Blog de Alain D. Geiser

El sonido del trueno.

La luz iluminó los rostros de los hombres que se encontraban sobre la cubierta del barco durante unos segundos, hasta que oyeron el estruendo del trueno que un momento antes había surcado las nubes por encima de sus cabezas.

-¡Séneca, al timón! –Dijo una voz autoritaria mientras corría hacia las cuerdas de las velas y comenzaba a trazar complejos nudos para evitar que el viento se las llevase.  –Pon rumbo al Oeste, la tormenta viene de allí y si seguimos hacia el Norte solo conseguiremos tenerla encima todo el rato.

-¿Pero quién se cree que es este chiquillo? –Dijo Séneca mirando a Luciano.

-El navegante del barco. -Dijo el Sire de Alius mirando a Séneca. –Así que hazle caso si no quieres acabar llegando a la costa mojado y a pata por el lecho marino.

-Si si.. ya voy. –Dijo Séneca desapareciendo y apareciendo el timón segundos después con las manos en el timón. –¡Agarraos, panda de chupasangres! –Dijo dando un giro brusco al timón que hizo que el barco diera un brusco cambio de dirección colocándose de frente al viento.

Alius terminó pronto de atar las velas y bajó del mástil donde se encontraba. Iba vestido con un pantalón de tela arpillera negra y una camiseta blanca con el pecho ligeramente descubierto, apenas sentía frío pues su piel muerta ya era de por si bastante más fría de lo habitual en los otros Vástagos de Caín. Al parecer como ya le habían explicado los demás Lasombra del barco no todos los vampiros eran iguales. Incluso dentro del propio Clan había vampiros con habilidades y características propias, maldiciones menores más allá del no tener reflejo como era el caso de Luciano, Gratiano o Séneca. El propio Alius era portador de maldiciones incluso más raras que esa. Su reflejo era su propia Sombra, su poder oscuro interior, cada día más creciente y poderoso desde hacía ya cincuenta años que le habían convertido. Había aprendido a usar sus nuevos poderes, conocía sus nuevas debilidades e incluso las maldiciones extrañas con las que había sido concebido como Vástago en aquel barco hacía ya tantos años.

Alius se reflejaba en los espejos como su Sombra, a la cual había optado por llamar como ella le había pedido, Abismo. Además de esa extraña peculiaridad que por lo visto solo compartía con el líder del clan, el Señor de las Sombras, Alius poseía un extraño don conocido como Sangre de Neptuno entre los suyos. Era una especie de sexto sentido que le permitía ver las tormentas antes de que estas llegaran a estar sobre el barco, no literalmente, pero si le permitía poder salir de ellas sin ninguna clase de problema, como estaban haciendo ahora mismo bajo sus ordenes. Era un Don que hacia siglos que no se veía y por tanto era bastante preciado entre los Lasombra. Junto con ese extraño don que a Alius le venía muy bien pues siempre había estado a gusto en el mar se le condenaron a otras dos maldiciones ajenas a la de la sangre Lasombra que corría por sus venas. La primera de todas era el Toque de Escarcha, una maldición que hacia que su piel ya de por si fría por estar muerto, fuera tan fría que provocase que los mortales sintieran la quemazón del hielo al tocarlo. La segunda maldición algo incluso más rara que la primera, Alius había sido condenado con la Mancha de Corrupción, las plantas cercanas a él se pudrían al pasar cerca, y si las tocaba se marchitaban instantáneamente, quedando mero polvo en su lugar.

Juntos esas dos maldiciones llevaron a los demás miembros de la tripulación a ponerle un mote a Alius. Alius, Portador de Muerte. Pues a su paso solo dejaba frío y un yermo estéril por el que nada podría crecer de nuevo hasta pasado años.

No era un apodo que le gustase especialmente al joven pero lo aceptaba a fin de cuentas era su Destino se portador de la destrucción de la vida o así lo vio él desde que había sido condenado a la no vida de forma eterna y sin buscarlo.

Al bajar del mástil se encontró con Gratiano que estaba sentado quieto sin hacer nada mientras los otros dos vástagos de 4ª generación viraban el barco y amarraban los instrumentos a sus sitios para evitar que se fueran volando.

