Blog de Alain D. Geiser

Bienvenidos a la Umbra.

Aquí os contaré la historia de algunos hombres, o personas que una vez lo fueron. También os contaré historias de mundos cercanos y otros muy lejanos a la Tierra.

Judge

Escrito por AlainDGeiser 25-05-2018 en Heroína. Comentarios (0)

Pequeños momentos son los que hacen a uno un héroe o heroína.

La diferencia entre actuar y hacer lo correcto o ignorar las injusticias y no hacer nada, pasando a ser parte del problema, porque esto va así, no hay una escala de grises. Para mi, o eres solución o eres parte del problema.

Mi nombre es Jude, pero mis amigos me llaman Judge, supongo que es una gracia que tienen ellos por mi forma de pensar, quien iba a decir que algún día tendría la capacidad de ser juez, jurado y verdugo y que además se me iba a dar tan bien.

Actuó en la ciudad de New York, concretamente en el barrio del Bronx.

Soy una mujer de metro setenta, peso alrededor de ochenta kilos, tengo el pelo muy rizado, mi piel es morena y tengo una obsesión con la justicia, esa que siempre se ha negado a mi gente. Hay quien diría que mi obsesión me ha llevado a meterme en líos, yo a eso solo respondo que en los líos me meto yo solita y me saco yo solita.

No nací con poderes, pero aprendí pronto a usarlos. Tampoco sé realmente como los conseguí, solo sé que me detectaron un cáncer de piel muy raro, un hombre del gobierno vino a vernos a mi casa y me propusieron una nueva terapia con la intención de curarme… No salió como esperaba pero no morí, de hecho me volví más fuerte que nunca.

Mi piel es ahora resistente a casi todo, explosiones, metralla, balas, incluso esas balas que atraviesan tanques de lado a lado, incluso esas hacen cosquillas cuando me golpean. Además de eso mis músculos ahora son más fuertes y tengo la capacidad de levantar hasta diez veces mi peso, lo cual es bastante útil para llevar una vida tranquila en uno de los barrios más peligrosos de New York.

Después de esta pequeña carta de presentación para ingresar en vuestra asociación de héroes, me pedisteis que os contase un acto heroico que haya realizado, veamos… quizás este os sirva:

Las noches peligrosas en el barrio del Bronx, nada que ver con el resto de New York, las luces parpadean la mayoría de las veces, hay calles que dejan de estar iluminadas durante horas e incluso aunque funcionen la iluminación no es muy buena, eso beneficia a la mayoría de escoria que vive en mi barrio. Diría que soy una mujer con suerte, en mis 26 años de vida nunca han tratado de hacerme nada, ni dentro ni fuera de mi barrio, ni siquiera un atraco o un tirón de un bolso. Debería de estar agradecida supongo, pero realmente no estoy agradecida porque si no me lo han hecho a mi es porque se lo han hecho a gente que no puede o no sabe defenderse, por eso cuando recibí este don decidí buscar una utilidad para mi barrio y así fue como comenzaron las redadas.

A veces para ser un héroe hay que romper algunas reglas, y algunos huesos, todo sea dicho. Me expuse al peligro, dejé que me atacaran docenas de veces cada grupo de pandilleros que había en el barrio, paseaba a horas de la noche donde incluso los policías temen salir a la calle, pero claro a mi nada me da miedo ya, rompí armas de pandilleros sobre espaldas de otros pandilleros, usé a más de uno de ellos para tumbar a otros de los suyos, hasta que conseguí detener a Chacal, o eso si que fue justicia.

Si hay algo que me cabrea de verdad son los narcotraficantes que negocian con críos, puede que los adultos tengan motivos para vivir hasta arriba de drogas, incluso hasta cierto punto llego a entender que quieran evadirse de este mundo de mierda, pero no toquéis a los críos, no en mi guardia.

Encontré la guarida de Chacal entre las callejuelas del Bronx, era un sitio oscuro, poco iluminado, el típico almacén de los tiempos en los que a Nueva York se iba con intención de trabajar buscando el sueño americano.

Entre por la puerta, mirando a todos como si los conociese de toda la vida, cosa que por desgracia en algunos casos era verdad, ninguno le echó cojones para detenerme, sabían quien era yo, por aquel entonces ya me había ganado una fama entre los maleantes y era una fama más que merecida, así que en realidad entendí que no lo hicieran, simplemente se quedaron quietos, esperando a ver como con un suave golpe de nudillos la puerta se venia abajo fuera de sus goznes.

