Blog de Alain D. Geiser

Bienvenidos a la Umbra.

Aquí os contaré la historia de algunos hombres. O personas que una vez lo fueron. También os contaré historias de mundos cercanos y otros muy lejanos a la Tierra.

Caballero del Siglo XVIII en el siglo XXI

Escrito por AlainDGeiser 23-09-2014 en Vampiros. Comentarios (0)

Un mundo lleno de ideales

Donde los sueños sean reales

Donde los soñadores se conviertan en creadores

Un mundo donde los ideales sean más que eso, simples palabras…


Honor, lealtad, fidelidad, son ideales vacíos de significados en nuestra sociedad…

Algunos, quizás demasiados pocos aún confiamos en esos ideales.

Sabemos su significado, defendemos sus preceptos

Los defendemos  porque nos ayudan a ser nosotros mismos.


El honor es lo que dicta mi comportamiento, es mi escudo ante las adversidades.

La lealtad es mi espada, hecha para defender a los que no pueden hacerlo solos.

Mi fidelidad es la coraza que protege a los que me importan más que mi vida.


Soy fiel a mis ideales y a mi camaradas.

Soy leal a mis principios aún en la adversidad.

Honro a mis aliados, pues ellos me honran con su presencia.


Soy fiel a mi señora, la Justicia, que por obra y gracia de mi espada, será repartida por los campos por los que yo camine, nadie ni nada acabará con la luz que porto. Nadie ni nada podrá acabar con mi fe, pues por mucho daño que reciba, la luz siempre vence y la oscuridad… perece.

Sólo la muerte conseguirá frenar mi avance, sólo la muerte acabará con mi luz… pero, ¿acaso la muerte puede matar algo que ya murió una vez?


Gerald Delacroix, Clan Ventrue antitribu.


Uno para todos y todos para uno.

Escrito por AlainDGeiser 23-09-2014 en Vampiros. Comentarios (0)

Mi nombre es Gerald Delacroix, nací la mañana del día 13 de abril del año 1754 de nuestro Señor. Mi familia era una familia acomodada, me dieron una educación notable para esa edad, fui instruido en el uso de la espada y el mosquete así como armas de otra índole, a la edad de 18 años entré a formar parte de la guardia real, los conocidos Mosqueteros. Vestir la flor de lis y el azul del Rey era para mi y para mi familia un honor, todo marchó correcto en mis primeros años como mosquetero al servicio del Rey y su familia. Nadie hubiese imaginado jamás que Voltaire y Rousseau pudiesen tener razón… hasta que el día 11 de julio del año 1789 el pueblo se levantó en armas contra el Rey y no solo no fuimos capaces de detenerlos si no que muchos de mis hermanos de armas se unieron a sus familias en contra del Rey.

Ese fatídico día muchas personas murieron, daba igual el color que vistiesen, todas compartían el rojo de la sangre, el rojo de la sangre de hermanos y hermanas que luchaban entre si por la tiranía de un hombre, su ambición, su codicia, eso era lo que mi Rey representaba para el pueblo. Había abandonado sus deberes sagrados de servir al pueblo de manera justa para servir a un único propósito, su propia avaricia. Y así fue como, en un acto de honor, cumplí con mi deber de servir a mi Rey, atravesando el corazón de todos cuanto intentaban hacerle daño. Lo salvé, hasta cierto punto, pues aunque su vida estaba salvada de nada le serviría, pues su alma corrupta estaba ya perdida en su mundo de oro y joyas, y entonces hizo acto de presencia el final de mi vida, o así debería haber sido en principio.

Traté de sacar al rey de París utilizando un viejo pasadizo que nuestra guardia protegía pero fue entonces cuando me di cuenta de hasta que punto el pueblo odiaba al Rey. Mis hermanos, mosqueteros como yo guardaban celosamente el pasadizo de huida de la familia real y nos impidieron el paso. Traté de apelar a su honor, a su deber como caballeros del Rey… pero declinaron su sagrada labor en pos de la venganza que el pueblo exigía, no sin razón. Me enfrenté a ellos con destreza y acabé con varios de ellos, justo cuando pensé que todo había finalizado al atravesar el pecho del último de mis contrincantes un extraño apareció en escena.

Recuerdo con exactitud nuestra conversación aún hoy día…

-Estimado caballero.. ¿le importaría soltar su arma? –Dijo el hombre de mirada confiada no sin antes fijar sus ojos de color azul en los míos. 

-No soltaré mi arma por nada del mundo, desconocido. – Gerald afirmó sus palabras apretando la mano entorno al mango de su estoque. –No dejaré que nadie toque al Rey, juré protegerlo con mi vida y eso es lo que voy a hacer.

-Eres obstinado sin duda.. –Dijo el hombre tocándose el cuello con una mano mientras con la otra retiraba su capa de viaje de la funda de un estoque ingles destacable por su guardia ladeada. –Ríndete, joven. Tienes toda la vida por delante, y sinceramente, tanto tú como yo sabemos que este.. sujeto –Dijo señalando con su arma ya desenvainada.- No merece el derramamiento de sangre más pura que la suya. Entrégalo, Gerald. –Dijo el hombre levantando el tono y mirándome a los ojos.

Algo en mi interior se estremeció cuando el hombre desconocido me dio esa orden pronunciando mi nombre, el cual yo no le había dicho; algo en mi interior me decía que debía obedecerlo, dejarlo pasar y simplemente ceder ante su demanda.. pero no fue así, mi fuerza de voluntad fue más fuerte que su orden y eso.. fue la señal que ese hombre esperaba de mi.

-Tendrás que pasar por encima de mi cadáver para eso. –Dije mientras trazaba un simple corte en al aire salpicando la pared adyacente con la sangre de mis hermanos caídos.

-No lo he dudado ni por un instante. –Dijo el hombre haciendo una suave reverencia, símbolo de un duelo entre caballeros.  –Mi nombre es Germán Gastón. Y como tú, una vez serví a un rey cruel y sin escrúpulos, pero ya no más.

