Blog de Alain D. Geiser

Bienvenidos a la Umbra.

Aquí os contaré la historia de algunos hombres, o personas que una vez lo fueron. También os contaré historias de mundos cercanos y otros muy lejanos a la Tierra.

Loco amando

Escrito por AlainDGeiser 04-09-2018 en Amor. Comentarios (0)

Solo subo aquí, aunque no este solo. 

En mi corazón late una nación, formada por aquellos que una vez fueron heridos por querer, por amar, 

por dar, por dar, por dar todo lo que tenían a una persona o a varias, a las que vieron perfectas, divinas, idealizadas hasta tal punto que ensombrecían a los dioses del hombre.

Y es que el poder de amar, es tan grande que incluso hemos llegado a temerlo, porque por amor se hacen locuras, por amor uno da sin miedo. Y el miedo es un instinto básico natural que nos impide morir... 

Pero ¿sabéis qué? Que le den por culo al instinto. 

Que si tu amor me da más fe en la humanidad que todas las religiones del ser humano juntas, me voy a dejar querer.

Que si yo quiero quererte y que me quieras lo voy a hacer, que si hacerlo me cuesta la cordura... lo haré.

Porque prefiero vivir un día loco y amando, que cuerdo y temeroso una eternidad.

Monster

Escrito por AlainDGeiser 19-08-2018 en Héroes. Comentarios (0)

El sonido de las personas tecleando repiqueteaba en la cabeza de Charles, era un sonido tedioso que taladraba el oído hasta levantar un terrible dolor de cabeza. Todos los días desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde con una pequeña pausa para comer de treinta minutos, lo justo para salir a la tienda de al lado a comprar un bocadillo y seguir trabajando.

Dicen que la monotonía puede hacer que alguien se vuelva loco y la verdad que no es de extrañar si todos los días de tu vida son iguales y tienes la sensación de estar tirando tu vida.

Pero entonces se rompe la monotonía, un día vas a trabajar y en menos de cinco minutos tu vida cambia y ya no eres más Charles Canigan.

Cinco minutos fueron los suficientes para que ocho hombres entraran en la oficina donde treinta oficinistas, entre ellos Charles, vendían y atendían llamadas relacionadas con una de las empresas de seguros más importantes de Irlanda, ellos estaban en la oficina central de Dublín. Sin previo avisó esos ocho hombres entraron en la oficina y comenzaron a disparar a todo el mundo, algunos murieron en el acto otros tuvieron más suerte y los cubículos donde trabajaban pararon las balas.

Charles se tiró al suelo, en seguida comenzaron a brotar lágrimas de sus ojos, quizás su vida era una mierda, pero joder, no quería morir. Charles rodó por el suelo hasta otro cubículo, empezó a gatear hacia la salida de emergencia no sin antes agarrar una grapadora de la mesa, al menos con eso podría defenderse.

Varias ráfagas de disparos más sonaron en la oficina antes de que el ruido terminase, todo quedo en silencio, ya no había más sonido de teclas en la oficina.

Se oyeron pasos sobre restos de yeso, algunos crujidos indicaban el peso de las botas de los hombres armados sobre los trozos de los cubículos que habían recibido los impactos de balas.

Charles estaba tirado en el suelo, las lágrimas cubrían su rostro junto a una cuestionable cantidad de mocos para un hombre adulto que rondaba la cuarentena, trataba de levantarse pero era incapaz, trataba de gatear pero las piernas le temblaban y no podía moverse bien, le aterraba hacer ruido.

-Vamos, deja de ser tan jodidamente lamentable y mueve ese puto culo. –Dijo una voz que no sabía de donde procedía. –Eres una puta vergüenza, llevo años viéndote crecer y no has dejado de dar pena un solo día, maldito imbécil. –La voz sonaba muy cerca suya, como directamente en su cabeza.

-Vamos, si vas a seguir siendo así de idiota déjame salir de una jodida vez, no quiero morir, ¿sabes?. –La voz definitivamente estaba en su cabeza.

-¿Quién eres? –Dijo con un susurro apenas audible.

-Soy tu verdadero yo, vamos… me conoces, sabes de lo que eres capaz, fuimos creados para algo más grande que para teclear nombres y añadir cuentas de banco a gentuza que tiene miedo de morir y no dejar nada atrás. –La voz sonaba confiada en lo que decía. –Vamos, di las palabras… si quieres vivir déjame salir como hace veinte años, déjame darle lo que merecen, déjame vengarme del mundo.

-N..no sé que palabras dices. –La voz de Charles estaba como atascada, le costaba hacerla salir. –No entiendo lo que dices, pero si es verdad que no quiero morir.

-Entonces dilo, tan solo tienes que dejarme tomar el control… -La voz sonó más fuerte que antes, tanto que tapó el ruido de un arma siendo amartillada.