Entré en la habitación y me senté en sofá frente a Chacal, había varios socios en ese momento con el, gente importante de las altas esferas de la delincuencia en Nueva York, una pena que ninguno de ellos supusiese un problema real para mi…

Chacal me miró a los ojos, vi el miedo en su mirada antes de sacar una pistola y dispararme a bocajarro contra la cara, la bala rebotó, como todas las anteriores que matones como el me habían disparado antes.

Me levanté del asiento, cogí la pistola con una mano y apreté con todas mis fuerzas, dejándola echa un amasijo de hierro y plomo en lo que antes era la mano de ese hombre, ahora solo un montón de huesos rotos.  Sus gritos de dolor hicieron que el resto de gente se diera cuenta de quien era yo, su intento de huir fue detenido cuando les lancé la puerta a la espalda y los quedé pinchados en el sitio, entonces Chacal intentó comprarme, y yo solo pude responder con mi frase:

-La Justicia no negocia con delincuentes, y la Jueza tampoco.

Seguí con un “suave” golpe en la cabeza que lo dejó KO, llamé a la policía y mientras estos venían pedí amablemente a los demás pandilleros que abandonaran las armas y se sometiesen al arresto de la forma más pacifica posible, como es obvio no me hicieron caso y entre balas y puños fueron cayendo uno a uno hasta que la policía llegó y se los llevó. También intentaron llevarme a mi bajo el pretexto de uso indebido de la fuerza y allanamiento de la propiedad privada, pero seamos sinceros… ninguna esposa puede retener a una mujer fuerte e independiente como yo.


Phoenix

Escrito por AlainDGeiser 21-05-2018 en Héroes. Comentarios (0)

El humo salía por todas las ventanas del edificio, un enorme bloque de apartamentos de familias humildes en la ciudad de Berlín. Voces de gente por todas partes, dentro y fuera del edificio, nada que hacer salvo esperar a los refuerzos de los bomberos que pese a que habían llegado cuando el fuego era menor no eran capaces de apagar el foco principal del incendio y este seguía propagándose.

Fue entonces cuando un hombre cayó del cielo frente al bloque de apartamentos, su caída fue algo... estrepitosa. Cayó trastabillando, casi cayéndose de boca al tocar el suelo tras un aterrizaje algo patoso pero mantuvo el tipo y se sobrepuso, entonces levantó la vista, unos ojos grandes de color pardo verdoso miraron el edificio y en sus ojos se reflejaron las llamas que devoraban el edificio, pero no era miedo lo que se veía en sus ojos, ni eran esas las llamas que había en el interior de sus ojos porque las que estaban en esa mirada eran aún más grandes y brillantes.

Corrió hacia los bomberos dando voces de ánimo en un idioma extraño que aunque ellos no entendieron igualmente les animó a continuar tratando de sofocar el fuego. Seguidamente el hombre se giró hacia la puerta principal del edificio donde algunos bomberos contenían a gente que quería entrar a salvar a sus seres queridos. Entonces este hombre que iba vestido con unos simples vaqueros y una camisa de mangas cortas se colocó frente a ellos y con una amplia sonrisa les pidió que le dejaran entrar, a lo que los bomberos sin saber muy bien porque accedieron como si no pudieran negarle nada a ese hombre y se retiraron de la puerta junto a las demás personas dejando solo al joven.

El joven extendió las manos y abrió las puertas entonces una llamarada se lanzó contra él de golpe al recibir una nueva fuente de oxigeno, la llamarada impactó de lleno pero no pareció hacer nada en el joven ni en su ropa que seguía intacta.

Corrió al interior del edificio, buscando a todos los supervivientes que había dentro y haciendo que le siguieran por aquel enorme horno de hormigón armado sin ser heridos por las llamas que parecían más dóciles a su lado, como si el fuego fuera su amigo.

Cuando hubo reunido a todos los supervivientes del interior los guió hasta la salida y entonces una enorme nube comenzó a soltar lluvia sobre el edificio ayudando a los bomberos a apagar el fuego.

-¿Cómo lo has hecho? –Preguntaron los supervivientes. -¿No eres humano, verdad?

-Claro que soy humano… -Dijo el joven con una sonrisa en su rostro.

