cuya sola presencia hacia que sus dientes castañearan y sus piernas temblaran de miedo; y por último al que menos veía y daba gracias de no hacerlo, aquel al que los “hombres” que a él mismo le causaban terror miraban con miedo y pavor en sus ojos.

Aquel señor de ojos negros como el tizón, cabello oscuro como ala de cuervo y largo hasta más allá de la nuca… Ese ser cuya simple mirada hacía que los demás Vástagos del barco se fueran de donde quiera que estuviesen y lo dejaran solo.. Ese ser era el principio de la Oscuridad, era el capitán del barco, el Amo de la Noche, Señor de las Sombras, el Rey de la Umbra.

Como quiera que fuese a Alius le dejaban “vivir” en el barco, si es que a lo que hacia se le podía considerar vivir. Comía, dormía y usaba sus conocimientos de navegación para guiar el barco, pues al parecer el último navegante humano había sufrido un ligero percance y su salud estaba gravemente perjudicada, o lo que es lo mismo, estaba haciendo compañía a los tiburones del Océano Atlántico desde hacia al menos ya un mes, la noche en el que le recogieron a él. 

Durante todo momento Alius se sentía vigilado, como si los ojos de alguno de los vampiros estuviesen fijos en su nuca, esperando que cometiera algún error garrafal que les permitiera abrir sus venas, beber su sangre y arrojar su cadáver por la borda del barco sin compasión alguna. Como siempre era de noche Alius tenía el ciclo de sueño algo cambiado y dormía cuando tenía sueño así como comía lo que había en la cocina, aunque no sabía muy bien como había llegado esa comida allí.

Alius seguía siempre la misma rutina en el barco, ponía el rumbo que uno de los Vástagos le decía, después se sentaba en cubierta, junto al espejo enmarcado en madera negra y se quedaba allí mirando su reflejo, la única cosa humana de aquel barco.. y como se arrepintió al hacerlo aquel día y darse cuenta de que su reflejo ya no estaba.

Alius lanzó un grito al aire, mirando hacia la oscuridad de la noche que se cernía eternamente sobre aquel maldito barco.

-¿¡Dónde está mi reflejo!? –Dijo con voz enfadada mirando hacia todos los lados esperando una respuesta.

-¿No te lo hemos contado? –Dijo Séneca el cual apareció de la nada a su lado.

-Al parecer no lo hemos hecho. –Dijo Luciano con una sonrisa acercándose al espejo y pasando delante del mismo sin dejar reflejo alguno.

-¿Qué demonios está pasando aquí? –Dijo Alius enfadado pero controlándose pues sabía lo peligroso que eran esos seres que tenía enfrente.

-Verás Alius. –Dijo Séneca, acercándose también al espejo donde nada se reflejo. –Nosotros somos vampiros, pero no todos los vampiros somos iguales.. tenemos ciertas peculiaridades. –Dijo Séneca mientras las velas del barco se movían pues el viento había comenzado a soplar con más fuerza.

-Nuestro Clan, el Clan Lasombra posee la característica de no tener reflejo. –Dijo Luciano aún con la sonrisa en el rostro.

-¿Y qué tiene que ver eso conmigo? Yo sigo siendo humano, no soy uno de vosotros… No lo soy. –Dijo Alius mirándose en el espejo sin lograr ver su reflejo el mismo.

-Chiquillo, te convertí en uno de nosotros hace 3 noches. –Dijo Luciano con voz seca mirando a Alius. –Si no me crees acercarte al espejo, el te revelará tu verdadero ser con imágenes en lugar de palabras.

Alius se acercó al espejo con paso titubeante, sin mucho confianza en que es lo que vería al fijarse en el espejo. Cuando llegó hasta el espejo miraba hacia el suelo, sin levantar la cabeza por miedo. Los Vampiros que estaban a su lado se había puesto detrás de él y miraban todos el espejo con suma atención. Parecía que veían algo interesante en el espejo.

-Curioso.. –Dijo Luciano mirando a Séneca. –Es el primero que tiene eso desde nuestro propio Sire. –Dijo con una sonrisa extraña en el rostro. 

-Si que es raro.. –Dijo Gratiano con el ceño fruncido al mirar el espejo.

-¿Creéis qué es él? –Séneca miraba a todas partes del barco, buscando algún atisbo de su Sire, el Señor de las Sombras.

-Ya lo veremos.. –Dijo Luciano. –Si es él, procuraré educarlo bien. Puede ser el único con la capacidad de detenerla.

-Te ayudaré. –Séneca seguía observando a Alius, el cual poco a poco levantaba la mirada y se quedó quieto al ver su reflejo transformado en el espejo.