-Está bien… Eres libre. –La voz de Charles se apagó y las luces de la oficina con ella.

Un fogonazo de un arma de fuego iluminó el cubículo donde estaba Charles pero ninguna bala le dio porque Charles ya no estaba en el suelo, estaba sujetando el arma con el brazo izquierdo mientras con su mano derecha agarraba del cuello al hombre que le había estado apuntando.

-Se acabó vuestro tiempo aquí, es hora de iros. –Un pequeño giro de muñeca bastó para arrancar la nuez del hombre de su garganta. El hombre cayó al suelo entre gorgoteos producidos por la sangre que manaba de su garganta. El arma no cayó al suelo con el sino que Charles la mantuvo cogida y la empuñó como quien estuviera abrazando a una vieja amiga.

-Eh! Os ha quedado uno vivo, que tal si venís a por mi. –Dijo mientras recargaba el arma sin ninguna prisa y apuntaba hacia un extintor de la pared de enfrente.

Varios hombres corrieron hacia él, entonces Charles disparó al extintor que reventó golpeando con la onda expansiva a los hombres en la espalda y haciéndoles trastabillar lo suficiente como para que Charles les disparara a bocajarro sin posibilidad de fallar. –Van 3 almas que se van, esto es más fácil ahora que el niñato se ha ido.

El cuerpo de Charles se movió rápido para alguien que había estado sollozando hacia apenas un minuto, su velocidad era superior a la de un humano normal, corrió tan rápido que levantó el polvo del yeso que había en el suelo, enganchó por la espalda a uno de los dos terroristas restantes y de una única patada en la espalda lo estampó contra el cristal de la ventana que tenía delante arrojándolo al vacío. Continuó con su carrera hacia el último de los integrantes del grupo atacante, se dejó caer, arrodillándose para pasar entre sus piernas mientras de un puño golpeaba en los huevos a su enemigo, mientras este se arrodillaba por el dolor Charles giró sobre si mismo y agarro la cabeza del terrorista, con un giro rápido de ambas manos le partió el cuello sin durar un instante.

-¿Qué cojones eres? –Dijo una voz entre toses desde el suelo donde había disparado a los hombres a bocajarro.

-Soy un vengador… -Dijo Charles mirando con ojos amarillos al hombre moribundo del suelo. –Vas a morir en dos minutos por todo lo que has hecho, los que son como tú no merecéis vivir.

-Eres un monstruo.

-Ambos lo somos, la diferencia es que yo lo admito.

Charles se arrodilló al suelo junto al de la garganta rajada y cogió algo de sangre para pintar en la pared blanca del piso.

Escribió “Avenger Monster” con la sangre y saltó por la ventana, perdiéndose en el vacío.


Tranquilidad

Escrito por AlainDGeiser 14-08-2018 en Amor. Comentarios (0)

Si tuviera que verme reflejado en una sola mirada durante el resto de mi vida elegiría tus ojos para hacerlo. Porque no hay mayor remanso de paz y tranquilidad que la mirada llena de cariño que tu me lanzas cada día al vernos. Gracias por ser mi paz, rubita.


Como una espada.

Escrito por AlainDGeiser 28-06-2018 en Amor. Comentarios (0)

Miles de cortes asoman por cada parte de mi pecho

Y no es que den igual..

Es que los que no he provocado yo mismo son por mi culpa.

Y solo la mía. 


Supongo que el amor es como una espada. Tiene una función buena y una mala.

La buena es que a veces nos protege y la mala es que como toda arma de doble filo tiene la capacidad de cortarnos en pedazos a nosotros mismos si le damos la oportunidad. 

Judge

Escrito por AlainDGeiser 25-05-2018 en Heroína. Comentarios (0)

Pequeños momentos son los que hacen a uno un héroe o heroína.

La diferencia entre actuar y hacer lo correcto o ignorar las injusticias y no hacer nada, pasando a ser parte del problema, porque esto va así, no hay una escala de grises. Para mi, o eres solución o eres parte del problema.

Mi nombre es Jude, pero mis amigos me llaman Judge, supongo que es una gracia que tienen ellos por mi forma de pensar, quien iba a decir que algún día tendría la capacidad de ser juez, jurado y verdugo y que además se me iba a dar tan bien.

Actuó en la ciudad de New York, concretamente en el barrio del Bronx.

Soy una mujer de metro setenta, peso alrededor de ochenta kilos, tengo el pelo muy rizado, mi piel es morena y tengo una obsesión con la justicia, esa que siempre se ha negado a mi gente. Hay quien diría que mi obsesión me ha llevado a meterme en líos, yo a eso solo respondo que en los líos me meto yo solita y me saco yo solita.

