Blog de Alain D. Geiser

Bienvenidos a la Umbra.

Aquí os contaré la historia de algunos hombres, o personas que una vez lo fueron. También os contaré historias de mundos cercanos y otros muy lejanos a la Tierra.

Despierta, Sorin!

Escrito por AlainDGeiser 07-02-2018 en Anima Beyond Fantasy. Comentarios (0)

Las voces se superponían entre si, el humo se extendía por la habitación inundándolo todo, las llamas que producían dicho humo se habían iniciado en algún lugar de la planta baja. El llanto de su hija en brazos de su mujer que daba voces llegaba desde el dormitorio pero una columna de madera ardiendo estaba entre ellos, Sorin acumuló energía mágica y lanzó un conjuró de control de aire que eliminó todo el oxigeno circundante, el fuego se apagó y con ello también los llantos y voces de las mujeres de la habitación. El oxígeno había sido eliminado, todo el oxígeno.

Una voz oscura y vibrante sonó a espaldas de Sorin desde un montón de cenizas. –Las has extinguido, las llamas y las vidas de tus seres queridos. Eres un asesino además de un mago patético, eres escoria y siempre lo serás. –Dijo una figura compuesta por llamas y maderos ardientes antes de desaparecer con un chasquido de las brasas que se disolvieron en el aire de la noche, oscura como la boca del lobo ante la ausencia total de la Luna.

-Despierta… -La voz rota y apresurada de todas las noches desde ese fatídico día sonaba en la cabeza de Sorin antes de que este se despertase envuelto en sudor frío. –Otra vez no por favor… -Masculló el hombre con lágrimas en las mejillas que se ocultaban en su barba.

Sorin se levantó tambaleándose del suelo rápidamente, la sangre tardó en llegarle a la cabeza y casi se cae por el mareo, se encontraba agotado, llevaba sin comer varios días y apenas tenía fuerzas para mantenerse en pie. Sus pasos eran lentos, aguantaba su peso gracias a la lanza que portaba, la única posesión valiosa que pudo salvar de los restos de su casa incendiada.

La túnica de Sorin, raída por el tiempo y el uso se arrastraba por el suelo, dejando a cada paso un trozo de si misma en los adoquines de la calle donde había decidido pasar la noche. Hacía frío, el suficiente como para plantearse empeñar la lanza por una cama y algo de comida caliente. El hombre se movió tambaleándose como pudo por la calle, cuidándose de no tropezar con los adoquines del suelo y llegando a duras penas al dintel de la puerta de una taberna frente al puerto de Rue, la ciudad donde se encontraba.

Sorin entró en la taberna con poca fuerza pese a su corpulencia, era una hombre alto, de 1,81 cm y 93 kilos de peso, de tez oscura y ojos marrones, su cabello recogido en una coleta dejaba ver un pelo oscuro con canas.

Al entrar en la taberna las miradas se fijaron en él, había un poco de todo en el local, pero eso no le importaba. Comenzó a moverse hacia la barra donde un posadero orondo como un planeta le esperaba con un paño mugriento en la mano “limpiando” un vaso de madera más mugriento aún.

-¿Qué quieres? –Dijo de mala gana el tabernero al hombre.

-Me llamo Sorin, busco trabajo y comida, llevo varios días sin comer desde que llegué a esta ciudad.

-Claro… trabajo. –El tabernero miró a Sorin de arriba a abajo y chasqueó la lengua. -¿Has probado en los muelles? Quizás tengas más suerte buscando allí algo donde currar.

-He probado todo, no hay un solo barco que me acepte… dicen que estoy demasiado muerto de hambre para poder trabajar, pero ni siquiera me dan una oportunidad. –La voz de Sorin estaba quebrada a causa del hambre y de la impotencia, no podía entender que tan malo había sido en otra vida para merecerse vivir así… Él no era malo, no se merecía el infortunio que vivía día tras día desde que ese elemental igneo la tomó con él.

-Bueno, te daré un plato de comida a cambio de que luego limpies la taberna, no puedo darte más que eso. –Dijo el tabernero que se apiadó del pobre hombre.

-¡Mil gracias! –La voz de Sorin se rompió del todo mientras una lagrima caía de sus ojos y se escondía en su desaliñada barba.

