Blog de Alain D. Geiser

Bienvenidos a la Umbra.

Aquí os contaré la historia de algunos hombres, o personas que una vez lo fueron. También os contaré historias de mundos cercanos y otros muy lejanos a la Tierra.

La tormenta golpea otra vez

Escrito por AlainDGeiser 06-12-2017 en Amor. Comentarios (0)

Cuando más tranquilo estás es cuando el mundo siempre trata de volverte a agitar. A veces es algo tan simple como perder algo, otras algo más complejo como perder a alguien y otras veces en ocasiones esa agitación es la que necesitabas para volver a avanzar y continuar.

Me has preguntado que eres para mi y mi respuesta aunque fuese verdad no era toda la verdad, esa verdad completa la recojo aquí:


Para mi eres un rayo, la tormenta perfecta. Un rayo que me ha sacudido desde la cabeza a los pies. 

Certera como una flecha lanzada por Ashe con la intención de curar y no de dañar.

Tus pecas son las ovejas que quiero contar hasta quedar dormido.

Eres la ceniza desde la que volver a resurgir como fénix.

Eres una preciosa casualidad, la forma más bonita del azar.

Eres luz que va llenando cada hueco vacío que se va encontrando.

Estamos cortados por el mismo patrón, nuestras almas casan a la perfección.

Y sé que si no es en esta, será en otra ocasión. 

Buscaré en esta vida o en otra, la oportunidad de volverte a conocer y ser uno al final.


Jamás te olvidaré, porque sería olvidar una parte de mi. 

Des-enlace.

Escrito por AlainDGeiser 26-09-2016 en Amor. Comentarios (0)

Este es el desenlace equivocado de una historia que debía haber sido distinta. 

No habrá más fuego ni llamas eternas.

No habrá más bosques de hojas perennes.

No quedarán ascuas, ni hogueras perdidas.


Nadie más morará en este salón,

pues la muerte ha pasado, y ha terminado.

Quedarán nuestros recuerdos amortajados.

Quedará algo, en algún pequeño rincón.


Cenizas de un bosque, una vez sembrado.

Cenizas de un verde apagado.

Reliquias de un amor quemado.


Y donde hubo fuego, esto quedó.

Tan solo recuerdos quemados,

tan solo, uno de los dos. 


La llama que antes ardió, no volverá a encenderse. 

Habrá que formar otra, que enlace la anterior.

Pero para eso, el tiempo tendrá que encontrar su lugar.

Vida.

Escrito por AlainDGeiser 17-09-2016 en Vida. Comentarios (0)

Un nombre que llama al olvido, una historia que no conoce destino.

Un hombre abocado al exilio, una leyenda que muere al final del camino.

Son conceptos extraños aquellos enmarcados en el tiempo.

Más todos tienen un principio y un final.


Y si bien los héroes mueren forjando sus leyendas,

las leyendas jamás forjarán nada más,

pues su destino, último y final es el vivir en la memoria hasta ser olvidadas.

Y si una leyenda es olvidada, muere entre las arenas del tiempo.


La historia llena de mitos, cuentos y leyendas está.

Pero la historia está escrita con sangre de vencidos,

y por los puños de los vencedores. 

Que ignoran las leyendas de aquellos cuyas vidas tomaron sin dudar. 


Ember.

Escrito por AlainDGeiser 19-04-2016 en Poesía libre. Comentarios (0)


Como fogatas consumiéndose.

Somos ascuas de distintas edades.

Nada más que cenizas en el olvido del mañana.

Imperios caídos, mundos perdidos, reinos destruidos.


Seres de ceniza y carbón.

Flamígeras lenguas con fecha de extinción.

Buscamos la luz, aunque anhelamos la sombra.


Nuestro pasado ardió.

Nuestro presente está ardiendo.

Nuestro futuro también sucumbirá.


Como las llamas de una hoguera sin vigilar.

Ardemos hasta que no podemos consumir nada más.

Entonces nos apagamos.

Ahogados en nuestra propia necedad.


Pues somos llamas sin vigilar.

Y el fuego lo es todo.

Principio y Final.

Vida y muerte convergen en un mismo lugar.


La llama es nuestra vida. Las cenizas nuestra muerte.


El origen de la D.