Alius miraba su reflejo como aquel que veía a un total extraño. Pero no solo eso, en sus ojos se veía el terror que sentía al mirar su reflejo. Al contrario que los otros vampiros el si tenía un reflejo. Un reflejo oscuro, una Sombra formada de huesos de color marfil ceniciento que dejaban entrever un corazón negro y marchito en el centro de su pecho. Su piel había sido sustituida por una capa de oscuridad. Y sus ojos antes de un azul pálido ahora eran de un color azul oscuro, casi negro.

-¿Qué demonios es eso? ¿En qué narices me has convertido? –Dijo Alain rompiendo el espejo de un puño sin cortarse y girándose a mirar a Luciano con la voz en un tono entre enfadada y asustada.

-Alius.. eres un Lasombra, bienvenido a la noche eterna. Eso que has visto es tu Sombra. Tu verdadero ser a cobrado ese aspecto. –Dijo Luciano acercándose a Alius. –Con el tiempo aprenderás a controlar ese poder, así como a las Sombras y la Oscuridad. Serás un Señor de la Umbra… Eres un 5º Generación, el primero de tu estirpe.

-Pero yo no quiero ser un monstruo.. Devuélveme mi humanidad! –Dijo Alius mirando a Luciano a los ojos, cosa que nunca había hecho antes por miedo.

-Eso no puedo hacerlo.. ahora eres de los nuestros, chiquillo. Aprende a soportarlo, o la Oscuridad te tragará y créeme, no dejaré que nos lleves a nosotros contigo. –Luciano miró al Alius a los ojos y dominó su mente, obligándole a entrar en letargo.

-¿Seguro que es buena idea? –Dijo Séneca. –No parece muy dispuesto a afrontar lo que se le viene encima.

-Lo estará. Lo he visto en sus ojos, el sabe que es lo que tiene que hacer.. Sabe que su lugar está con los Vástagos y no con los humanos. Luchará junto a su Sombra.. Abismo se ha levantado y pronto le convencerá. –Dijo Luciano sonriendo viendo como la Sombra de Alius se levantaba del suelo y se lo llevaba hasta su camarote.


Un barco llamado Oscuridad.

Escrito por AlainDGeiser 16-09-2014 en Vampiros. Comentarios (0)

Esta es la historia de un hombre. Un chico nacido en el año 483 en Normandía, en las costas de Francia, o La Galia como se conocía en ese entonces.

Su nombre era Alius, un nombre latino, producto de los años de ocupación romana de la zona. Era un chico callado, de cabello oscuro como ala de cuervo y ojos azules oscuros, fríos como el hielo. Su piel era pálida lógicamente debido al escaso Sol que llegaba hasta la zona donde vivían.

Alius era una chico distante. Apenas jugaba con los demás, se pasaba los días mirando al cielo o al mar. Perdía su mirada en cosas que los demás ni siquiera se molestaban en mirar. Alius observaba las nubes en el cielo. Como las olas rompían contra las costas pedregosas de los acantilados normandos. Alius simplemente observaba, pensaba en como funcionaban esas cosas… era apenas un crío de 8 años. No tenía fuerza aún para trabajar y en lugar de jugar el solo pensaba. A veces cogía un hatillo con unas pocas cosas y se marchaba al bosque, a perderse durante el día y volver cuando la noche llegaba.

Cuando cumplió los trece años su padre lo quiso llevar con él a pescar. Su padre era un gran marinero, llevaba décadas en el mar y a Alius ciertamente le gustaría aprender a ser marinero. Le gustaba tanto el mar que aceptó sin duda. Y así empezó a trabajar. Alius se ganó una buena reputación entre los demás miembros de su barco. No solo era el hijo del capitán, también parecía llevar la experiencia de éste en su sangre. Desde el momento en el que se montó en el barco supo siempre lo que tenía que hacer. Como si la sangre del mismísimo Neptuno corriese por su venas.

Desde aquel día Alius se convirtió en parte de la tripulación. El mar le gustaba más que cualquier otra cosa que hubiera en tierra, y decidió por sus propia inventiva llegar a tener un barco propio y surcar el océano, llegar más lejos de lo que cualquiera otra persona hubiera llegado. Quería ver mundo, conocer más la Tierra.

Y así fue como Alius siguió su vida. Pese a la insistencia de sus padres de que se casara y formara una familia eso no iba a con él. Siempre había sido solitario. No porque no le gustaran las personas sino porque se sentía mejor en compañía del mar, de su sombra y las estrellas que se veían desde la cubierta de su barco, un pequeño bergantín de nombre Alba.