Y comenzamos a luchar en ese mismo instante. El hombre, de nombre Germán se movía ágilmente, algo a tener en cuenta pues parecía mucho mayor que yo, unos cinco o seis años más. Los primeros cinco minutos del combate ni tan siquiera logré rozarlo, todos mis cortes, estocadas, y golpes eran simplemente evadidos como si me moviese mucho más lento de la cuenta.. o quizás es que él era mucho más rápido que yo. En ese entonces no lo sabía, claro. El combate estaba claramente en mi contra pero no podía darme la vuelta y correr por mi vida, eso sería una deshonra y ni siquiera se me pasó por la cabeza hacer algo así…

Tras esos cinco primeros minutos de esquiva, la tormenta empezó. Los golpes de Germán eran certeros, rápidos como un relámpago y bien controlados, cortes, golpes, pequeños pinchazos azotaban todo mi cuerpo sin parar. Uno tras otro, no había nada que pudiera hacer, paraba dos de que cada tres golpes y sin embargo seguía perdiendo terreno. Todo acabo cuando Germán levantó la guardia un instante y me dio tiempo a golpearle fuerte en el pecho, atravesando su corazón.

Todo parecía ir bien, su cuerpo cayó al suelo, saqué mi estoque de su cuerpo y envainé, me acerqué al Rey despacio, pues realmente estaba agotado y lleno de heridas y entonces lo escuché..

-Jajaja… eres bueno chico. –La voz de Germán sonaba tranquila y sus pisadas sonaban en el pasadizo. –No me esperaba ese golpe, la verdad, casi podría decirse que me has matado, casi.

En ese entonces no me lo creía, me di la vuelta rápido llevándome la mano al arma pero fue demasiado tarde, Germán ya estaba encima mía y sus colmillos.. sus colmillos eran enormes, no los recordaba tan grandes mientras luchábamos. Entonces simplemente sentí un mordisco, luego una extraña sensación de paz y felicidad, después simplemente todo se apago y dejé de ver, dejé de sentir, dejé de… vivir.

Tres días después, o eso es lo que me dijo Germán al despertar estaba tumbado en una cama en una enorme habitación. La habitación estaba decorada con enormes cuadros de diversas personas, algunos que otros muebles de aspecto antiguo y bueno, Germán estaba sentado en una silla, a los pies de mi cama, mirándome con la mirada que tendría un padre al ver a su hijo despertar de un largo coma, la luz de la Luna que entraba por la ventana iluminaba vagamente la habitación dándole a la situación un aspecto mucho más relajado.

-Me alegra ver que has vuelto, Gerald. –Dijo entonces Germán. –Perdona todo esto, pero era la única manera de conseguir al Rey.

-¿Qué demonios eres? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago en este lugar? –Dije todo atropellado y sin respirar, el corazón me latía a toda prisa, o eso creía yo entonces.

-Mi nombre es Germán, como ya sabes. Estás en mi casa, en Aviñón. –Germán hablaba tranquilo y pausado manteniendo su mirada fija en mis ojos. –A tu primera pregunta.. creo que sabes responderte tu mismo. –Dijo Germán con una media sonrisa en el rostro.

-Eres un vampiro, un cuento de viejas. –Dijo Gerald tratando de calmarse y no sentir.. ¿Miedo? ¿Era miedo eso que sentía u otra cosa?

-Tranquilo chiquillo, ya está.. –Dijo Germán con voz tranquilizadora. –Ya está, no debes temer nada de mi, no soy tu enemigo, si no tu amigo.

-¿Cómo va a ser mi amigo un monstruo como tú? –La voz de Gerald sonaba realmente asustada, no sabía realmente que quería de él ese monstruo.

-Oh! ¿No te has dado cuenta? –Dijo Germán con voz divertida. –Tú eres como yo ahora, eres un Vástago de la noche. Bienvenido al Clan Ventrue, Gerad Delacroix.

-¿¡De que hablas!? –Dijo Gerald mirándose las manos de un color más pálido de lo usual. Gerald trató de tomarse pulso.. sin éxito. –Esto no puede estar pasando... de verdad que no.

-Tranquilo mi chiquillo. –Dijo Germán mirándome a los ojos. –Pronto entenderás que te hice un favor dándote esta nueva vida… la no-muerte es una maldición para los que no tienen ninguna misión, pero tú, mi joven chiquillo.. para ti es un regalo pues tienes mucho que dar al mundo.

Y ahora, casi tres siglos más tarde… todo comienza a tener sentido para mi. Gracias a Germán ahora tengo una “vida” que usar para proteger aquello que me importa.

Gerald Delacroix Clan Ventrue Antitribu, Cruzado del Sabbat.


El sonido del trueno.

Escrito por AlainDGeiser 20-09-2014 en Vampiros. Comentarios (0)

La luz iluminó los rostros de los hombres que se encontraban sobre la cubierta del barco durante unos segundos, hasta que oyeron el estruendo del trueno que un momento antes había surcado las nubes por encima de sus cabezas.

-¡Séneca, al timón! –Dijo una voz autoritaria mientras corría hacia las cuerdas de las velas y comenzaba a trazar complejos nudos para evitar que el viento se las llevase.  –Pon rumbo al Oeste, la tormenta viene de allí y si seguimos hacia el Norte solo conseguiremos tenerla encima todo el rato.

-¿Pero quién se cree que es este chiquillo? –Dijo Séneca mirando a Luciano.

-El navegante del barco. -Dijo el Sire de Alius mirando a Séneca. –Así que hazle caso si no quieres acabar llegando a la costa mojado y a pata por el lecho marino.

-Si si.. ya voy. –Dijo Séneca desapareciendo y apareciendo el timón segundos después con las manos en el timón. –¡Agarraos, panda de chupasangres! –Dijo dando un giro brusco al timón que hizo que el barco diera un brusco cambio de dirección colocándose de frente al viento.

Alius terminó pronto de atar las velas y bajó del mástil donde se encontraba. Iba vestido con un pantalón de tela arpillera negra y una camiseta blanca con el pecho ligeramente descubierto, apenas sentía frío pues su piel muerta ya era de por si bastante más fría de lo habitual en los otros Vástagos de Caín. Al parecer como ya le habían explicado los demás Lasombra del barco no todos los vampiros eran iguales. Incluso dentro del propio Clan había vampiros con habilidades y características propias, maldiciones menores más allá del no tener reflejo como era el caso de Luciano, Gratiano o Séneca. El propio Alius era portador de maldiciones incluso más raras que esa. Su reflejo era su propia Sombra, su poder oscuro interior, cada día más creciente y poderoso desde hacía ya cincuenta años que le habían convertido. Había aprendido a usar sus nuevos poderes, conocía sus nuevas debilidades e incluso las maldiciones extrañas con las que había sido concebido como Vástago en aquel barco hacía ya tantos años.