Sorin se sentó en una de las mesas vacías y el tabernero le llevó un plato con cocido caliente, pan y una jarra pequeña de cerveza. Cuando tuvo el plato delante de él no pudo evitar abalanzarse encima de la comida cual buitre sobre un cadáver y comenzó a comer con ansia viva. Mientras Sorin comía, un grupo de hombres discutía sobre que rumbo tomar para su próximo viaje de negocios.

-Las aguas de Abel son demasiado peligrosas. –Dijo un hombre pelirrojo que se encontraba sentado en una mesa con cinco personas más. -¿De verdad vamos a jugarnos el pellejo por tan poco?

-Es lo que hay. –Un hombre de barbas oscuras que llegaban por debajo del cuello se encogió de hombros. –Son ordenes del capitán, tenemos un encargo de la familia Delacroix y por lo que más quieras no es conveniente cabrearles, son la familia más peligrosa de todo Gaia.  

-Ya… eso dicen, pero por favor, son solo unos ricachones con unas pocas empresas, ni que fueran a mandarte asesinos o algo. –El hombre seguía empeñado en negarse a hacer el trabajo, parecía que el pago no era suficiente. –Yo paso, no contéis conmigo, es un trabajo para alguien desesperado y yo aún tengo dinero para poder vivir sin jugármela de esa forma.

Sorin acabó con su cena y se levantó, acercando el plato a la cocina y saliendo después a donde se encontraban los marinos. El hombre pelirrojo ya no estaba y sus compañeros seguían hablando del negocio que tenían entre manos.

-Perdonad. –Sorin se quedó a unos pasos de los hombres. -¿Os importaría si me uniese a vuestro barco para ese trabajo para el cual se ha negado el pelirrojo? –Sorin miró a los hombres con gesto tranquilo aunque por dentro estaba nervioso esperando su respuesta. –Mi nombre es Sorin, busco trabajo y la verdad es que cualquiera me vale, aunque eso signifique peligro.

-¿Tienes alguna experiencia trabajando en barcos? –Preguntó el hombre de barba oscura.

-Se me da muy bien leer el viento y el clima. –Dijo Sorin sonriendo, él era entre otras cosas un mago de viento después de todo, su especialidad era dominar el clima y eso era muy útil en un barco.

-Pues estás de suerte, el que se acaba de ir era nuestro navegante. –El hombre se levantó de su asiento y se situó frente a Sorin. -Si de verdad sabes leer el viento puedes unirte a nosotros. Mi nombre es  Marcus Van Hosh, primero de a bordo de la “Cierva Dorada”, estoy seguro de que nuestro capitán estará encantado de tenerte a bordo, bienvenido Sorin. –El hombre extendió su mano y Sorin se la estrechó.

Sorin cumplió con su palabra y limpió la taberna de lado a lado cuando los demás parroquianos se hubieron marchado, a cambio el tabernero le cedió una pequeña manta y algo más de comida que había sobrado, así como la posibilidad de quedarse a dormir cerca de la chimenea. Sorin se lo agradeció con creces y se dispuso a dormir tras terminarse su segunda cena.

A la mañana siguiente Sorin se levantó con fuerzas renovadas y mucho ánimo debido a su nuevo trabajo, espero a que el posadero se levantase, le dio de nuevo las gracias por todo lo que había hecho por él, le devolvió la manta y se dispuso a partir, sin embargo antes de irse el posadero le instó a quedarse la manta y a que tomara algo de desayuno.

-No pareces un mal hombre, Sorin, si alguna vez vuelves a esta ciudad puedes venir aquí, podemos repetir lo que has hecho hoy o quien sabe, incluso puede que vuelvas siendo rico y puedas pagar una habitación. –El hombre sonrió y puso su mano sobre su hombro con un gesto paternal. El posadero era un hombre alto y algo gordito, de unos cincuenta y cuatro años. –Mucha suerte, hijo, no dejes que el mar te mate y recuerda las palabras de este viejo: “Todo hombre sabio teme tres cosas, las noches sin luna, la tempestad en el mar y la ira de un hombre amable.”

-Gracias por el consejo,  lo tendré en cuenta y si paso por aquí de nuevo y me va mejor vendré a visitarte. –Sorin se levantó de la mesa y dio un apretón de manos al posadero.