Cuando cumplió los veintiuno, una edad de inflexión en la vida de todo hombre Alius decidió despedirse de sus padres y hermanos. Iba a cumplir su sueño, iba a ver el mundo en su barco. Sus padres le advirtieron que el mar era un lugar peligroso para alguien que iba solo, a lo que Alius contestó que el no estaba solo. Tenía a su familia, tenía a las estrellas del cielo y al mar que surcaba con su barco. No tenían que preocuparse por él, volvería cuando visitará todo lo que fuese digno de visitar.

Y así es como Alius surcó los mares, llegó a muchas costas distintas, primero al norte, al oeste y finalmente llegó a Finisterre, en las costas de Hispania donde algo trágico ocurrió.

Cuando en pleno viaje se encontró junto a las costas de Finisterre un enorme barco de madera negra como la noche. Vio desde el suyo como salían cosas por la borda cayendo al mar y como el fuego consumía otro barco mucho más pequeño al lado del primero. Esas cosas chocaron contra su embarcación y al mirarlas de cerca, reconoció cadáveres humanos en esas formas oscuras y sin rostro. Se preguntó que demonios podía haber causado eso… que clase de criatura demoníaca podría llegar a hacer algo así.

Desde el barco seguían cayendo más y más formas oscuras mientras el barco se aproximaba hacia el Alba, el barco de Alius.  Mientras se acercaba Alius pudo ver el mascarón de proa del enorme barco que se le aproximaba. Una mujer de la misma madera negra que el barco, con las manos entrelazadas sobre el pecho, saludaba a las olas que la golpeaban. La mujer iba vestida con un manto, tapando su formas femeninas, dejando solo a la vista sus finos labios, que conformaban una sonrisa. Tapando sus ojos una capucha que llegaba hasta la nariz de la mujer.

-Este barco.. Es Oscuridad. –Pensó Alius mirando como cruzaba a su lado sin percatarse de que unas formas oscuras le tomaban por la espalda y lo sumían en un profundo sueño instantáneamente.

Cuando despertó Alius se encontraba atado de pies y manos a un camastro. Miró a los lados pero no vio nada, tan solo oscuridad, una oscuridad que se le pegaba al cuerpo como si fuera tinta, algo viscoso y que no lograba entender. Un minuto después se dio cuenta de que le faltaba el aire y empezó a patalear y moverse como un loco. Al cabo de medio minuto la sensación de viscosidad se calmó y Alius pudo empezar a respirar de nuevo sin problemas. Junto con esto empezó de nuevo a ver, comenzó poco a poco a llegar luz de nuevo a su retina, pero era una luz débil, no mucho más que una pequeña y débil vela.

-¿Quién anda ahí? –Preguntó el joven, sobreponiéndose al miedo que sentía.

Nadie respondió a su llamada. Tan solo veía aquella pequeña luz, titilando... hasta que se apagó.

Una voz profunda y con una especie de eco habló entonces, al amparo de la oscuridad que le mantenía prisionero.

-¿Eres tú el navegante del barco que ha llegado esta noche hasta el nuestro?- Preguntó la voz siniestra mientras algo reptaba por el suelo haciendo un ruido extraño.

-S..si. –Consiguió decir Alius sin ver a su interlocutor. –Soy el único tripulante del Alba, es mi barco.

-Entendemos… -Dijo la sombra mientras se movía por la habitación sin hacer ruido alguno. –No tienes ni idea de donde te has metido… ni tan siquiera sabes donde estás, ni quienes somos, estás solo en este barco.

-Pero.. ¿quiénes sois, qué eran esos cuerpos que arrojabais por la borda? –Preguntó Alius asustado.

-Eran seres como nosotros, que han pasado a forma parte de la Tenebra. –Dijo la voz mirando desde la oscuridad al chico de poca edad que tenía delante.

-¿Seres… como vosotros? ¿Sois demonios, monstruos del infierno? –Preguntó ahora si mucho más asustado el joven normando.

-No… no somos demonios. Somos algo mucho peor. –Dijo la sombra acercándose al joven y revelando sus enormes colmillos de aproximadamente dos centímetros. –Somos vampiros, señores de la Oscuridad y las Tinieblas. Estás en mi barco, el Oscuridad. Yo soy el capitán Séneca, y tú ahora eres mi prisionero. Quizás con el tiempo… logres alcanzar tu libertad uniéndote a nosotros. Aprenderás a apreciar el don de la inmortalidad, el don del conocimiento, el poder de la Oscuridad y de las Sombras. –Dijo mientras su sombra, la del vampiro, crecía hasta convertirse en una enorme serpiente que rodeo a Alius y lo sumió en un sueño profundo.