Alius se reflejaba en los espejos como su Sombra, a la cual había optado por llamar como ella le había pedido, Abismo. Además de esa extraña peculiaridad que por lo visto solo compartía con el líder del clan, el Señor de las Sombras, Alius poseía un extraño don conocido como Sangre de Neptuno entre los suyos. Era una especie de sexto sentido que le permitía ver las tormentas antes de que estas llegaran a estar sobre el barco, no literalmente, pero si le permitía poder salir de ellas sin ninguna clase de problema, como estaban haciendo ahora mismo bajo sus ordenes. Era un Don que hacia siglos que no se veía y por tanto era bastante preciado entre los Lasombra. Junto con ese extraño don que a Alius le venía muy bien pues siempre había estado a gusto en el mar se le condenaron a otras dos maldiciones ajenas a la de la sangre Lasombra que corría por sus venas. La primera de todas era el Toque de Escarcha, una maldición que hacia que su piel ya de por si fría por estar muerto, fuera tan fría que provocase que los mortales sintieran la quemazón del hielo al tocarlo. La segunda maldición algo incluso más rara que la primera, Alius había sido condenado con la Mancha de Corrupción, las plantas cercanas a él se pudrían al pasar cerca, y si las tocaba se marchitaban instantáneamente, quedando mero polvo en su lugar.

Juntos esas dos maldiciones llevaron a los demás miembros de la tripulación a ponerle un mote a Alius. Alius, Portador de Muerte. Pues a su paso solo dejaba frío y un yermo estéril por el que nada podría crecer de nuevo hasta pasado años.

No era un apodo que le gustase especialmente al joven pero lo aceptaba a fin de cuentas era su Destino se portador de la destrucción de la vida o así lo vio él desde que había sido condenado a la no vida de forma eterna y sin buscarlo.

Al bajar del mástil se encontró con Gratiano que estaba sentado quieto sin hacer nada mientras los otros dos vástagos de 4ª generación viraban el barco y amarraban los instrumentos a sus sitios para evitar que se fueran volando.

-¿Tú no haces nada, Gratiano? –Dijo Alius mirándole con aire despectivo. No le caía bien, algo dentro de Alain le decía que no podía fiarse de él. Era el más maligno de todos los ocupantes del barco, incluso más que el propio Lasombra con el cual había hablado apenas dos veces y para preguntarle por su reflejo. Ambas veces el vampiro había optado por responder con un “Cuando llegue el momento” y había seguido su curso, desapareciendo en la oscuridad que reinaba en los pasillos del barco.

-Me parece que con no estorbar ya estoy haciendo algo, Alius. –Dijo el Vástago con la voz cargada de desprecio. –Además, no olvides que este no es tu barco, solo eres el navegante, no el capitán.

-Ser el navegante ya es más importante que ser nadie. –Le dijo Alius a Gratiano moviéndose a su lado y quedándose a unos metros de él para que pudiera oírle incluso a pesar de la tormenta. –Y resulta que tu voto es el que menos importa para mi y supongo que para todos en este barco. Lasombra es el líder del Clan. Luciano es el único con progenie además de Lasombra, y Séneca es el capitán del barco pues él lo construyo y lo mantiene en perfecto estado. Tú por el contrario no eres importante para nada en este barco. No tienes ningún Don, tan solo te dedicas a no estorbar, pero allí de donde yo vengo cualquiera que esté en un barco sin hacer nada estorba. –Dijo Alius mirándole de reojo por encima del hombro. –Eres inmortal, al menos podrías molestarte en aprender a hacer nudos y ser de alguna utilidad.

-Se hacer nudos.. aunque no de la clase que tú utilizas, chiquillo insolente. –Dijo Gratiano mirándole con asco ahora ni tan siquiera malamente disimulado. –Algún día agradecerás el tenerme cerca. Cuando no sean tormentas si no otros vástagos o humanos los que pongan en peligro este barco, agradecerás mis nudos, así como mi presencia en este barco, entonces serás tú el que estorbará, chiquillo. Hasta entonces, déjame en paz y piérdete en la Umbra.

Alius siguió su camino sin inmutarse por la amenaza de Gratiano. No suponía un problema para él y por tanto simplemente la ignoró. Caminó hasta llegar al lado de Séneca el cual le dejó el timón cuando éste se acercó.

-Tuyo es el timón, navegante. –Dijo Séneca con una sonrisa que daba a entender que había oído todo cuando habían hablado Alius y Gratiano. –Podría decir que estoy parcialmente de acuerdo contigo. Mi hermano no me cae muy bien... pero por desgracia nuestro Padre Oscuro no nos permite guerrear entre nosotros y hace mucho tiempo que no nos mordemos entre nosotros como haría una camada de cachorros de perro recién nacidos. –Séneca vio como Alius cogía el timón y seguía marcando el rumbo aún en contra del viento.

-Así creo que no llegaremos nunca a salir de la tormenta, el viento es demasiado fuerte y el oleaje nos echa hacia atrás, metiéndonos en la tormenta. Habrá que sacar los remos.  –Dijo Alius mirando al otro vástago, ignorando la parte de la conversación referente a Gratiano.

-¿Los normales, o los especiales? –Dijo Séneca sonriendo de forma extraña.

-Con los normales debería bastar, aunque diría que los especiales nos sacarían de aquí en apenas una hora. Con los otros tardaríamos al menos tres horas en salir de la tormenta. –Dijo Alius desviando la mirada hacia arriba mientras pensaba.

-Ayúdame entonces con los especiales. Encargarte tú del lado derecho y déjame a mi la izquierda. –Séneca se levantó de la balaustrada donde estaba sentado y desapareció para aparecer en la izquierda del primer mástil. –¡Vamos Alius! Aún te mueves como una viejecita. –Dijo Séneca mientras extendía los brazos y se colocaba en posición de cruz.