El puerto de Rue era el segundo puerto más grande de Dwänholf, los barcos se contaban por decenas en la ensenada de la ciudad. Sorin preguntó en el control de comercio por la “Cierva Dorada” y le indicaron el barco. Era una nao amarrada en el lado más oriental del puerto, de color caoba y con una bandera blanca y la silueta de una cierva dorada en la bandera justo debajo de la enseña de Abel.

Sorin se presentó en cubierta al primero de a bordo y este le presentó al capitán. El capitán comprobó los conocimientos de Sorin sobre barcos y como leer el viento, se sintió satisfecho con lo que Sorin le explico y le dio el visto bueno.

Noches más tarde Sorin estaba solo en cubierta terminando de cenar a la luz de un candil cuando la llama titiló como la noche que su mujer e hija murieron.

Sorin miró al cielo y buscó la Luna, pero no la encontró, Luna Nueva, la hora de los monstruos de verdad.

-¿Buscas… algo? –La voz llegaba a los oídos de Sorin desde algún lugar de la cubierta pero no podía localizar el sitio exacto. –No está Sorin, la Luna no está y tu familia tampoco. –La voz se hizo más grave mientras la llama del candil se hacía más grande. -Te he echado de menos, hacia tanto tiempo que no te veía, tanto tiempo sin poder alimentarme de tus gritos… -El candil cayó al suelo y el aceite se desparramó por la cubierta iniciando un pequeño fuego.

-¿¡Por qué vienes a por mi una y otra vez!? – Gritó Sorin enarbolando su lanza de un lado a otro. –¡Ya me arrebataste todo lo que tengo! ¿Qué vas a quitarme ahora, demonio?

-¿Yo soy el demonio? –La voz sonó realmente ofendida. –No fui yo quien entró en primer lugar destruyéndolo todo hace una década, niño. Sólo me he vengado una tercera parte de lo que me corresponde por derecho. –El fuego seguía creciendo en el suelo mientras el aceite se extendía por la cubierta de la nao.

-¿Hace una década? Solo cogí un artefacto de una tumba antigua, ni siquiera tuve que matar nada, solo cogí el artefacto y me fui. –Sorin comenzó a acumular magia de nuevo, debía acabar con su enemigo de un solo golpe y evitar que el barco saliese ardiendo del todo.

-Cogiste un rubí de magma, asesino. –El elemental de fuego salió de entre las llamas, el elemental tenía ahora cuerpo físico, unos ojos rojos como brasas ardientes se encontraban en una piel negra como el carbón, el cabello del ser era amarillo como los rayos de sol, su ropa eran llamas bailarinas de un color rojizo que tapaban su cuerpo de forma tenue. –Mi especie vive de esos objetos, necesitamos uno en nuestros hogares mientras crecemos hasta nuestra etapa adulta. Al llevarte ese rubí mataste a mis dos hijos, Sorin. Mi venganza está más que justificada, tú eres el único demonio de los dos, has arrebatado cuatro vidas ya, no dejaré que te lleves ninguna más. –El elemental volvió a unirse al fuego haciendo que este creciese más y comenzase a lamer las paredes del barco con lenguas ígneas.

-No lo hice apropósito… cumplía ordenes, ni siquiera sabía que eso pasaría. –Sorin lanzó su hechizo sobre el fuego, destruyendo parte de su intensidad pero el elemental era más poderoso que él y no podía hacer frente a toda su fuerza.

-Muere Sorin, y ten presente antes de morir que Ignis te mató. Tenlo presente para cuando el flujo de almas te devuelva a la vida no cometas el mismo error o lo volverás a pagar. –La voz del elemental se apagó con una explosión de fuego que llegó hasta las velas del barco, prendiéndolas en llamas que comenzaron a devorar todo el barco.

Las voces de alarma y los gritos de dolor se oían a decenas en el barco, Sorin mientras tanto canalizaba magia todo lo rápido que podía, intentaba buscar el hechizo en su mente, pero los recuerdos del incendio de su casa le hacían temblar y olvidar cada palabra arcana que llegaba a su mente. Estaba volviendo a pasar, volvía a perder el control de su vida por un error que el no sabía que había cometido.

Otra explosión en la bodega hizo saltar por los aires parte del barco y una viga de madera fue a parar al lado de Sorin que lo golpeó en el pecho y lo hizo saltar por la borda no sin antes devolverlo al mundo real lo justo como para poder localizar las palabras adecuadas y lanzar un último hechizo que apagó las llamas del incendio mientras el caía al mar, donde debido al golpe perdió el conocimiento.