Tenía un rostro normal y corriente, como el de cualquier joven de 24 años, pelo corto, barba de un par de semanas, su camisa era de un grupo llamado Rise Against y de sus vaqueros colgaban un par de cadenas de metal. En su cuello colgaba una cadena con dos clavos y un cruz en medio.

-¿Pero como puede un humano enfrentarse a las llamas sin protección y no salir herido? –Preguntó uno de los sanitarios que atendía a las víctimas, todas con quemaduras menores. -¿De hecho, porque ellos están tan bien, si han salido de ese infierno abrasador?

-Es a lo que yo llamo un milagro… -El joven se giró entonces a los heridos y sonriendo dijo: -Recordad el día de hoy como el día en el que volvisteis a nacer, hoy es el día de vuestra resurrección, dadle las gracias al destino y no perdáis la esperanza jamás pues los milagros como habéis comprobado pueden ocurrir, especialmente cuando más falta hacen.

Entonces el joven se giró hacia la calle y comenzó a caminar hacia el sol poniente.

-¿¡Cómo te llamas!? –Gritaron los supervivientes.

-¡Podéis llamarme Fénix! –Dijo gritando mientras su cuerpo se metamorfoseaba en fuego y adquiría forma de ave antes de alzar el vuelo y perderse en un cielo del mismo tono de su plumaje. 


No hay mayor acto de amor...

Escrito por AlainDGeiser 19-05-2018 en Amor. Comentarios (0)

Supongo que no hay mayor acto de amor que el dejar ir.

El no atar, el no sostener la soga al cuello y ahogar el amor. 

Supongo que aunque tu me devolviste el aliento que necesitaba para poder volar otra vez

aunque tu fuiste quien me devolvió la sonrisa sincera y no esa mascara que llevaba, 

supongo que por todo eso y más, me cuesta tanto olvidarte.


Eres y serás siempre mi luz, porque donde hubo fuego una vez siempre quedarán las brasas y el cariño que te tengo es tan infinito como marrones tus ojos, o el número de tus pecas. 

Te quiero, y siempre habrá una parte de ti en mi, más allá de un villano tatuado en un brazo, más allá de esta historia sin terminar. 

Pecosa

Escrito por AlainDGeiser 30-04-2018 en Amor. Comentarios (0)

No hay palabras en los mil idiomas conocidos por la humanidad que expresen bien lo que siento. 

Lo más cercano sería decir que me importas, que te quiero, que daría cualquier cosa por verte sonreír, por oírte reír, por poderte amar.

Eres lo más cercano a un ángel que conozco, eres luz en estado sólido y material. Tangible, aún a kilómetros de distancia. 

Digo, sin ningún miedo a equivocarme que te amo. 

Y querría poder haberte dicho eso este fin de semana, decírtelo mientras te abrazaba, mientras te miraba a esos ojos que me dan fuerzas para comerme el mundo y mandar lejos al terror de volver a amar. 

Porque tú, y solo tú, has curado lo que nadie ha podido curar antes. 

Llegaste enviada por el destino para cambiarme la vida. 

Me has hecho reír más que nadie, me has hecho sacar las sonrisas más tontas y bonitas que tengo fotografiadas.

Me has hecho llorar de felicidad al verte y de tristeza al tener que despedirte.

Tú eres quien me hace feliz.

Contigo soy invencible, contigo soy inmortal.

Contigo, soy. 




Despierta, Sorin!

Escrito por AlainDGeiser 07-02-2018 en Anima Beyond Fantasy. Comentarios (0)

Las voces se superponían entre si, el humo se extendía por la habitación inundándolo todo, las llamas que producían dicho humo se habían iniciado en algún lugar de la planta baja. El llanto de su hija en brazos de su mujer que daba voces llegaba desde el dormitorio pero una columna de madera ardiendo estaba entre ellos, Sorin acumuló energía mágica y lanzó un conjuró de control de aire que eliminó todo el oxigeno circundante, el fuego se apagó y con ello también los llantos y voces de las mujeres de la habitación. El oxígeno había sido eliminado, todo el oxígeno.

Una voz oscura y vibrante sonó a espaldas de Sorin desde un montón de cenizas. –Las has extinguido, las llamas y las vidas de tus seres queridos. Eres un asesino además de un mago patético, eres escoria y siempre lo serás. –Dijo una figura compuesta por llamas y maderos ardientes antes de desaparecer con un chasquido de las brasas que se disolvieron en el aire de la noche, oscura como la boca del lobo ante la ausencia total de la Luna.