Alius canalizó la fuerza de su sangre vampírica hacia sus músculos y haciendo uso de ella aumentó su velocidad hasta recorrer los cuarenta metros que los separaban en apenas un segundo. Colocándose en la misma posición que Séneca llevó a cabo su ritual de concentración propio y tras un minuto concentrándose en el poder la Oscuridad una docena de tentáculos de tres metros aparecieron en la popa derecha del barco y otras dos docenas en la parte izquierda. Ambas formaciones comenzaron a palear el agua a la vez haciendo que le barco comenzará a moverse como llevado por remeros en lugar de usar el viento que ahora mismo tenían en contra.

-La verdad es que nunca se nos había ocurrido usar los tentáculos de sombra de esa forma. –Dijo Séneca mirando por la barandilla de la borda izquierda.

-¿En serio? Fue en lo primero que pensé cuando me enseñasteis este poder de la Obtenebración. –Dijo Alius riendo. –Bueno y siendo sincero también pensé en darle una paliza a alguien con esos tentáculos.

-Ten cuidado con ese poder, es sin duda poderoso pero conlleva el riesgo de que los tentáculos se descontrolen. –Dijo Séneca mirando al chico. –Aunque tienes un dominio de la Umbra notable incluso para ser tan joven, apenas hace cincuenta años no querías saber nada de nosotros y mírate. Ya dominas muchos poderes de la Obtenebración, Celeridad y Potencia.. Una lastima que no haya humanos con los que puedas practicar la Dominación, eres sin duda un vástago notable, Alius.

Esas fueron las últimas palabras de alguien “vivo” para Alius esa noche, al amanecer, o eso parecía pues el Vástago tenía sueño y eso solo pasaba cuando llegaba el amanecer, Alius se fue a dormir.

Mientras dormía Alius tuvo un sueño, una pesadilla más bien, pero estaba seguro de que lo que vio era algo más que eso, pues durante el resto de su vida se repetiría una vez por semana.

-Conocerás el terror, conocerás el dolor, conocerás lo que es estar solo. –Dijo una voz cargada de odio y rencor en cada palabra que pronunciaba. –No conocerás lo que es el amor, ni la amistad. Los demás solo te utilizarán, pues no eres más que eso, un medio para conseguir un fin. Un arma contra las mismas sombras que te crearon. Serás tú, Alius quien destruya el peligro que reside en la Umbra, y quien en su último suspiro pondrá fin a la venida de un mal mayor. Tú tendrás el mayor control sobre la Umbra que haya existido jamás, dominarás las Sombras y la Oscuridad a tu antojo, como una extensión de ti mismo. –La voz dejaba de sonar durante un instante mientras un agua negra se arremolinaba entorno a Alius y comenzaba a tragárselo hacia el fondo como un remolino. -Hasta el momento en el que el Día y la Noche sean uno, la Umbra se revele contra el mundo y tú, adalid de la Oscuridad deberás detenerla pues ese es tu Sino. Y ante tan temible enemigo, no sin antes vencerle y hacerle retroceder en su avance, morirás para siempre y tu alma podrá descansar en paz, oscuro adalid.

El sonido de un trueno hizo que Alius se levantara de golpe justo al escuchar la última palabra. –La jodida tormenta está sobre nosotros otra vez. Eso no tiene sentido… -Dijo Alius subiendo a cubierta. –Hace dos horas que la dejamos atrás.

Ante Alius se encontraba la misma escena que la mañana anterior. Una tormenta asolaba el barco sin piedad.

-¿Cómo ha podido suceder esto? –Dijo Alius mirando a Séneca el cual estaba girando el timón para no chocar contra una ola enorme que venía hacia ellos.

-¡No lo sé! –Dijo Séneca mirando al chico. –Se suponía que tú nos estabas sacando y así fue durante las primeras horas, pero luego empezó de nuevo la tormenta, llegó sin avisar, ni siquiera escuchamos los truenos de lejos.

-Esto no es natural… -Dijo una voz a espaldas de Alius. Una voz que solo había escuchado dos veces antes. –Preparaos para acatar mis ordenes, tú también Alain, a partir de hoy te llamarás así, luego te lo explicaré, ahora preparaos para la guerra.


Niebla o Nube, qué más dará.

Escrito por AlainDGeiser 17-09-2014 en Poesía libre. Comentarios (0)

No soy más que niebla,

Niebla que se levanta

Niebla que asciende

Nubes bajas que se pierden...


Niebla o nube que no tiene lugar

Nube o niebla que no tiene hogar

Niebla... nada más que niebla...

Nube vacua de todo sentimiento.


Sólo soy niebla, que se vacía de todo sentimiento

Nube que se recluye en si misma para protegerse

Ni miedo, ni ilusión, ni alegría, ni amor.

Ni pasión, ni fervor, ni cólera, ni tan siquiera terror.


Ningún sentimiento puede anidar en mi

pues no soy más que niebla... 

una niebla vacía, un corazón herido

un vacío en el alma, un muerto en vida.


La caída de Sibellus. 2ª Parte de El Arbitrador.

Escrito por AlainDGeiser 17-09-2014 en Warhammer 40.000. Comentarios (0)

Era una mañana normal en el Palacio de Justicia, el cuartel general de los Arbitradores de la colmena Sibellus. Entonces fue cuando recibieron la alarma. Había disturbios en la ciudad, alguien o algo había incitado al pueblo a una rebelión y por tanto era el turno de que el Orden fuera restablecido en la colmena.

Jeriko estaba despierto desde bien temprano, recogió su equipo y se encaminó al garaje del cuartel. Allí se encontró con nueve de sus compañeros Arbitradores, dos de ellos se subieron a la parte de delante del furgón mientras los otros ocho incluyéndose a si mismo se metieron en la parte de atrás del mismo. Dentro del vehículo Jeriko preparó su equipo concienzudamente. Colocó bien la correa del lado derecho que llevaba colgado su fusil de asalto con silenciador, en esa misma correa se encontraban dispuestos dos cargadores para el mismo fusil, lo que incluyendo el que portaba el arma en su interior eran tres, noventa balas que serian repartidas en caso de necesitarse. Colocó la correa del lado izquierdo en la cual estaban dispuestas en horizontal ocho cartuchos de escopeta, que junto a los otros ocho del interior del arma y los que portaba en la culata hacían un total de veinticuatro. Además de eso llevaba una pistolera en la pierna izquierda con una pistola de bajo calibre con silenciador, dispuesta así por si se terciaba la oportunidad de dispararla. En su mano derecha, la no hábil, se encontraba su escudo antidisturbios. Un escudo negro con una calavera imperial de color marfil en su parte delantera. Un símbolo de poder, un símbolo de protección del Dios Emperador. Por último al lado derecho del cinto llevaba su porra y a su espalda su fiel escopeta corredera a la cual había añadido una mira laser para apuntar mejor y una empuñadura adicional para poder usarla a la vez que portaba el escudo con la derecha.

