Blog de Alain D. Geiser

El día que se rompió el reflejo.

Habían pasado años.. o eso pensaba Alius mientras miraba su reflejo en el cristal pulido enmarcado en madera negra como la noche que se encontraba sobre él.

Aunque allí donde el barco iba siempre era de noche, llevaba tiempo sin ver la luz del Sol.. tanto tiempo que ya no recordaba lo que era vivir bajo la incandescencia ni el calor del Astro Rey.

Alius se fijó en su propio rostro reflejado en el espejo. Era un rostro calmado, estrecho y delgado sin apenas arrugas más allá de la que tenía su frente cuando su ceño no estaba fruncido. Cosa que pocas veces pasaba. Era un joven de 21 años. De cabellos oscuros y ojos azules oscuros como el mar profundo. Tenía una barba de apenas tres semanas que le cubría el rostro hasta el punto de darle un aspecto más adulto al joven navegante del navío que había dejado a la deriva hacia ya tiempo, el Alba. Su piel era pálida, de un color blanco marfil, apenas tenía color antes incluso de que hubiera sido recluido en aquel enorme galeón de color negro como las profundidades del mar. Un color que le venía que ni pintado al dichoso barco, pues su nombre era Umbra, o Oscuridad en latín.

Alius caminaba de lado a lado del barco, apenas había tripulantes abordo, tan solo Séneca, el “hombre” que le había hablado el día que llegó y se río en su cara cuando le preguntó si eran demonios; Luciano otro “hombre” al que tampoco veía mucho pues aparecía y desaparecía cuando quería como si las sombras del barco lo llevasen de un lado a otro del mismo; Gratiano cuya sola presencia hacia que sus dientes castañearan y sus piernas temblaran de miedo; y por último al que menos veía y daba gracias de no hacerlo, aquel al que los “hombres” que a él mismo le causaban terror miraban con miedo y pavor en sus ojos.

Aquel señor de ojos negros como el tizón, cabello oscuro como ala de cuervo y largo hasta más allá de la nuca… Ese ser cuya simple mirada hacía que los demás Vástagos del barco se fueran de donde quiera que estuviesen y lo dejaran solo.. Ese ser era el principio de la Oscuridad, era el capitán del barco, el Amo de la Noche, Señor de las Sombras, el Rey de la Umbra.

Como quiera que fuese a Alius le dejaban “vivir” en el barco, si es que a lo que hacia se le podía considerar vivir. Comía, dormía y usaba sus conocimientos de navegación para guiar el barco, pues al parecer el último navegante humano había sufrido un ligero percance y su salud estaba gravemente perjudicada, o lo que es lo mismo, estaba haciendo compañía a los tiburones del Océano Atlántico desde hacia al menos ya un mes, la noche en el que le recogieron a él. 

Durante todo momento Alius se sentía vigilado, como si los ojos de alguno de los vampiros estuviesen fijos en su nuca, esperando que cometiera algún error garrafal que les permitiera abrir sus venas, beber su sangre y arrojar su cadáver por la borda del barco sin compasión alguna. Como siempre era de noche Alius tenía el ciclo de sueño algo cambiado y dormía cuando tenía sueño así como comía lo que había en la cocina, aunque no sabía muy bien como había llegado esa comida allí.

Alius seguía siempre la misma rutina en el barco, ponía el rumbo que uno de los Vástagos le decía, después se sentaba en cubierta, junto al espejo enmarcado en madera negra y se quedaba allí mirando su reflejo, la única cosa humana de aquel barco.. y como se arrepintió al hacerlo aquel día y darse cuenta de que su reflejo ya no estaba.

Alius lanzó un grito al aire, mirando hacia la oscuridad de la noche que se cernía eternamente sobre aquel maldito barco.

-¿¡Dónde está mi reflejo!? –Dijo con voz enfadada mirando hacia todos los lados esperando una respuesta.

-¿No te lo hemos contado? –Dijo Séneca el cual apareció de la nada a su lado.

-Al parecer no lo hemos hecho. –Dijo Luciano con una sonrisa acercándose al espejo y pasando delante del mismo sin dejar reflejo alguno.

-¿Qué demonios está pasando aquí? –Dijo Alius enfadado pero controlándose pues sabía lo peligroso que eran esos seres que tenía enfrente.