Más tarde, en las costas de Dwänholf un cuerpo se encontraba tirado en la playa, su cuerpo presentaba alguna herida y rastros de un incendio a bordo de un barco, unos hombres con armadura y un Sol grabado en el brazo derecho de la misma lo cogieron y maniataron levantándolo del suelo y echándolo a un carro con otros tres individuos.

-¿Vamos a la mina? –Dijo uno de los soldados.

-Sí, vayamos de vuelta al fortín, es hora de poner a los nuevos esclavos a trabajar. –El que tiraba del carro sonrío mientras golpeaba a los caballos con el látigo para que se pusieran en marcha.

-Pero… ¿no está mal esto de esclavizar a gente? Estos no han hecho nada malo que nosotros sepamos. No son criminales. –Dijo un tercer soldado.

-Mejor ellos que nosotros, chico. El mundo es un lugar hostil y solo sobreviven los fuertes. –El conductor se giró a el soldado. –Supéralo.

El carromato comenzó su viaje hacia las montañas, sus pasajeros comenzaban un viaje hacia una vida difícil, llena de momentos difíciles y duros desafíos. Pero como ya dijeron personas antes que el conductor del carromato, este mundo es un lugar hostil y solo sobreviven los fuertes. 


Des-enlace.

Escrito por AlainDGeiser 26-09-2016 en Amor. Comentarios (0)

Este es el desenlace equivocado de una historia que debía haber sido distinta. 

No habrá más fuego ni llamas eternas.

No habrá más bosques de hojas perennes.

No quedarán ascuas, ni hogueras perdidas.


Nadie más morará en este salón,

pues la muerte ha pasado, y ha terminado.

Quedarán nuestros recuerdos amortajados.

Quedará algo, en algún pequeño rincón.


Cenizas de un bosque, una vez sembrado.

Cenizas de un verde apagado.

Reliquias de un amor quemado.


Y donde hubo fuego, esto quedó.

Tan solo recuerdos quemados,

tan solo, uno de los dos. 


La llama que antes ardió, no volverá a encenderse. 

Habrá que formar otra, que enlace la anterior.

Pero para eso, el tiempo tendrá que encontrar su lugar.

Vida.

Escrito por AlainDGeiser 17-09-2016 en Vida. Comentarios (0)

Un nombre que llama al olvido, una historia que no conoce destino.

Un hombre abocado al exilio, una leyenda que muere al final del camino.

Son conceptos extraños aquellos enmarcados en el tiempo.

Más todos tienen un principio y un final.


Y si bien los héroes mueren forjando sus leyendas,

las leyendas jamás forjarán nada más,

pues su destino, último y final es el vivir en la memoria hasta ser olvidadas.

Y si una leyenda es olvidada, muere entre las arenas del tiempo.


La historia llena de mitos, cuentos y leyendas está.

Pero la historia está escrita con sangre de vencidos,

y por los puños de los vencedores. 

Que ignoran las leyendas de aquellos cuyas vidas tomaron sin dudar. 


Ember.

Escrito por AlainDGeiser 19-04-2016 en Poesía libre. Comentarios (0)


Como fogatas consumiéndose.

Somos ascuas de distintas edades.

Nada más que cenizas en el olvido del mañana.

Imperios caídos, mundos perdidos, reinos destruidos.


Seres de ceniza y carbón.

Flamígeras lenguas con fecha de extinción.

Buscamos la luz, aunque anhelamos la sombra.


Nuestro pasado ardió.

Nuestro presente está ardiendo.

Nuestro futuro también sucumbirá.


Como las llamas de una hoguera sin vigilar.

Ardemos hasta que no podemos consumir nada más.

Entonces nos apagamos.

Ahogados en nuestra propia necedad.


Pues somos llamas sin vigilar.

Y el fuego lo es todo.

Principio y Final.

Vida y muerte convergen en un mismo lugar.


La llama es nuestra vida. Las cenizas nuestra muerte.


El origen de la D.