Justo al acabar de preparar su equipo el vehículo se paró tras recibir algunos pequeños golpes y bamboleos. Entonces la puerta se abrió y se encontró de frente con una marabunta de alrededor de cien mil personas, todas dispuestas a tomar las calles, la cual estaba defendida por varias filas de Arbitradores todos armados con porras y escudos.

Los Arbitradores no estaban usando fuerza letal, simplemente echaban hacia atrás a la multitud usando la violencia necesaria, ni más ni menos. Entonces uno de los insurrectos se acercó corriendo a Jeriko con una barra de hierro en la mano, a lo que Jeriko contestó parando el golpe con el escudo y asestando él mismo un golpe con su porra, con tan mala suerte para el pobre individuo que de un único golpe acabó tendido en el suelo sin poder levantarse de nuevo al caer inconsciente del golpe. Entonces un Alto Procurador de los Arbitradores pronunció sus palabras favoritas.

- Abrid fuego. –Dijo el Alto Procurador a los demás Arbitradores que abrieron fuego inmediatamente.

Entonces la multitud comenzó a recular y volver a sus casas, dejando tras de si una pequeña cantidad de cadáveres. Pequeña en proporción a la cantidad de gente que habitaba la ciudad.. pero allí se perdieron al menos mil vidas solo por no haberse ido cuando se les pidió sin usar fuerza letal.

-A veces se les olvida que esto lo hacemos por su bien.. que a nosotros no nos gusta matar humanos, si no protegerles. Incluso de ellos mismos si es necesario. –Dijo Jeriko mientras enfundaba la porra en el cinto y montaba de nuevo en el furgón junto a sus compañeros sin darse cuenta de que la sangre de los caídos en la rebelión empezaba a teñir de rojo el suelo de las calles de la colmena Sibellus.

Pasadas dos horas de viaje a través de los distintos niveles de la colmena el furgón volvió al Palacio de Justicia y justo en ese momento, se paró de golpe el vehículo.

Entonces el conductor se bajó. Se oían sonidos de explosiones y disparos de armas de fuego en toda la zona y eso hizo que Jeriko bajara rápido del vehículo con su escopeta en la mano izquierda y el escudo en la derecha. Colocándose de lado contra el vehículo vio dos formas con túnicas negras y mascaras plateadas plantándole cara a unos Arbitradores y matándolos de sendos tiros en el pecho a ambos agentes de la ley. Entonces Jeriko avanzó hacia ellos con paso decidido seguido de un par de compañeros más que en seguida se perdieron en medio del polvo y el humo levantado por las explosiones mientras el furgón salía disparado hacia delante atravesando la niebla.

El primero en abrir fuego fue uno de los sujetos enmascarados que erró su disparo, y fallando así la única oportunidad de vivir que tenía. Jeriko levantó su escopeta y disparó un único disparo que alcanzó al objetivo en varias partes del cuerpo dejándolo hecho una masa sanguinolenta en la pared de detrás. El otro enemigo disparó su arma contra el Arbitrador que escondió sus ojos de color verde tras el escudo, el ataque resultó del todo ineficaz y este no consiguió acertar en el Arbitrador que tras el ataque de su enemigo dio dos pasos hacia delante y colocándole la escopeta en la barbilla disparó, haciendo que ese hombre le explotara la cabeza en un espectáculo de fuegos artificiales algo sangriento.

-Esto pasa cuando atacas mi casa y matas a mis hermanos. –Dijo el Arbitrador hombre de pocas palabras mirando el cadáver del hombre al cual le había volado la cabeza.

Tras decir estas palabras Jeriko cruzó la humareda que le separaba de la entrada al cuartel. Mientras andaba se cubría con su escudo, protegiéndose de los disparos que otro hombre estaba lanzando desde la puerta con un arma automática. La primera ráfaga del sujeto en cuestión falló al intentar impactar en Jeriko pero dio en el pecho de uno de sus compañeros que se encontraba detrás de él a pocos metros a su derecha. Entonces Jeriko se encogió un poco tras el escudo, protegiéndose con más cuidado y sin acercarse aún a su enemigo a distancia de escopeta sacó la pistola y de dos disparos hizo que el hombre se levantará de su posición y dejara la guardia baja lo suficiente como para que un Arbitrador se le acercara por la espalda y le golpeara con la culata en la nuca, matándolo en el acto.

Jeriko avanzó entonces seguro hasta la puerta, subiendo la escalera con rapidez y entonces reparó en la mascara de hierro que tenían los hombres.

Jeriko se agachó al lado del cadáver y cogió la mascara con cuidado, guardándola en su gabardina antifragmentación. La mascara hecha de hierro tenía un solo ojo y al quitarla de la cara del hombre que la llevaba pudo verse su rostro. Un rostro terriblemente deformado con un solo ojo en el centro del mismo.

-Un culto de mutantes.. atacan nuestro cuartel, e intentan tomar nuestra ciudad. –Dijo Jeriko mientras se volvía a levantar y recargaba sus armas para tenerlas dispuestas para el combate. –Pues que se preparen.

El Arbitrador, seguido del hombre que había acabado con el mutante entraron en el cuartel. Las puertas estaban reventadas y un furgón policial estaba empotrado contra la pared del fondo, alrededor de él yacían muertos al menos veinte mutantes, y siete Arbitradores estaban allí, construyendo una muralla con los cadáveres de los mutantes para resistir el ataque.  Jeriko se adelantó antes de que hablaran los demás y preguntó con rapidez al que parecía dirigir la defensa.

-¿Sabes donde está la mayoría de las fuerzas enemigas? –Preguntó expectante Jeriko.

-No tengo la menor idea, solo sé que no dejan de venir más y más enemigos y que no podemos salir de aquí porque si toman el hall estamos vendidos. –Dijo el hombre a Jeriko.

-Está bien, yo voy a la sala de instrucción, quizás queden cadetes aún con vida, y merecen la oportunidad de luchar por salvarlas. ¿Alguien me acompaña? –Dijo mirando a los hombres que estaban allí.

