Blog de Alain D. Geiser

The Great War.

Wilfred Owen: Anthem for Doomed Youth

¿Qué campanas doblan para los que mueren como bestias?
Sólo la ira monstruosa de los disparos.
Sólo el rápido tableteo tartamudo de los rifles
puede vomitar sus plegarias apresuradas.


No hay farsas ahora para ellos; ni oraciones, ni campanas;
ni una voz de duelo salvo los coros, –
los estridentes, demenciales coros de granadas gimientes;
y cornetas que les llaman desde tristes condados.


¿Qué cirios pueden sostenerse para honrarlos?
No en manos de los monaguillos, sino en sus ojos
brillarán las tenues luces de las despedidas.


Las frentes pálidas de las chicas serán su sudario;
Sus flores la ternura de espíritus sosegados,
y cada lento atardecer una penumbra en el salón. 


Pocas son las palabras que pueda decir que no haya dicho ya el autor.

La Gran Guerra fue el mayor horror conocido por el hombre hasta la 2ª Guerra Mundial. Decenas de millones de muertos son los que se cuentan. Pero ellos no son las únicas víctimas como bien dice el autor, pues sus familias en sus hogares también los recuerdan con lagrimas en sus ojos, misas en las catedrales y flores en sus lapidas sin cadáver o apenas restos de ellos, tan solo con nombres y alguna que otra palabra afianzando su lucha por la libertad en una guerra que ellos no pidieron luchar pero no tuvieron otra opción frente al peligro que corrían sus familias frente al enemigo a vencer.

Las campanas a las que se refiere el autor no son otras que las balas disparadas en el campo de batalla, coreadas a su vez por las explosiones de las granadas, tanto enemigas como aliadas. Pero es que esas campanas, no son de una catedral, ni de una iglesia en la campiña francesa, son las iglesias de sus hogares, el lugar al que desean regresar, pero por desgracia no será posible, pues sus vidas tocaran a su fin allí, en el campo de batalla, luchando por todo lo que habían construido en el pasado sus padres y abuelos, luchando por todo cuanto ellos legarían a sus hijos. En esta época los soldados no morían por petróleo o diamantes, luchaban y morían por sus ideales por defender la libertad de sus hijos.

Wilfred, no soy quien para criticar tu obra, pues eres con diferencia más valiente que yo. Pero al menos creo que puedo regalar algo a tu memoria, pues no moriste en vano, somos libres, quizás no tanto como sea posible, pues somos marionetas de un sistema que nos oprime en bastantes ocasiones, pero somos libres para admirar obras como las tuyas, como las de muchos de tus camaradas que como tú luchasteis por un futuro mejor. Puede que mi guerra no esté en el campo de batalla como fue la tuya, pero lucharé a mi manera en mi campo de batalla particular.

Descansa en paz, Wilfred Owen, una lástima que no hubieras vivido un poco más, para ver como la guerra tocaba a su fin y pudieses vivir en paz como merecías. 


Y mi regalo, puede que no sea genial, pero va con todo mi corazón: 


¿Quienes sois para que canten algo sobre vosotros?

¿Quienes más que hormigas en el camino de otros?

Vosotros sois los olvidados, los que luchasteis por vuestros hijos y nietos.

Fuisteis esposos, profesores, escritores, padres, hermanos o hijos.


Fuisteis todo eso y acabasteis por ser objetivos de algo hecho de metal.

Y es que vosotros, los caídos en la Gran Guerra nos fuisteis arrebatados por batallas infernales. 

Grande fue la guerra, pero más grandes vosotros, sujetos de una masacre abismal.

Porque vosotros erais una generación de artistas, trabajadores y grandes pensadores.


En verdad, la humanidad os debe algo a vosotros.

Luchadores empedernidos de más calibre que las balas que os arrebataron las vidas.

Vosotros que luchasteis como los Trescientos.

Os fue arrebatada una vida, de forma injusta y cruel al lado de vuestras familias. 


Para vosotros este es mi regalo, que hace eco de algo agrietado.

Para vosotros este es mi presente, que hace reclamo del pasado.

Un pasado que era vuestro, y un presente que es mío gracias a vosotros, soldados.

Y aunque no todos tenéis nombres, todos sois lo mismo para mi, héroes tristemente olvidados. 


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