-Verás Alius. –Dijo Séneca, acercándose también al espejo donde nada se reflejo. –Nosotros somos vampiros, pero no todos los vampiros somos iguales.. tenemos ciertas peculiaridades. –Dijo Séneca mientras las velas del barco se movían pues el viento había comenzado a soplar con más fuerza.

-Nuestro Clan, el Clan Lasombra posee la característica de no tener reflejo. –Dijo Luciano aún con la sonrisa en el rostro.

-¿Y qué tiene que ver eso conmigo? Yo sigo siendo humano, no soy uno de vosotros… No lo soy. –Dijo Alius mirándose en el espejo sin lograr ver su reflejo el mismo.

-Chiquillo, te convertí en uno de nosotros hace 3 noches. –Dijo Luciano con voz seca mirando a Alius. –Si no me crees acercarte al espejo, el te revelará tu verdadero ser con imágenes en lugar de palabras.

Alius se acercó al espejo con paso titubeante, sin mucho confianza en que es lo que vería al fijarse en el espejo. Cuando llegó hasta el espejo miraba hacia el suelo, sin levantar la cabeza por miedo. Los Vampiros que estaban a su lado se había puesto detrás de él y miraban todos el espejo con suma atención. Parecía que veían algo interesante en el espejo.

-Curioso.. –Dijo Luciano mirando a Séneca. –Es el primero que tiene eso desde nuestro propio Sire. –Dijo con una sonrisa extraña en el rostro. 

-Si que es raro.. –Dijo Gratiano con el ceño fruncido al mirar el espejo.

-¿Creéis qué es él? –Séneca miraba a todas partes del barco, buscando algún atisbo de su Sire, el Señor de las Sombras.

-Ya lo veremos.. –Dijo Luciano. –Si es él, procuraré educarlo bien. Puede ser el único con la capacidad de detenerla.

-Te ayudaré. –Séneca seguía observando a Alius, el cual poco a poco levantaba la mirada y se quedó quieto al ver su reflejo transformado en el espejo.

Alius miraba su reflejo como aquel que veía a un total extraño. Pero no solo eso, en sus ojos se veía el terror que sentía al mirar su reflejo. Al contrario que los otros vampiros el si tenía un reflejo. Un reflejo oscuro, una Sombra formada de huesos de color marfil ceniciento que dejaban entrever un corazón negro y marchito en el centro de su pecho. Su piel había sido sustituida por una capa de oscuridad. Y sus ojos antes de un azul pálido ahora eran de un color azul oscuro, casi negro.

-¿Qué demonios es eso? ¿En qué narices me has convertido? –Dijo Alain rompiendo el espejo de un puño sin cortarse y girándose a mirar a Luciano con la voz en un tono entre enfadada y asustada.

-Alius.. eres un Lasombra, bienvenido a la noche eterna. Eso que has visto es tu Sombra. Tu verdadero ser a cobrado ese aspecto. –Dijo Luciano acercándose a Alius. –Con el tiempo aprenderás a controlar ese poder, así como a las Sombras y la Oscuridad. Serás un Señor de la Umbra… Eres un 5º Generación, el primero de tu estirpe.

-Pero yo no quiero ser un monstruo.. Devuélveme mi humanidad! –Dijo Alius mirando a Luciano a los ojos, cosa que nunca había hecho antes por miedo.

-Eso no puedo hacerlo.. ahora eres de los nuestros, chiquillo. Aprende a soportarlo, o la Oscuridad te tragará y créeme, no dejaré que nos lleves a nosotros contigo. –Luciano miró al Alius a los ojos y dominó su mente, obligándole a entrar en letargo.

-¿Seguro que es buena idea? –Dijo Séneca. –No parece muy dispuesto a afrontar lo que se le viene encima.

-Lo estará. Lo he visto en sus ojos, el sabe que es lo que tiene que hacer.. Sabe que su lugar está con los Vástagos y no con los humanos. Luchará junto a su Sombra.. Abismo se ha levantado y pronto le convencerá. –Dijo Luciano sonriendo viendo como la Sombra de Alius se levantaba del suelo y se lo llevaba hasta su camarote.


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