-Nosotros iremos. –Dijeron tres de los hombres y el que le había ayudado hacía un momento.

-Estupendo, vamos a por nuestros hermanos. –Una media sonrisa apareció en el rostro del Arbitre que se llevó la mano al lado derecho de la gabardina tomando su petaca y dándole un trago al Whisky que llevaba dentro.

Jeriko y los demás Arbitradores llegaron al pabellón de los cadetes donde se encontraron de frente con un ataque masivo de mutantes contra cadetes y agentes que estaban superados en número. Un grupo de veinte mutantes estaba disponiendo un ataque contra los chicos y entonces justo en el momento en el que iban a atacar a los cadetes Jeriko colocó su escudo delante de él y sacando su rifle de asalto lanzó un barrido contra los mutantes. Sus camaradas se le unieron con rapidez así como los cadetes y agentes del otro lado, pillando a los mutantes en fuego cruzado y acabando con ellos con una eficacia escalofriante.

-¿Estáis bien? –Pregunto Jeriko al que parecía ser el líder del otro grupo.

-Si, algunos heridos pero estamos bien. –Dijo el hombre con claro signo de agradecimiento por la ayuda recibida.

-Me alegro de oír eso. ¿Sabes donde está Ishmael? –Inquirió Jeriko al joven con el que hablaba.

-Si, se fue con un pequeño grupo de unos diez hombres hacia las oficinas. –Dijo el chico mirando a Jeriko, al cual reconoció ahora que estaba más tranquilo como el Arbitrador que había sobrevivido a una incursión en territorio de sectas caníbales.

-Vale. ¿Quién se viene conmigo y quien se queda a defender esta zona y a los heridos? –Pregunto Jeriko.

-Yo iré contigo. –Dijo el chico terminando de recargar su escopeta de dos cañones.

-¿Nadie más viene? –Preguntó Jeriko que esperó cinco segundos sin recibir respuesta.  –Estupendo, más mutantes para nosotros. Vámonos chico. –Dijo con una sonrisa cansada mientras recogía su escudo del suelo y apoyaba su escopeta en el hombro dirigiéndose hacia el piso de arriba donde se encontraban las oficinas.

Allí se encontró de frente con una autentica carnicería, cuerpos de arbitradores y mutantes, más de estos últimos que de los primeros se encontraban por todos lados. Algunos incluso estaban clavados a la pared con espadas atravesándoles el pecho. Era realmente un espectáculo dantesco. Pero sin embargo eso no asustó a Jeriko ni a su cadete, el cual seguía a su lado sin vacilar, esperando ver al hombre que tenía delante actuar como se esperaba de alguien como él, con valentía. Caminaron con cautela hasta que uno de los dos escuchó un ruido en una de las habitaciones laterales. Entonces se acercaron a ella y usando el código morse que usaban los arbitres en casos como aquel practicaron un SOS dando golpes en la puerta. Al otro lado de la puerta se les respondió con el mismo código.

Jeriko abrió la puerta con cuidado y al ver a un Arbitrador se relajó un poco.

-¿Te pasa algo, estás herido? –Quiso saber Jeriko que miró al otro hombre de arriba a abajo.

-Apenas un rasguño, pero me he quedado sin munición. –Dijo el hombre que iba armado con una pistola de bajo calibre.

-Toma la mía y síguenos. –Dijo Jeriko pasándole su pistola y el par de cargadores que tenía encima. –Vamos a por Ishmael y los demás, parece que tienen un tiroteo en las oficinas.

-Claro, vamos hacia allá.  –Dijo el arbitrador que recargó su arma con uno de los cargadores y colocó la de Jeriko a punto por si se terciaba utilizarla.

Los tres arbitradores caminaron apenas unos metros cuando volvieron a escuchar ruido en uno de las habitaciones laterales. Volvieron a proceder de la misma forma, usando el código morse procedieron con el SOS y les respondió de la misma forma. Entonces Jeriko abrió la puerta y de golpe se encontró con un mutante que se le echó encima con un cuchillo que al intentar golpearle no llegó a traspasar su gabardina antifragmentación. Justo cuando tuvo un poco de espacio se echó hacia un lado y dijo: Disparad.

El cadete disparó con su escopeta de dos cañones pero erró en el disparo, mientras que el arbitrador armado con la pistola disparo una ráfaga que dio de lleno en el pecho del mutante el cual cayó al suelo con un ruido sordo al golpear el mismo.

-Busca un arma más adecuada, quizás haya algo por aquí. –Dijo Jeriko mientras vigilaba que ningún otro enemigo les atacase mientras se pertrechaban sus compañeros.

El chico recogió un fusil de asalto con varios cargadores, mientras que el de las pistolas prefirió quedarse con sus armas.

Después de equiparse los tres arbitres caminaron otro trecho más hasta llegar a una zona de ordenadores donde un solo Arbitrador plantaba cara a cinco mutantes.

Entonces Jeriko procedió como antes y sacó su rifle de asalto golpeando a dos mutantes y matando a uno en el acto con varios tiros, quedándose con diez balas en el cargador. Mientras esto ocurría el Arbitrador se levantó a disparar a uno, fallando en el intento y recibiendo dos tiros que acabaron con su vida. Como el rifle de asalto de Jeriko estaba provisto de silenciador aún le quedaba la opción de volver a disparar y así lo hizo antes de que se diera la vuelta el otro mutante, por desgracia falló ese ráfaga y solo le quedo la opción de colocarse tras su escudo el cual recibió una ráfaga de la pistola del mutante.

Mientras tanto el cadete y el Arbitrador de las pistolas dispararon sus armas matando al instante a uno de los enemigos y  quedándose el combate en un tres contra tres.

El mutante de la pistola disparó de nuevo contra Jeriko con tal mala suerte que se le encasquillo el arma.  Jeriko entonces fue a por el y disparó su escopeta, golpeándolo pero no matándolo.

Mientras tanto el Arbitrador de la pistola estaba en un tiroteo contra el otro mutante que falló su disparo y sacó un hacha de mano acercándose al Arbitrador. Éste disparó contra el golpeándolo en el pecho pero sin matarle. Cuando lo tuvo encima de él un solo golpe del hacha del mutante más el daño que ya le habían hecho antes de conocer a Jeriko terminó por matarle.