-Despierta… -La voz rota y apresurada de todas las noches desde ese fatídico día sonaba en la cabeza de Sorin antes de que este se despertase envuelto en sudor frío. –Otra vez no por favor… -Masculló el hombre con lágrimas en las mejillas que se ocultaban en su barba.

Sorin se levantó tambaleándose del suelo rápidamente, la sangre tardó en llegarle a la cabeza y casi se cae por el mareo, se encontraba agotado, llevaba sin comer varios días y apenas tenía fuerzas para mantenerse en pie. Sus pasos eran lentos, aguantaba su peso gracias a la lanza que portaba, la única posesión valiosa que pudo salvar de los restos de su casa incendiada.

La túnica de Sorin, raída por el tiempo y el uso se arrastraba por el suelo, dejando a cada paso un trozo de si misma en los adoquines de la calle donde había decidido pasar la noche. Hacía frío, el suficiente como para plantearse empeñar la lanza por una cama y algo de comida caliente. El hombre se movió tambaleándose como pudo por la calle, cuidándose de no tropezar con los adoquines del suelo y llegando a duras penas al dintel de la puerta de una taberna frente al puerto de Rue, la ciudad donde se encontraba.

Sorin entró en la taberna con poca fuerza pese a su corpulencia, era una hombre alto, de 1,81 cm y 93 kilos de peso, de tez oscura y ojos marrones, su cabello recogido en una coleta dejaba ver un pelo oscuro con canas.

Al entrar en la taberna las miradas se fijaron en él, había un poco de todo en el local, pero eso no le importaba. Comenzó a moverse hacia la barra donde un posadero orondo como un planeta le esperaba con un paño mugriento en la mano “limpiando” un vaso de madera más mugriento aún.

-¿Qué quieres? –Dijo de mala gana el tabernero al hombre.

-Me llamo Sorin, busco trabajo y comida, llevo varios días sin comer desde que llegué a esta ciudad.

-Claro… trabajo. –El tabernero miró a Sorin de arriba a abajo y chasqueó la lengua. -¿Has probado en los muelles? Quizás tengas más suerte buscando allí algo donde currar.

-He probado todo, no hay un solo barco que me acepte… dicen que estoy demasiado muerto de hambre para poder trabajar, pero ni siquiera me dan una oportunidad. –La voz de Sorin estaba quebrada a causa del hambre y de la impotencia, no podía entender que tan malo había sido en otra vida para merecerse vivir así… Él no era malo, no se merecía el infortunio que vivía día tras día desde que ese elemental igneo la tomó con él.

-Bueno, te daré un plato de comida a cambio de que luego limpies la taberna, no puedo darte más que eso. –Dijo el tabernero que se apiadó del pobre hombre.

-¡Mil gracias! –La voz de Sorin se rompió del todo mientras una lagrima caía de sus ojos y se escondía en su desaliñada barba.

Sorin se sentó en una de las mesas vacías y el tabernero le llevó un plato con cocido caliente, pan y una jarra pequeña de cerveza. Cuando tuvo el plato delante de él no pudo evitar abalanzarse encima de la comida cual buitre sobre un cadáver y comenzó a comer con ansia viva. Mientras Sorin comía, un grupo de hombres discutía sobre que rumbo tomar para su próximo viaje de negocios.

-Las aguas de Abel son demasiado peligrosas. –Dijo un hombre pelirrojo que se encontraba sentado en una mesa con cinco personas más. -¿De verdad vamos a jugarnos el pellejo por tan poco?

-Es lo que hay. –Un hombre de barbas oscuras que llegaban por debajo del cuello se encogió de hombros. –Son ordenes del capitán, tenemos un encargo de la familia Delacroix y por lo que más quieras no es conveniente cabrearles, son la familia más peligrosa de todo Gaia.  

-Ya… eso dicen, pero por favor, son solo unos ricachones con unas pocas empresas, ni que fueran a mandarte asesinos o algo. –El hombre seguía empeñado en negarse a hacer el trabajo, parecía que el pago no era suficiente. –Yo paso, no contéis conmigo, es un trabajo para alguien desesperado y yo aún tengo dinero para poder vivir sin jugármela de esa forma.

