Blog de Alain D. Geiser

Jardín del Edén.

Me gustaría escribir algo ahora mismo. Terminar alguna historia de las que tengo empezadas, escribir algún poema, libre o con métrica, tan solo expresar lo que siento y dejo de sentir, pero es tan difícil a veces entender lo que pienso. Tan complicado distinguir mis sentimientos.. lo que quiero, lo que odio.

No hay lugar en el que mis ojos caigan al cerrarse, nada en mi cabeza, ninguna imagen que se retuerza en mi mente con la intención de hacerme ver algo allí que a mis ojos escape. 

Tampoco hay colores, solo una blanca luz, ausencia de color y sensación. No veo nada cegado por esa luz que en mi cabeza parece morar, prefiero la Oscuridad, al menos en ella puedo imaginar siluetas y no ciega mis ojos.

Hoy es uno de esos días tristes en mi cabeza, que debería estar bien, que no tengo motivos para estar mal, y sin embargo lo estoy, porque no siento nada claro en mi interior, tan solo miedo a permanecer siempre así. A levantarme mañana al amanecer, y que con las primeras luces del alba en mi vida solo vea eso, una luz blanca, sin color ni nada extraordinario sobre lo que hablar. 

Tengo miedo, a perder mi visión particular del mundo. Miedo a no ser capaz de volver a escribir, de no poder jamás volver a imaginar. Y es que en mi mente ahora mismo reinan el Vacío y su blanca luz. Y tengo miedo de que no llegue nadie a dar al traste con su reinado. Temo por mis criaturas, por mis vampiros, por mi elfo, por mi arbitrador.. temo por cada uno de mis hijos, pues eso es lo que son.

Un padre y una madre dan vida a un hijo, y yo doy vida a mis historias con sus personajes, protagonistas, antagonistas, secundarios o simples personajes de relleno. Los escritores somos dioses en nuestros mundos, damos forma, destruimos y creamos a nuestro antojo cosas inimaginables para otras personas... Pero tememos algo más que cualquiera otra persona. Tememos que nos pase como a los dioses de antaño, que se nos olvide que creamos un mundo, que se nos olvide cuidarlo, verlo crecer, cortar las malas hierbas y regarlo al atardecer.

Somos jardineros, cuidamos nuestro jardín, nuestro Edén, porque eso es para mi la escritura, eso es para mi ser escritor. Cuidar mi jardín, regar cada personaje, cada uno de sus pensamientos, cada uno de los momentos que en su día me propuse relatar. Y así es como quiero pasar mi tiempo; relatando sus vivencias, regando sus vidas y haciéndoles crecer. 

Pero hoy es uno de esos días en los que el trabajo del jardinero es tanto que no sabe que hacer primero... que no sabe si podar primero el seto, regar las rosas o las violetas... Que no es capaz de dar a basto con su trabajo, y lo que es peor, se siente mal porque deja desatendido a sus hijos y eso duele, y eso es lo que siento hoy. Dolor por no poder atender a mis hijos y miedo por no saber como hacerlo, por no saber si podré atenderles en el futuro. 


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