Durante esos dos combates el cadete estaba disparando al mutante al cual dejó tocado con una ráfaga del rifle de asalto sin embargo el mutante se acercó al cadete con la bayoneta del mosquete que llevaba y se la clavó en el hombro, haciendo que el cadete profiriera un grito de dolor mientras golpeaba al mutante con su porra partiéndole varias costillas, que éste pareció no sentir.

Jeriko estaba aún trabado en combate con el hombre de la pistola encasquillada, pistola que tiró al suelo y desesperado por acabar con Jeriko sacó una pistola de chispa. Tal fue su mala suerte que al disparar la pistola este le explotó en la mano arrancándole la mano y haciéndole morir en el suelo desangrado e inconsciente.

Entonces Jeriko corrió a ayudar a su compañero caído, pero ya era demasiado tarde por lo que simplemente disparó desde donde estaba golpeando al mutante que había matado al Arbitrador de la pistola, matándole también a él. Comenzó a correr a socorrer al cadete pero justo al llegar a su lado el mutante volvió a clavarle la bayoneta en el pecho matándolo en el acto. Jeriko disparo al mutante en la espalda al ver como la luz en la mirada del chico se apagaba, muriendo ambos, arbitrador y mutante con diferencia de milésimas de segundo.

Jeriko se acerco al cadáver del chaval, buscando su placa y la colocó en el interior de su gabardina, se acercó al del otro arbitrador y cogió su placa también, ambos habían muerto en acto de servicio.. eran hermanos que acaban de morir por ayudarle a él a salvaguardar la paz del Imperio, merecían un respeto. Cogió su pistola y sus cargadores del cadáver del Arbitrador y se dispuso a seguir hacia delante, dejándose llevar por el sonido de los disparos y el olor a pólvora quemada.

Tras unos minutos caminando por las oficinas del Palacio de Justicia Jeriko se encontró de frente con un combate entre ambos bandos, Arbitradores comandados por Ishmael contra mutantes comandados por un hombre que vestía una armadura de placas y portaba una espada sierra. Ishmael y el comandante de los mutantes estaban enfrentándose  en un duelo a espada en el que nadie parecía intervenir pues estaban bastante liados con los suyos propios. Jeriko comenzó a correr hacia allí pero por desgracia para el un mutante le atrapo por la espalda impidiéndole moverse y continuar con su avance. Por desgracia para el mutante Jeriko contaba con su pistola en la pernera izquierda y disparó dos ráfagas en la pierna del mutante, matándole y librándose así de la presa que le tenía sujeto.

Siguió hacia delante y preparó su disparo con cautela, apuntando previamente al mutante con sumo cuidado para no darle a Ishmael. Disparó y por desgracia el mutante esquivo el disparo, no así el que estaba detrás de él, el cual recibió las tres balas en su cabeza.

-A la primera… -Dijo Jeriko riendo mientras recargaba su arma y volvía a disparar al líder de los mutantes, golpeándole esta vez en el pecho izquierdo y haciéndole saltar un par de placas del pecho. El mutante le miró con chulería a lo que Jeriko contestó con simple gesto con su dedo corazón. Esto hizo que el líder del culto hiciera que dos de sus subalternos fueran a por él.

-¿Solo dos? Decepcionante. –Dijo Jeriko que preparo su escopeta para dispararle al mutante que cargaba hacia el con un hacha de batalla a dos manos. Tal fue el disparo que el mutante salió volando hacia atrás, dejando en el suelo solo su hacha, que quedó suspendida en el aire durante una fracción de segundo para caer donde antes también estaba su dueño. Jeriko preparó entonces una posición defensiva para defenderse de la carga de su enemigo.

Cuando chocaron el Arbitrador hizo uso de la energía cinética del mutante y de su propia fuerza para hacer palanca con el escudo y lanzarlo por encima suya. Cosa que logró. Mientras el mutante caía al suelo Jeriko ya estaba de nuevo en pie y apuntando a su cara con la escopeta, la cual de un único tiro hizo escabechina al mutante. –En todos los aspectos… -Dijo mientras se giraba a ver como iba el duelo de Ishmael, el cual para su desgracia acaba de ser decapitado por el mutante.

-Ese.. era tu seguro de vida. –Dijo Jeriko lanzando una granada que llevaba a su espalda oculta por la gabardina. La granada cayó perfecta, a los pies del mutante pero no explotó, el mutante la cogió con parsimonia y la lanzo hacia atrás dejándola caer encima de un grupo de sus propios subalternos y matando a un par de ellos. –Todo estaba calculado. –Dijo Jeriko quitándole hierro al asunto. Y apuntando al mutante al cual disparó con su escopeta golpeándole en el pecho y quitándole parte de su armadura de nuevo.

Fue entonces cuando el mutante lanzó a sus pies la cabeza de Ishmael… lo cual hizo que Jeriko entrara en cólera. Volvió a disparar al mutante errando el disparo y entonces fue cuando lo tuvo encima y escuchó el sonido de su espada sierra cerca de él.. un sonido estremecedor.  Jeriko paró el primer golpe con su escudo, desviando el arma del líder mutante y golpeándole con su porra sin hacerle daño. Este volvió a golpearle y a duras penas consiguió bloquearle el golpe.

-Puestos a morir… que sea mejor llevándote conmigo. –Dijo Jeriko sacando su última granada y dejándola caer a los pies del mutante protegiéndose con su escudo de la explosión.

Una sonora explosión hizo volar al mutante cinco metros hacia detrás mientras que solo hizo que Jeriko se cayera de espaldas, con la cabeza de Ishmael aún a sus pies pues la había protegido con su escudo.

Desde el suelo vio como el mutante se levantaba, Jeriko respondió con un disparo desde el suelo el cual destruyo los tendones del brazo izquierdo de su enemigo.. por desgracia el problema era el derecho donde llevaba su espada sierra.

Jeriko se levantó como pudo y espero al líder del culto mientras un Arbitrador que había terminado de combatir le disparó en la cadera rompiéndole algunas costillas e impidiendo que se moviera con la suficiente rapidez. El mutante volvió a atacar a Jeriko con fuerza inusitada para un hombre moribundo como aquel, por desgracia para Jeriko esta vez no bloqueo el golpe y se llevó un profundo tajo en el pecho, tras el cual el mutante le dio una patada que lo hizo alejarse varios metros hacia atrás.

