Blog de Alain D. Geiser

Un barco llamado Oscuridad.

Esta es la historia de un hombre. Un chico nacido en el año 483 en Normandía, en las costas de Francia, o La Galia como se conocía en ese entonces.

Su nombre era Alius, un nombre latino, producto de los años de ocupación romana de la zona. Era un chico callado, de cabello oscuro como ala de cuervo y ojos azules oscuros, fríos como el hielo. Su piel era pálida lógicamente debido al escaso Sol que llegaba hasta la zona donde vivían.

Alius era una chico distante. Apenas jugaba con los demás, se pasaba los días mirando al cielo o al mar. Perdía su mirada en cosas que los demás ni siquiera se molestaban en mirar. Alius observaba las nubes en el cielo. Como las olas rompían contra las costas pedregosas de los acantilados normandos. Alius simplemente observaba, pensaba en como funcionaban esas cosas… era apenas un crío de 8 años. No tenía fuerza aún para trabajar y en lugar de jugar el solo pensaba. A veces cogía un hatillo con unas pocas cosas y se marchaba al bosque, a perderse durante el día y volver cuando la noche llegaba.

Cuando cumplió los trece años su padre lo quiso llevar con él a pescar. Su padre era un gran marinero, llevaba décadas en el mar y a Alius ciertamente le gustaría aprender a ser marinero. Le gustaba tanto el mar que aceptó sin duda. Y así empezó a trabajar. Alius se ganó una buena reputación entre los demás miembros de su barco. No solo era el hijo del capitán, también parecía llevar la experiencia de éste en su sangre. Desde el momento en el que se montó en el barco supo siempre lo que tenía que hacer. Como si la sangre del mismísimo Neptuno corriese por su venas.

Desde aquel día Alius se convirtió en parte de la tripulación. El mar le gustaba más que cualquier otra cosa que hubiera en tierra, y decidió por sus propia inventiva llegar a tener un barco propio y surcar el océano, llegar más lejos de lo que cualquiera otra persona hubiera llegado. Quería ver mundo, conocer más la Tierra.

Y así fue como Alius siguió su vida. Pese a la insistencia de sus padres de que se casara y formara una familia eso no iba a con él. Siempre había sido solitario. No porque no le gustaran las personas sino porque se sentía mejor en compañía del mar, de su sombra y las estrellas que se veían desde la cubierta de su barco, un pequeño bergantín de nombre Alba.

Cuando cumplió los veintiuno, una edad de inflexión en la vida de todo hombre Alius decidió despedirse de sus padres y hermanos. Iba a cumplir su sueño, iba a ver el mundo en su barco. Sus padres le advirtieron que el mar era un lugar peligroso para alguien que iba solo, a lo que Alius contestó que el no estaba solo. Tenía a su familia, tenía a las estrellas del cielo y al mar que surcaba con su barco. No tenían que preocuparse por él, volvería cuando visitará todo lo que fuese digno de visitar.

Y así es como Alius surcó los mares, llegó a muchas costas distintas, primero al norte, al oeste y finalmente llegó a Finisterre, en las costas de Hispania donde algo trágico ocurrió.

Cuando en pleno viaje se encontró junto a las costas de Finisterre un enorme barco de madera negra como la noche. Vio desde el suyo como salían cosas por la borda cayendo al mar y como el fuego consumía otro barco mucho más pequeño al lado del primero. Esas cosas chocaron contra su embarcación y al mirarlas de cerca, reconoció cadáveres humanos en esas formas oscuras y sin rostro. Se preguntó que demonios podía haber causado eso… que clase de criatura demoníaca podría llegar a hacer algo así.

Desde el barco seguían cayendo más y más formas oscuras mientras el barco se aproximaba hacia el Alba, el barco de Alius.  Mientras se acercaba Alius pudo ver el mascarón de proa del enorme barco que se le aproximaba. Una mujer de la misma madera negra que el barco, con las manos entrelazadas sobre el pecho, saludaba a las olas que la golpeaban. La mujer iba vestida con un manto, tapando su formas femeninas, dejando solo a la vista sus finos labios, que conformaban una sonrisa. Tapando sus ojos una capucha que llegaba hasta la nariz de la mujer.

-Este barco.. Es Oscuridad. –Pensó Alius mirando como cruzaba a su lado sin percatarse de que unas formas oscuras le tomaban por la espalda y lo sumían en un profundo sueño instantáneamente.

Cuando despertó Alius se encontraba atado de pies y manos a un camastro. Miró a los lados pero no vio nada, tan solo oscuridad, una oscuridad que se le pegaba al cuerpo como si fuera tinta, algo viscoso y que no lograba entender. Un minuto después se dio cuenta de que le faltaba el aire y empezó a patalear y moverse como un loco. Al cabo de medio minuto la sensación de viscosidad se calmó y Alius pudo empezar a respirar de nuevo sin problemas. Junto con esto empezó de nuevo a ver, comenzó poco a poco a llegar luz de nuevo a su retina, pero era una luz débil, no mucho más que una pequeña y débil vela.

-¿Quién anda ahí? –Preguntó el joven, sobreponiéndose al miedo que sentía.

Nadie respondió a su llamada. Tan solo veía aquella pequeña luz, titilando... hasta que se apagó.

Una voz profunda y con una especie de eco habló entonces, al amparo de la oscuridad que le mantenía prisionero.

-¿Eres tú el navegante del barco que ha llegado esta noche hasta el nuestro?- Preguntó la voz siniestra mientras algo reptaba por el suelo haciendo un ruido extraño.

-S..si. –Consiguió decir Alius sin ver a su interlocutor. –Soy el único tripulante del Alba, es mi barco.

-Entendemos… -Dijo la sombra mientras se movía por la habitación sin hacer ruido alguno. –No tienes ni idea de donde te has metido… ni tan siquiera sabes donde estás, ni quienes somos, estás solo en este barco.

-Pero.. ¿quiénes sois, qué eran esos cuerpos que arrojabais por la borda? –Preguntó Alius asustado.

-Eran seres como nosotros, que han pasado a forma parte de la Tenebra. –Dijo la voz mirando desde la oscuridad al chico de poca edad que tenía delante.

-¿Seres… como vosotros? ¿Sois demonios, monstruos del infierno? –Preguntó ahora si mucho más asustado el joven normando.

-No… no somos demonios. Somos algo mucho peor. –Dijo la sombra acercándose al joven y revelando sus enormes colmillos de aproximadamente dos centímetros. –Somos vampiros, señores de la Oscuridad y las Tinieblas. Estás en mi barco, el Oscuridad. Yo soy el capitán Séneca, y tú ahora eres mi prisionero. Quizás con el tiempo… logres alcanzar tu libertad uniéndote a nosotros. Aprenderás a apreciar el don de la inmortalidad, el don del conocimiento, el poder de la Oscuridad y de las Sombras. –Dijo mientras su sombra, la del vampiro, crecía hasta convertirse en una enorme serpiente que rodeo a Alius y lo sumió en un sueño profundo.


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