-¿Tú no haces nada, Gratiano? –Dijo Alius mirándole con aire despectivo. No le caía bien, algo dentro de Alain le decía que no podía fiarse de él. Era el más maligno de todos los ocupantes del barco, incluso más que el propio Lasombra con el cual había hablado apenas dos veces y para preguntarle por su reflejo. Ambas veces el vampiro había optado por responder con un “Cuando llegue el momento” y había seguido su curso, desapareciendo en la oscuridad que reinaba en los pasillos del barco.

-Me parece que con no estorbar ya estoy haciendo algo, Alius. –Dijo el Vástago con la voz cargada de desprecio. –Además, no olvides que este no es tu barco, solo eres el navegante, no el capitán.

-Ser el navegante ya es más importante que ser nadie. –Le dijo Alius a Gratiano moviéndose a su lado y quedándose a unos metros de él para que pudiera oírle incluso a pesar de la tormenta. –Y resulta que tu voto es el que menos importa para mi y supongo que para todos en este barco. Lasombra es el líder del Clan. Luciano es el único con progenie además de Lasombra, y Séneca es el capitán del barco pues él lo construyo y lo mantiene en perfecto estado. Tú por el contrario no eres importante para nada en este barco. No tienes ningún Don, tan solo te dedicas a no estorbar, pero allí de donde yo vengo cualquiera que esté en un barco sin hacer nada estorba. –Dijo Alius mirándole de reojo por encima del hombro. –Eres inmortal, al menos podrías molestarte en aprender a hacer nudos y ser de alguna utilidad.

-Se hacer nudos.. aunque no de la clase que tú utilizas, chiquillo insolente. –Dijo Gratiano mirándole con asco ahora ni tan siquiera malamente disimulado. –Algún día agradecerás el tenerme cerca. Cuando no sean tormentas si no otros vástagos o humanos los que pongan en peligro este barco, agradecerás mis nudos, así como mi presencia en este barco, entonces serás tú el que estorbará, chiquillo. Hasta entonces, déjame en paz y piérdete en la Umbra.

Alius siguió su camino sin inmutarse por la amenaza de Gratiano. No suponía un problema para él y por tanto simplemente la ignoró. Caminó hasta llegar al lado de Séneca el cual le dejó el timón cuando éste se acercó.

-Tuyo es el timón, navegante. –Dijo Séneca con una sonrisa que daba a entender que había oído todo cuando habían hablado Alius y Gratiano. –Podría decir que estoy parcialmente de acuerdo contigo. Mi hermano no me cae muy bien... pero por desgracia nuestro Padre Oscuro no nos permite guerrear entre nosotros y hace mucho tiempo que no nos mordemos entre nosotros como haría una camada de cachorros de perro recién nacidos. –Séneca vio como Alius cogía el timón y seguía marcando el rumbo aún en contra del viento.

-Así creo que no llegaremos nunca a salir de la tormenta, el viento es demasiado fuerte y el oleaje nos echa hacia atrás, metiéndonos en la tormenta. Habrá que sacar los remos.  –Dijo Alius mirando al otro vástago, ignorando la parte de la conversación referente a Gratiano.

-¿Los normales, o los especiales? –Dijo Séneca sonriendo de forma extraña.

-Con los normales debería bastar, aunque diría que los especiales nos sacarían de aquí en apenas una hora. Con los otros tardaríamos al menos tres horas en salir de la tormenta. –Dijo Alius desviando la mirada hacia arriba mientras pensaba.

-Ayúdame entonces con los especiales. Encargarte tú del lado derecho y déjame a mi la izquierda. –Séneca se levantó de la balaustrada donde estaba sentado y desapareció para aparecer en la izquierda del primer mástil. –¡Vamos Alius! Aún te mueves como una viejecita. –Dijo Séneca mientras extendía los brazos y se colocaba en posición de cruz.