Escrito por AlainDGeiser 06-03-2015 en Vampiros. Comentarios (0)

En el Océano Atlántico a menos de doscientas millas de la costa de lo que actualmente se conoce como Cantabria un hombre ha caído al agua arrojado desde su barco por una explosión. Unas gigantescas manos compuestas por una especie de neblina negra destruyen al otro barco, autor de dicha explosión. Mientras tanto Alain, se sumerge en el agua, alcanzando el lecho marino y quedando allí a merced de los elementos pues su cuerpo está sumamente magullado por la explosión en la que han muerto Séneca y Luciano, su sire. Gratiano y Lasombra por el contrario han sobrevivido y acaban con las fuerzas Tremere que intentaban acabar con ellos.

Alain continúa escuchando la batalla que se desarrolla sobre él en el mar, pero su cuerpo no responde debido al daño del mismo y las corrientes lo arrastran hasta la costa. Siete días después Alain recupera la consciencia en una playa, dos hombres le miran con preocupación mientras se acercan a él para ayudarle. Alain recibe a los dos humanos con recelo, pues su estado dañado le había obligado a agotar su reserva de sangre y estaba realmente hambriento.

Minutos después Alain se levanta con la boca manchada de sangre y dos cadáveres a sus pies, los humanos que habían tratado de ayudarle lo habían conseguido, aunque no de la forma que ellos dos esperaban ganarse el Cielo.

–Descansad en paz… -Dijo Alain cogiendo la ropa de uno de ellos que estaba seca y cambiándosela por la suya, mojada hasta decir basta.

Alain había acabado en la costa del reino Franco, un lugar al que el podría llamar casa, debido a la cercanía con Normandía, el lugar donde nació como Alius hacía ya más de setenta años.

Su paso sosegado le llevo poco a poco hasta la cima de una colina desde la que pudo ver no muy lejos en la distancia un pueblo pequeño con un par de molinos y algunas granjas.

Llegó hasta el pueblo cuando la Luna en su justa mitad se encontraba en el cielo, dando luz a toda el pueblo y formando zonas de sombra en las que Alain se movía con rapidez de una a otra. El cielo estaba salpicado de estrellas y solo la Luna le servía de compañía al vampiro que allí se encontraba.

–¿Serás tu la luz de la que hablaba Lasombra? –Dijo el vástago mirando hacia la Luna con sus ojos azules tristes. –No lo creo, supongo que esa luz no es más que un cuento. Se acabó la luz para mi, estaré solo a partir de hoy. –Alain caminó durante unos minutos más acercándose al pozo del pueblo y sentándose sobre las rocas del mismo con cuidado de no caerse dentro. –Me dijeron que sería yo quien terminaría con todo esto, que sería yo quien salvaría al mundo de lo que mora en la Oscuridad. ¿Pero como voy a hacerlo? –Pensó Alain con las manos agarradas tras su cabeza mientras apoyaba sus codos en las rodillas y agachaba la cabeza. 

La sombra de Alain comenzó a revolverse en el suelo tomando una forma y otra hasta terminar tomando una figura humanoide de aspecto similar a Alain, poniéndose en frente suya e imitándole, como una buena sombra.

–¿Qué haces despierto? –Alain miró a su sombra extrañado. –No te he dado ninguna orden Abismo, vuelve a tu forma anterior. –Dijo Alain mirando a su Sombra con cierto recelo.

La sombra negó con la cabeza mientas se erguía cuan alta era y daba la mano a su señor para ayudarle a levantarse del pozo. Después miraba hacia el Oeste y señalaba hacia allí con su otra mano.

–¿Dices que sabes a donde tenemos que ir? ¿Qué crees saber como empezar con mi misión? –Alain miraba extrañado a la sombra. ¿Qué podía saber ella sobre su misión que él no? De todas formas no tenía nada mejor que hacer que aceptar la idea de Abismo la cual se volvió a sumergir en el suelo deslizándose como una serpiente hacia su guarida.

Alain siguió a Abismo hasta que llegaron  a una enorme edificación.

–¿Qué es esto? –Dijo Alain observando con cautela la extraña forma del edificio al que se acercaba. El edificio estaba construido rodeado por un muro de piedras de metro y medio de altura, rodeando totalmente el perímetro de éste y dejando solo una entrada al mismo. El edificio de no menos de diez metros de altura estaba rodeado de cruces tanto cristianas como mucho más antiguas y de origen celta. Algunas de esas cruces tenían flores y otros objetos como figuras talladas en madera delante de las mismas.