No nací con poderes, pero aprendí pronto a usarlos. Tampoco sé realmente como los conseguí, solo sé que me detectaron un cáncer de piel muy raro, un hombre del gobierno vino a vernos a mi casa y me propusieron una nueva terapia con la intención de curarme… No salió como esperaba pero no morí, de hecho me volví más fuerte que nunca.

Mi piel es ahora resistente a casi todo, explosiones, metralla, balas, incluso esas balas que atraviesan tanques de lado a lado, incluso esas hacen cosquillas cuando me golpean. Además de eso mis músculos ahora son más fuertes y tengo la capacidad de levantar hasta diez veces mi peso, lo cual es bastante útil para llevar una vida tranquila en uno de los barrios más peligrosos de New York.

Después de esta pequeña carta de presentación para ingresar en vuestra asociación de héroes, me pedisteis que os contase un acto heroico que haya realizado, veamos… quizás este os sirva:

Las noches peligrosas en el barrio del Bronx, nada que ver con el resto de New York, las luces parpadean la mayoría de las veces, hay calles que dejan de estar iluminadas durante horas e incluso aunque funcionen la iluminación no es muy buena, eso beneficia a la mayoría de escoria que vive en mi barrio. Diría que soy una mujer con suerte, en mis 26 años de vida nunca han tratado de hacerme nada, ni dentro ni fuera de mi barrio, ni siquiera un atraco o un tirón de un bolso. Debería de estar agradecida supongo, pero realmente no estoy agradecida porque si no me lo han hecho a mi es porque se lo han hecho a gente que no puede o no sabe defenderse, por eso cuando recibí este don decidí buscar una utilidad para mi barrio y así fue como comenzaron las redadas.

A veces para ser un héroe hay que romper algunas reglas, y algunos huesos, todo sea dicho. Me expuse al peligro, dejé que me atacaran docenas de veces cada grupo de pandilleros que había en el barrio, paseaba a horas de la noche donde incluso los policías temen salir a la calle, pero claro a mi nada me da miedo ya, rompí armas de pandilleros sobre espaldas de otros pandilleros, usé a más de uno de ellos para tumbar a otros de los suyos, hasta que conseguí detener a Chacal, o eso si que fue justicia.

Si hay algo que me cabrea de verdad son los narcotraficantes que negocian con críos, puede que los adultos tengan motivos para vivir hasta arriba de drogas, incluso hasta cierto punto llego a entender que quieran evadirse de este mundo de mierda, pero no toquéis a los críos, no en mi guardia.

Encontré la guarida de Chacal entre las callejuelas del Bronx, era un sitio oscuro, poco iluminado, el típico almacén de los tiempos en los que a Nueva York se iba con intención de trabajar buscando el sueño americano.

Entre por la puerta, mirando a todos como si los conociese de toda la vida, cosa que por desgracia en algunos casos era verdad, ninguno le echó cojones para detenerme, sabían quien era yo, por aquel entonces ya me había ganado una fama entre los maleantes y era una fama más que merecida, así que en realidad entendí que no lo hicieran, simplemente se quedaron quietos, esperando a ver como con un suave golpe de nudillos la puerta se venia abajo fuera de sus goznes.

Entré en la habitación y me senté en sofá frente a Chacal, había varios socios en ese momento con el, gente importante de las altas esferas de la delincuencia en Nueva York, una pena que ninguno de ellos supusiese un problema real para mi…

Chacal me miró a los ojos, vi el miedo en su mirada antes de sacar una pistola y dispararme a bocajarro contra la cara, la bala rebotó, como todas las anteriores que matones como el me habían disparado antes.

Me levanté del asiento, cogí la pistola con una mano y apreté con todas mis fuerzas, dejándola echa un amasijo de hierro y plomo en lo que antes era la mano de ese hombre, ahora solo un montón de huesos rotos.  Sus gritos de dolor hicieron que el resto de gente se diera cuenta de quien era yo, su intento de huir fue detenido cuando les lancé la puerta a la espalda y los quedé pinchados en el sitio, entonces Chacal intentó comprarme, y yo solo pude responder con mi frase:

-La Justicia no negocia con delincuentes, y la Jueza tampoco.

Seguí con un “suave” golpe en la cabeza que lo dejó KO, llamé a la policía y mientras estos venían pedí amablemente a los demás pandilleros que abandonaran las armas y se sometiesen al arresto de la forma más pacifica posible, como es obvio no me hicieron caso y entre balas y puños fueron cayendo uno a uno hasta que la policía llegó y se los llevó. También intentaron llevarme a mi bajo el pretexto de uso indebido de la fuerza y allanamiento de la propiedad privada, pero seamos sinceros… ninguna esposa puede retener a una mujer fuerte e independiente como yo.