Sorin acabó con su cena y se levantó, acercando el plato a la cocina y saliendo después a donde se encontraban los marinos. El hombre pelirrojo ya no estaba y sus compañeros seguían hablando del negocio que tenían entre manos.

-Perdonad. –Sorin se quedó a unos pasos de los hombres. -¿Os importaría si me uniese a vuestro barco para ese trabajo para el cual se ha negado el pelirrojo? –Sorin miró a los hombres con gesto tranquilo aunque por dentro estaba nervioso esperando su respuesta. –Mi nombre es Sorin, busco trabajo y la verdad es que cualquiera me vale, aunque eso signifique peligro.

-¿Tienes alguna experiencia trabajando en barcos? –Preguntó el hombre de barba oscura.

-Se me da muy bien leer el viento y el clima. –Dijo Sorin sonriendo, él era entre otras cosas un mago de viento después de todo, su especialidad era dominar el clima y eso era muy útil en un barco.

-Pues estás de suerte, el que se acaba de ir era nuestro navegante. –El hombre se levantó de su asiento y se situó frente a Sorin. -Si de verdad sabes leer el viento puedes unirte a nosotros. Mi nombre es  Marcus Van Hosh, primero de a bordo de la “Cierva Dorada”, estoy seguro de que nuestro capitán estará encantado de tenerte a bordo, bienvenido Sorin. –El hombre extendió su mano y Sorin se la estrechó.

Sorin cumplió con su palabra y limpió la taberna de lado a lado cuando los demás parroquianos se hubieron marchado, a cambio el tabernero le cedió una pequeña manta y algo más de comida que había sobrado, así como la posibilidad de quedarse a dormir cerca de la chimenea. Sorin se lo agradeció con creces y se dispuso a dormir tras terminarse su segunda cena.

A la mañana siguiente Sorin se levantó con fuerzas renovadas y mucho ánimo debido a su nuevo trabajo, espero a que el posadero se levantase, le dio de nuevo las gracias por todo lo que había hecho por él, le devolvió la manta y se dispuso a partir, sin embargo antes de irse el posadero le instó a quedarse la manta y a que tomara algo de desayuno.

-No pareces un mal hombre, Sorin, si alguna vez vuelves a esta ciudad puedes venir aquí, podemos repetir lo que has hecho hoy o quien sabe, incluso puede que vuelvas siendo rico y puedas pagar una habitación. –El hombre sonrió y puso su mano sobre su hombro con un gesto paternal. El posadero era un hombre alto y algo gordito, de unos cincuenta y cuatro años. –Mucha suerte, hijo, no dejes que el mar te mate y recuerda las palabras de este viejo: “Todo hombre sabio teme tres cosas, las noches sin luna, la tempestad en el mar y la ira de un hombre amable.”

-Gracias por el consejo,  lo tendré en cuenta y si paso por aquí de nuevo y me va mejor vendré a visitarte. –Sorin se levantó de la mesa y dio un apretón de manos al posadero.

El puerto de Rue era el segundo puerto más grande de Dwänholf, los barcos se contaban por decenas en la ensenada de la ciudad. Sorin preguntó en el control de comercio por la “Cierva Dorada” y le indicaron el barco. Era una nao amarrada en el lado más oriental del puerto, de color caoba y con una bandera blanca y la silueta de una cierva dorada en la bandera justo debajo de la enseña de Abel.

Sorin se presentó en cubierta al primero de a bordo y este le presentó al capitán. El capitán comprobó los conocimientos de Sorin sobre barcos y como leer el viento, se sintió satisfecho con lo que Sorin le explico y le dio el visto bueno.

Noches más tarde Sorin estaba solo en cubierta terminando de cenar a la luz de un candil cuando la llama titiló como la noche que su mujer e hija murieron.

Sorin miró al cielo y buscó la Luna, pero no la encontró, Luna Nueva, la hora de los monstruos de verdad.

-¿Buscas… algo? –La voz llegaba a los oídos de Sorin desde algún lugar de la cubierta pero no podía localizar el sitio exacto. –No está Sorin, la Luna no está y tu familia tampoco. –La voz se hizo más grave mientras la llama del candil se hacía más grande. -Te he echado de menos, hacia tanto tiempo que no te veía, tanto tiempo sin poder alimentarme de tus gritos… -El candil cayó al suelo y el aceite se desparramó por la cubierta iniciando un pequeño fuego.