Escrito por AlainDGeiser 06-03-2015 en Vampiros. Comentarios (0)

En el Océano Atlántico a menos de doscientas millas de la costa de lo que actualmente se conoce como Cantabria un hombre ha caído al agua arrojado desde su barco por una explosión. Unas gigantescas manos compuestas por una especie de neblina negra destruyen al otro barco, autor de dicha explosión. Mientras tanto Alain, se sumerge en el agua, alcanzando el lecho marino y quedando allí a merced de los elementos pues su cuerpo está sumamente magullado por la explosión en la que han muerto Séneca y Luciano, su sire. Gratiano y Lasombra por el contrario han sobrevivido y acaban con las fuerzas Tremere que intentaban acabar con ellos.

Alain continúa escuchando la batalla que se desarrolla sobre él en el mar, pero su cuerpo no responde debido al daño del mismo y las corrientes lo arrastran hasta la costa. Siete días después Alain recupera la consciencia en una playa, dos hombres le miran con preocupación mientras se acercan a él para ayudarle. Alain recibe a los dos humanos con recelo, pues su estado dañado le había obligado a agotar su reserva de sangre y estaba realmente hambriento.

Minutos después Alain se levanta con la boca manchada de sangre y dos cadáveres a sus pies, los humanos que habían tratado de ayudarle lo habían conseguido, aunque no de la forma que ellos dos esperaban ganarse el Cielo.

–Descansad en paz… -Dijo Alain cogiendo la ropa de uno de ellos que estaba seca y cambiándosela por la suya, mojada hasta decir basta.

Alain había acabado en la costa del reino Franco, un lugar al que el podría llamar casa, debido a la cercanía con Normandía, el lugar donde nació como Alius hacía ya más de setenta años.

Su paso sosegado le llevo poco a poco hasta la cima de una colina desde la que pudo ver no muy lejos en la distancia un pueblo pequeño con un par de molinos y algunas granjas.

Llegó hasta el pueblo cuando la Luna en su justa mitad se encontraba en el cielo, dando luz a toda el pueblo y formando zonas de sombra en las que Alain se movía con rapidez de una a otra. El cielo estaba salpicado de estrellas y solo la Luna le servía de compañía al vampiro que allí se encontraba.

–¿Serás tu la luz de la que hablaba Lasombra? –Dijo el vástago mirando hacia la Luna con sus ojos azules tristes. –No lo creo, supongo que esa luz no es más que un cuento. Se acabó la luz para mi, estaré solo a partir de hoy. –Alain caminó durante unos minutos más acercándose al pozo del pueblo y sentándose sobre las rocas del mismo con cuidado de no caerse dentro. –Me dijeron que sería yo quien terminaría con todo esto, que sería yo quien salvaría al mundo de lo que mora en la Oscuridad. ¿Pero como voy a hacerlo? –Pensó Alain con las manos agarradas tras su cabeza mientras apoyaba sus codos en las rodillas y agachaba la cabeza. 

La sombra de Alain comenzó a revolverse en el suelo tomando una forma y otra hasta terminar tomando una figura humanoide de aspecto similar a Alain, poniéndose en frente suya e imitándole, como una buena sombra.

–¿Qué haces despierto? –Alain miró a su sombra extrañado. –No te he dado ninguna orden Abismo, vuelve a tu forma anterior. –Dijo Alain mirando a su Sombra con cierto recelo.

La sombra negó con la cabeza mientas se erguía cuan alta era y daba la mano a su señor para ayudarle a levantarse del pozo. Después miraba hacia el Oeste y señalaba hacia allí con su otra mano.

–¿Dices que sabes a donde tenemos que ir? ¿Qué crees saber como empezar con mi misión? –Alain miraba extrañado a la sombra. ¿Qué podía saber ella sobre su misión que él no? De todas formas no tenía nada mejor que hacer que aceptar la idea de Abismo la cual se volvió a sumergir en el suelo deslizándose como una serpiente hacia su guarida.

Alain siguió a Abismo hasta que llegaron  a una enorme edificación.

–¿Qué es esto? –Dijo Alain observando con cautela la extraña forma del edificio al que se acercaba. El edificio estaba construido rodeado por un muro de piedras de metro y medio de altura, rodeando totalmente el perímetro de éste y dejando solo una entrada al mismo. El edificio de no menos de diez metros de altura estaba rodeado de cruces tanto cristianas como mucho más antiguas y de origen celta. Algunas de esas cruces tenían flores y otros objetos como figuras talladas en madera delante de las mismas.