Alius canalizó la fuerza de su sangre vampírica hacia sus músculos y haciendo uso de ella aumentó su velocidad hasta recorrer los cuarenta metros que los separaban en apenas un segundo. Colocándose en la misma posición que Séneca llevó a cabo su ritual de concentración propio y tras un minuto concentrándose en el poder la Oscuridad una docena de tentáculos de tres metros aparecieron en la popa derecha del barco y otras dos docenas en la parte izquierda. Ambas formaciones comenzaron a palear el agua a la vez haciendo que le barco comenzará a moverse como llevado por remeros en lugar de usar el viento que ahora mismo tenían en contra.

-La verdad es que nunca se nos había ocurrido usar los tentáculos de sombra de esa forma. –Dijo Séneca mirando por la barandilla de la borda izquierda.

-¿En serio? Fue en lo primero que pensé cuando me enseñasteis este poder de la Obtenebración. –Dijo Alius riendo. –Bueno y siendo sincero también pensé en darle una paliza a alguien con esos tentáculos.

-Ten cuidado con ese poder, es sin duda poderoso pero conlleva el riesgo de que los tentáculos se descontrolen. –Dijo Séneca mirando al chico. –Aunque tienes un dominio de la Umbra notable incluso para ser tan joven, apenas hace cincuenta años no querías saber nada de nosotros y mírate. Ya dominas muchos poderes de la Obtenebración, Celeridad y Potencia.. Una lastima que no haya humanos con los que puedas practicar la Dominación, eres sin duda un vástago notable, Alius.

Esas fueron las últimas palabras de alguien “vivo” para Alius esa noche, al amanecer, o eso parecía pues el Vástago tenía sueño y eso solo pasaba cuando llegaba el amanecer, Alius se fue a dormir.

Mientras dormía Alius tuvo un sueño, una pesadilla más bien, pero estaba seguro de que lo que vio era algo más que eso, pues durante el resto de su vida se repetiría una vez por semana.

-Conocerás el terror, conocerás el dolor, conocerás lo que es estar solo. –Dijo una voz cargada de odio y rencor en cada palabra que pronunciaba. –No conocerás lo que es el amor, ni la amistad. Los demás solo te utilizarán, pues no eres más que eso, un medio para conseguir un fin. Un arma contra las mismas sombras que te crearon. Serás tú, Alius quien destruya el peligro que reside en la Umbra, y quien en su último suspiro pondrá fin a la venida de un mal mayor. Tú tendrás el mayor control sobre la Umbra que haya existido jamás, dominarás las Sombras y la Oscuridad a tu antojo, como una extensión de ti mismo. –La voz dejaba de sonar durante un instante mientras un agua negra se arremolinaba entorno a Alius y comenzaba a tragárselo hacia el fondo como un remolino. -Hasta el momento en el que el Día y la Noche sean uno, la Umbra se revele contra el mundo y tú, adalid de la Oscuridad deberás detenerla pues ese es tu Sino. Y ante tan temible enemigo, no sin antes vencerle y hacerle retroceder en su avance, morirás para siempre y tu alma podrá descansar en paz, oscuro adalid.

El sonido de un trueno hizo que Alius se levantara de golpe justo al escuchar la última palabra. –La jodida tormenta está sobre nosotros otra vez. Eso no tiene sentido… -Dijo Alius subiendo a cubierta. –Hace dos horas que la dejamos atrás.

Ante Alius se encontraba la misma escena que la mañana anterior. Una tormenta asolaba el barco sin piedad.

-¿Cómo ha podido suceder esto? –Dijo Alius mirando a Séneca el cual estaba girando el timón para no chocar contra una ola enorme que venía hacia ellos.

-¡No lo sé! –Dijo Séneca mirando al chico. –Se suponía que tú nos estabas sacando y así fue durante las primeras horas, pero luego empezó de nuevo la tormenta, llegó sin avisar, ni siquiera escuchamos los truenos de lejos.

-Esto no es natural… -Dijo una voz a espaldas de Alius. Una voz que solo había escuchado dos veces antes. –Preparaos para acatar mis ordenes, tú también Alain, a partir de hoy te llamarás así, luego te lo explicaré, ahora preparaos para la guerra.


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