Abismo se deslizaba entre las tumbas sin levantar nada de ruido como la sombra que era en realidad su etéreo cuerpo le llevaba hasta donde se propusiera salvando las leyes de la física en todo su esplendor a placer. Su deslizamiento acabó justo enfrente de una estatua que aún semidestruida recordaba a un ángel.

La estatua hecha de mármol blanco estaba en posición arrodillada, sus dos alas blancas reposaban en su espalda a medio desplegar, en su mano izquierda una hoja de papel hecha en piedra daba a entender que el ángel transmitía un mensaje, mientras que en su mano derecha portaba una lanza apuntando hacia el suelo. Su rostro con sus ojos inexpresivos y carentes de sentimientos miraba hacia el punto el cual la lanza señalaba con su punta.

–¿Qué ocurre, Abismo? ¿Éste es el sitio al que tengo que venir? –Alain miró hacia uno y otro lado, esperando ver a alguien o algo aparecer, pero nada pasaba, salvo el tiempo. –Aquí no hay nadie.

Abismo llevó su oscura mano hacia el rostro de su amo y tapó sus labios con su dedo índice en señal de que guardase silencio. Cuando éste lo hizo Abismo se acercó a la estatua y ésta cobró vida.

La estatua desplegó las alas y clavó su lanza en el suelo frente a Abismo, el cual literalmente desapareció en el suelo siendo arrastrado hacia abajo en una caída libre hacia la profundidad de la Tierra.

–Maldita Sombra… -Dijo Alain que cogiendo su capa saltó detrás suya antes de que se cerrase la entrada secreta que había frente a la estatua. Tras unos diez segundos cayendo Alain llegó hasta el suelo transformado en una extraña forma de niebla oscura, parecida a la tinta pero en forma de humo, al tocar el suelo la neblina se volvió a condensar en su estado sólido normal. Al aparecer en ese estado agitó la cabeza durante unos segundos y se sacudió el pelo. –Aún no me acostumbro a cambiar de forma. –Dijo Alain mientras miraba a su alrededor con algo de asombro.

Bajo la construcción que había dejado arriba se escondía algo que había leído en algunos libros del Oscuridad. Un Santuario del Clan Lasombra se extendía ante él, y no uno cualquiera. Las columnas que sostenían el techo estaban construidas con basalto, una piedra negra de origen volcánico, las estanterías estaban repletas de libros que por su aspecto mohoso en algunos cosas bien podrían tener quinientos años algunos de ellos. Incluso había algunas tablillas de origen mesopotámico, algo que Séneca hubiera querido ver si siguiera vivo.  La habitación estaba iluminada por la suave luz de las velas que colgaban de una lámpara de araña colgada del techo.

Alain miraba todo con atención pero seguía sin ver a Abismo en ninguna parte, y si algo había aprendido de Luciano es que no puedes dejar a tu Sombra lejos de ti durante mucho tiempo sin tu permiso. –¿Dónde estás Abismo? –Dijo Alain con tono enfadado mientras andaba por en dirección a una mesa de roble bastante grande que había al final del Santuario y que había llamado su atención.

Al acercarse a la mesa Alain se fijó en que encima de la mesa había un mapa del mundo conocido encima de la mesa, un mapa con todo lujo de detalles, en especial para un navegante como él. –Veo que no soy el único con pasión por los mapas y los viajes. –Dijo el vampiro mientras observaba los puntos señalados en el mapa que llevaban desde zonas conocidas por él como las costas de Bretaña, la Galia o Hispania a puntos en el interior del continente, como Germania, Italia o Grecia.

Entonces algo rozó la espalda de Alain y este se sobresaltó dándose la vuelta y encontrándose a su Sombra la cual señalaba un libro situado de forma solitaria sobre un atril.

Alain se acercó al libro y observo como en el mismo aparecía su nombre seguido de la letra “D”. Al abrir el libro Alain quedó estupefacto al ver una serie de nombres escritos en el mismo. Los nombres llevaban de seguido una fecha de nacimiento y en algunos casos de defunción. Algunas demasiado longevas para ser simples mortales así que Alain supuso que serían Vástagos de Caín como él o en su defecto magos longevos. Fuera como fuera parecía que su misión estaba clara, dar fecha de defunción para todos esos vástagos.

Y así es como Alain pasó a llamarse Décimer como primer apellido, diezmar era su trabajo, diezmar las fuerzas del mal que vivía en la Umbra, debilitarlo y más tarde acabar con él mismamente.