Abismo se deslizaba entre las tumbas sin levantar nada de ruido como la sombra que era en realidad su etéreo cuerpo le llevaba hasta donde se propusiera salvando las leyes de la física en todo su esplendor a placer. Su deslizamiento acabó justo enfrente de una estatua que aún semidestruida recordaba a un ángel.

La estatua hecha de mármol blanco estaba en posición arrodillada, sus dos alas blancas reposaban en su espalda a medio desplegar, en su mano izquierda una hoja de papel hecha en piedra daba a entender que el ángel transmitía un mensaje, mientras que en su mano derecha portaba una lanza apuntando hacia el suelo. Su rostro con sus ojos inexpresivos y carentes de sentimientos miraba hacia el punto el cual la lanza señalaba con su punta.

–¿Qué ocurre, Abismo? ¿Éste es el sitio al que tengo que venir? –Alain miró hacia uno y otro lado, esperando ver a alguien o algo aparecer, pero nada pasaba, salvo el tiempo. –Aquí no hay nadie.

Abismo llevó su oscura mano hacia el rostro de su amo y tapó sus labios con su dedo índice en señal de que guardase silencio. Cuando éste lo hizo Abismo se acercó a la estatua y ésta cobró vida.

La estatua desplegó las alas y clavó su lanza en el suelo frente a Abismo, el cual literalmente desapareció en el suelo siendo arrastrado hacia abajo en una caída libre hacia la profundidad de la Tierra.

–Maldita Sombra… -Dijo Alain que cogiendo su capa saltó detrás suya antes de que se cerrase la entrada secreta que había frente a la estatua. Tras unos diez segundos cayendo Alain llegó hasta el suelo transformado en una extraña forma de niebla oscura, parecida a la tinta pero en forma de humo, al tocar el suelo la neblina se volvió a condensar en su estado sólido normal. Al aparecer en ese estado agitó la cabeza durante unos segundos y se sacudió el pelo. –Aún no me acostumbro a cambiar de forma. –Dijo Alain mientras miraba a su alrededor con algo de asombro.

Bajo la construcción que había dejado arriba se escondía algo que había leído en algunos libros del Oscuridad. Un Santuario del Clan Lasombra se extendía ante él, y no uno cualquiera. Las columnas que sostenían el techo estaban construidas con basalto, una piedra negra de origen volcánico, las estanterías estaban repletas de libros que por su aspecto mohoso en algunos cosas bien podrían tener quinientos años algunos de ellos. Incluso había algunas tablillas de origen mesopotámico, algo que Séneca hubiera querido ver si siguiera vivo.  La habitación estaba iluminada por la suave luz de las velas que colgaban de una lámpara de araña colgada del techo.

Alain miraba todo con atención pero seguía sin ver a Abismo en ninguna parte, y si algo había aprendido de Luciano es que no puedes dejar a tu Sombra lejos de ti durante mucho tiempo sin tu permiso. –¿Dónde estás Abismo? –Dijo Alain con tono enfadado mientras andaba por en dirección a una mesa de roble bastante grande que había al final del Santuario y que había llamado su atención.

Al acercarse a la mesa Alain se fijó en que encima de la mesa había un mapa del mundo conocido encima de la mesa, un mapa con todo lujo de detalles, en especial para un navegante como él. –Veo que no soy el único con pasión por los mapas y los viajes. –Dijo el vampiro mientras observaba los puntos señalados en el mapa que llevaban desde zonas conocidas por él como las costas de Bretaña, la Galia o Hispania a puntos en el interior del continente, como Germania, Italia o Grecia.

Entonces algo rozó la espalda de Alain y este se sobresaltó dándose la vuelta y encontrándose a su Sombra la cual señalaba un libro situado de forma solitaria sobre un atril.

Alain se acercó al libro y observo como en el mismo aparecía su nombre seguido de la letra “D”. Al abrir el libro Alain quedó estupefacto al ver una serie de nombres escritos en el mismo. Los nombres llevaban de seguido una fecha de nacimiento y en algunos casos de defunción. Algunas demasiado longevas para ser simples mortales así que Alain supuso que serían Vástagos de Caín como él o en su defecto magos longevos. Fuera como fuera parecía que su misión estaba clara, dar fecha de defunción para todos esos vástagos.

Y así es como Alain pasó a llamarse Décimer como primer apellido, diezmar era su trabajo, diezmar las fuerzas del mal que vivía en la Umbra, debilitarlo y más tarde acabar con él mismamente.