-¿¡Por qué vienes a por mi una y otra vez!? – Gritó Sorin enarbolando su lanza de un lado a otro. –¡Ya me arrebataste todo lo que tengo! ¿Qué vas a quitarme ahora, demonio?

-¿Yo soy el demonio? –La voz sonó realmente ofendida. –No fui yo quien entró en primer lugar destruyéndolo todo hace una década, niño. Sólo me he vengado una tercera parte de lo que me corresponde por derecho. –El fuego seguía creciendo en el suelo mientras el aceite se extendía por la cubierta de la nao.

-¿Hace una década? Solo cogí un artefacto de una tumba antigua, ni siquiera tuve que matar nada, solo cogí el artefacto y me fui. –Sorin comenzó a acumular magia de nuevo, debía acabar con su enemigo de un solo golpe y evitar que el barco saliese ardiendo del todo.

-Cogiste un rubí de magma, asesino. –El elemental de fuego salió de entre las llamas, el elemental tenía ahora cuerpo físico, unos ojos rojos como brasas ardientes se encontraban en una piel negra como el carbón, el cabello del ser era amarillo como los rayos de sol, su ropa eran llamas bailarinas de un color rojizo que tapaban su cuerpo de forma tenue. –Mi especie vive de esos objetos, necesitamos uno en nuestros hogares mientras crecemos hasta nuestra etapa adulta. Al llevarte ese rubí mataste a mis dos hijos, Sorin. Mi venganza está más que justificada, tú eres el único demonio de los dos, has arrebatado cuatro vidas ya, no dejaré que te lleves ninguna más. –El elemental volvió a unirse al fuego haciendo que este creciese más y comenzase a lamer las paredes del barco con lenguas ígneas.

-No lo hice apropósito… cumplía ordenes, ni siquiera sabía que eso pasaría. –Sorin lanzó su hechizo sobre el fuego, destruyendo parte de su intensidad pero el elemental era más poderoso que él y no podía hacer frente a toda su fuerza.

-Muere Sorin, y ten presente antes de morir que Ignis te mató. Tenlo presente para cuando el flujo de almas te devuelva a la vida no cometas el mismo error o lo volverás a pagar. –La voz del elemental se apagó con una explosión de fuego que llegó hasta las velas del barco, prendiéndolas en llamas que comenzaron a devorar todo el barco.

Las voces de alarma y los gritos de dolor se oían a decenas en el barco, Sorin mientras tanto canalizaba magia todo lo rápido que podía, intentaba buscar el hechizo en su mente, pero los recuerdos del incendio de su casa le hacían temblar y olvidar cada palabra arcana que llegaba a su mente. Estaba volviendo a pasar, volvía a perder el control de su vida por un error que el no sabía que había cometido.

Otra explosión en la bodega hizo saltar por los aires parte del barco y una viga de madera fue a parar al lado de Sorin que lo golpeó en el pecho y lo hizo saltar por la borda no sin antes devolverlo al mundo real lo justo como para poder localizar las palabras adecuadas y lanzar un último hechizo que apagó las llamas del incendio mientras el caía al mar, donde debido al golpe perdió el conocimiento.

Más tarde, en las costas de Dwänholf un cuerpo se encontraba tirado en la playa, su cuerpo presentaba alguna herida y rastros de un incendio a bordo de un barco, unos hombres con armadura y un Sol grabado en el brazo derecho de la misma lo cogieron y maniataron levantándolo del suelo y echándolo a un carro con otros tres individuos.

-¿Vamos a la mina? –Dijo uno de los soldados.

-Sí, vayamos de vuelta al fortín, es hora de poner a los nuevos esclavos a trabajar. –El que tiraba del carro sonrío mientras golpeaba a los caballos con el látigo para que se pusieran en marcha.

-Pero… ¿no está mal esto de esclavizar a gente? Estos no han hecho nada malo que nosotros sepamos. No son criminales. –Dijo un tercer soldado.

-Mejor ellos que nosotros, chico. El mundo es un lugar hostil y solo sobreviven los fuertes. –El conductor se giró a el soldado. –Supéralo.

El carromato comenzó su viaje hacia las montañas, sus pasajeros comenzaban un viaje hacia una vida difícil, llena de momentos difíciles y duros desafíos. Pero como ya dijeron personas antes que el conductor del carromato, este mundo es un lugar hostil y solo sobreviven los fuertes.