-Craso error.. yo soy de distancias largas. –Dijo Jeriko disparando desde el suelo con su escopeta al malnacido y dándole en el pecho.

Igualmente el mutante siguió moviéndose hacia él, obsesionado con destruirle. Entonces el mismo Arbitrador de antes le dio con otro disparo el cual le destruyo la columna vertebral haciéndole caer al suelo aún con un último aliento de vida pero sin posibilidad de moverse.

Jeriko se levantó del suelo con ayuda de su escudo y escopeta, usándolas como muletas y se acercó a una distancia prudencial del mutante. Apuntando a la cabeza del mismo con su escopeta disparo, reduciéndola a algo parecido a pulpa de fruta. –Eso va por Ishmael. –Dijo Jeriko mientras se agachaba a coger la espada sierra del enemigo y la guardaba en su mochila como recuerdo.

Se acercó al cadáver de Ishmael el cual era fácilmente reconocible por no tener su cabeza, y también le faltaba un brazo el cual estaba a unos pocos metros del cuerpo. Jeriko se arrodilló a su lado, cogiendo su placa y colgándola junto a las de los otros dos arbitradores que habían luchado a su lado.

-Descubriré quien está detrás de esto.. tenéis mi palabra. –Dijo Jeriko mirando a las placas de sus compañeros caídos en combate. –Acabaré con todos ellos aunque sea lo último que haga.

-Señor, tenemos que irnos, la ciudad está perdida.. –Dijo una voz a su espalda, era el Arbitrador que había destruido la columna del líder de culto.

-¿La ciudad entera? –Dijo Jeriko quedando los ojos en blanco. –¿Cómo.. es eso posible?

-No lo sé señor, pero prácticamente esto es todo lo que queda del cuerpo de Arbitradores de Sibellus. –Dijo señalando apenas a los doscientos arbitradores que había en la sala.

-Está bien.. ¿a dónde vamos? –Quiso saber Jeriko.

-Al yermo, nos han dado ordenes de ir a un asentamiento que hay allí. Desde allí podremos reorganizarnos y esperar los refuerzos del Imperio. –Dijo el Arbitrador.

-Vayamos entonces… -Dijo Jeriko levantándose del suelo y caminando renqueante el camino de vuelta.

Al llegar al vestíbulo se encontró con la sorpresa de ver a los mismos cuatro arbitradores que había dejado allí cuando fue a buscar a los reclutas. Se subió al vehículo junto a ellos y se fueron en dirección al yermo de fuera de la ciudad colmena.

Cuando llegaron al asentamiento Jeriko fue directo al hospital de campaña.

-Cuando puedan cúrenme, lo mío no corre prisa.. es mejor que se ocupen de los más graves primero. –Dijo al ver como un médico se le acercaba rápidamente al ver su herida sangrante en el pecho.

Haciendo caso omiso de lo dicho el médico lo llevo hasta una camilla donde lo dejó tumbarse y comenzó a curarle su herida.

Al cabo de unos minutos cuando hubo acabado se quedó dormido unos veinte minutos hasta que escuchó una voz conocida y olió algo maravilloso a su lado, Whisky.  Abrió los ojos y se encontró de frente con el Inquisidor Gideon.

-Buenas tardes, señor. –Dijo Jeriko mirando al Inquisidor a los ojos.

-No tan buenas para ti al parecer. –Dijo el Inquisidor mirando los vendajes.

-Esto no es nada, el otro acabó peor. –Dijo sonriendo de medio lado y dando un trago a la botella que el Inquisidor había traído.  -¿Qué hacéis aquí, en el asentamiento?

-Han llegado al fin las dos personas que hacían falta para el sequito inquisitorial. Te esperamos en el bar del asentamiento. –Dijo Gideon levantándose y marchando hacia el bar.

-Este hombre es terriblemente raro.. pero tiene buen gusto con el Whisky. –Dijo sonriendo el Arbitrador mientras se levantaba y comenzaba a vestirse. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su gabardina antifragmentación estaba rota. –Necesitaré otra nueva. –Dijo apenado mientras acariciaba las placas de sus compañeros con su mano izquierda.

Jeriko se levantó de la cama ya totalmente equipado y fue hasta el bar que le había indicado el Inquisidor.

Se lo encontró con dos chicas, una joven alta con el pelo muy largo y una chica pequeñita con un.. martillo a dos manos. Desde luego el grupo era heterogéneo y bastante raro. Echaba en falta allí a Metallus y al asesino que se le presentó en la última ocasión y cuyo nombre no recordaba.

-Me llamo Jeriko Dariel. –Dijo al sentarse el hombre de treinta y tres años y cabellos grises. – Y hasta hace unas horas, era un Arbitrador de esa ciudad de allí. –Dijo señalando con la cabeza la Colmena Sibellus.

Jeriko sacó la botella de Whisky que el Inquisidor había dejado en el hospital y de dispuso a beber de la misma.

-Falta Mira. –Dijo Gideon mirando a los tres, de uno en uno. -Ah, aquí está… -Dijo al ver como un guardia imperial dejaba una armadura imperial de color verde bosque. –Esa armadura podría valerte, Jeriko. –Dijo el Inquisidor al Arbitrador.

-Yo solo visto de negro. Y a veces de gris muy oscuro. –Dijo riendo. -Pero podría pintarla así que me la quedaré. –Dijo Jeriko mirando la armadura que pronto usaría para luchar contra esos mutantes.  -¿De quien era? –Preguntó el Arbitrador mirando la armadura.

-De una chica llamada Mira, por suerte las armaduras del imperio son unisex, así que te valdrá perfectamente. –Dijo el Inquisidor levantándose sin más del asiento.

-Ahora bien solo quedan tres personas más por venir, cuando estemos todos.. veremos lo que hacemos con la Colmena, descansad y cuídate esas heridas, Dariel.

Y así terminó el día y cayó la ciudad colmena de Sibellus. Seis mil millones de vidas.. la gran mayoría perdidas. Y mirando la ciudad Jeriko adivinó algo.. tendría que volver atrás, tendría que volver a entrar para buscar a alguien.. Metallus saldría de allí, con vida. No dejaría atrás a nadie esta vez, no dejaría que otro muriese a manos de esos mutantes.